100 años de la Revolución de Octubre

En el Palacio de Invierno, los relojes se detuvieron a las 2 de la mañana. Aquel 7 de Noviembre una revolución iba a cambiar el rumbo de la historia. Este formidable acontecimiento, hoy, es el faro de la esperanza, en un mundo de relaciones sociales de dominio y explotación como el actual. La clase trabajadora mostró entonces la determinación de transformar la sociedad capitalista.

Pero fue un trabajo muy duro del proletariado y de su principal herramienta de combate, el Partido Bolchevique, de avances y retrocesos, quienes tras la experiencia de 1905 no cejaron de luchar por una nueva sociedad y un nuevo futuro en la vida de los seres humanos.

En 1848 Marx y Engels señalaban el Manifiesto del Partido Comunista que “el proletariado se valdrá de su dominación política para ir arrancando gradualmente a la burguesía todo el capital, para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase dominante, y para aumentar con la mayor rapidez posible la suma de las fuerzas productivas”. La revolución socialista está llamada a terminar con todas las relaciones existentes económicas y político-sociales basadas en la explotación y opresión de las personas. Por tanto, después de conquistado el poder, a la clase obrera se la plantean las tareas de la transformación socialista de la economía y la creación de la base económica y técnica del comunismo.

Nos enseñaron Marx y Engels, que el proletariado debe realizar la socialización de los medios de producción en primer término, nacionalizando la gran producción capitalista. Despojando a la burguesía de la dirección en la economía, el proletariado dirigirá la transformación socialista de toda la economía.

Esta transformación radical de la economía bajo principios socialistas, entonces fue una labor singularmente complicada, como veremos a continuación. En los primeros tiempos, el proletariado carecía aún de experiencia para dirigir la economía, no disponía de un aparato capaz de organizarla y, por si fuese poco, las clases explotadoras abatidas por la revolución ofrecían la más encarnizada resistencia.

Durante los años siguientes después del comienzo de la 1ª Guerra Mundial, los trabajadores realizaban continuas huelgas, los campesinos pedían que terminase la cruel sangría de hombres y los soldados se negaban en muchas unidades a luchar en una guerra entre capitalistas. La influencia del Partido Bolchevique se hacía notar.

Este acto decidido para acabar con la dictadura burguesa empezó el 23 de febrero (8 de marzo) de 1917, en Petrogrado.  Estalló por una huelga revolucionaria en la fábrica de Putilov, la mayor empresa industrial de la capital, apoyándola por millares de obreros de otras empresas. Por la tarde en la avenida Nevski, aparecieron manifestantes, a los que se unieron los estudiantes. El 25 de febrero se extendió la huelga política y, al día siguiente, al lado de los obreros empezaron a pasarse diversas unidades militares. El 27 de febrero casi toda la ciudad estaba ya en manos de los sublevados. La insurrección armada triunfó. Siguiendo la tradición revolucionaria de 1905, ese mismo día en el Palacio de Tauride se constituyeron los soviets de diputados obreros, campesinos y soldados Petrogrado. Debido a que muchos de los dirigentes del Partido bolchevique estaban entonces en la emigración, encarcelados o deportados, los representantes de los partidos pequeñoburgueses, fundamentalmente mencheviques y eseristas, lograron imponerse en la dirección del Soviet. En la noche del 28 de febrero se anunció oficialmente la creación del Comité Provisional de la Duma de Estado. La directiva menchevique-eserista del Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado dejó al Comité Provisional de la Duma la iniciativa de formar gobierno, reservándose sólo el derecho de controlar su política.

El 2 de marzo se formó el Gobierno provisional burgués. El día 3 Nicolás II firmó el manifiesto de abdicación. El 27 de marzo de 1917 Lenin salía de Suiza, donde había permanecido desde 1914 debido a la persecución del zarismo y regresó a la Rusia para encabezar la lucha revolucionaria.

Como resultado del triunfo sobre el zarismo en febrero de 1917,  se dio como Lenin definió  una “dualidad de poderes”: nominalmente el poder estatal había pasado a manos del Gobierno provisional burgués, pero las masas populares, que habían realizado la revolución, crearon sus propios órganos de poder, los Soviets de diputados obreros y soldados.

El Partido bolchevique denunció al gobierno provisional afirmando que era contrarrevolucionario. Previno a los trabajadores denunciando que ese gobierno burgués no daría a los trabajadores y campesinos, ni paz, ni tierra, ni un régimen estatal democrático y exhortaban al proletariado y a su aliado, el campesinado, a seguir desarrollando la revolución. Por tanto, lanzó la consigna ¡Todo el poder a los Soviets!

En la noche del 3 de abril llegó Lenin a Petrogrado. En la plaza de la estación de Finlandia, subido en un blindado, pronunció un breve discurso ante la multitud de obreros, soldados y marineros revolucionarios que habían acudido a recibirle. Les expuso las tesis fundamentales de su programa, que pasó a la historia con el nombre de Tesis de Abril. Allí indicó la consigna de ¡Todo el poder a los Soviets! En las condiciones de entonces significaba un llamamiento a continuar la revolución, o sea, a terminar con la dualidad de poderes a favor de los Soviets y a pasar de la etapa democrático-burguesa de la lucha revolucionaria a la etapa socialista.

Las Tesis de Abril de Lenin fueron discutidas y aprobadas en la VII Conferencia de toda Rusia del Partido bolchevique, llamada Conferencia de Abril. Mientras tanto con el apoyo de los mencheviques y los socialistas revolucionarios (eseristas) el Gobierno provisional preparó una nueva ofensiva en el frente, que fue un fracaso. Como consecuencia, creció la influencia de los bolcheviques entre las masas. Entonces los dirigentes de los partidos conciliadores dieron el visto bueno al Gobierno provisional para disparar sobre una manifestación que tuvo lugar el 4 de julio, en el centro de Petrogrado, bajo la consigna ¡Todo el poder a los Soviets!

Esa fecha fue decisiva; en el país se había acabado la dualidad de poderes, pero a favor de la burguesía. El Gobierno provisional dio la orden de detener a Lenin, quien tuvo que pasar por última vez a la clandestinidad, que duró ciento doce días.

En clandestinidad el VI Congreso del Partido Bolchevique, a propuesta de Lenin, señaló la orientación hacia la insurrección armada, indicando que “el nuevo auge de la revolución rusa pondrá en el poder a los obreros y campesinos pobres antes del triunfo de la revolución en los países capitalistas de occidente”. (2)

En respuesta a la intentona de la burguesía de establecer en el país una dictadura militar, los obreros de Petrogrado empuñaron las armas y fueron apoyados por unidades de la guarnición de la capital. A la cabeza de las masas revolucionarias iban los bolcheviques. Bajo su dirección inmediata fue aplastado el pronunciamiento reaccionario del general Kornilov. El prestigio de los bolcheviques creció. Comenzó un período de rápida bolchevización de los Soviets.

El 31 de agosto el Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado aprobó una resolución bolchevique que incluía reivindicaciones programáticas como la paz, la tierra y el control obrero sobre la producción. Unos días después el Soviet de Moscú aprobó una resolución idéntica.

Para no perder definitivamente la confianza de las masas, los dirigentes mencheviques y eseristas se negaron a entrar en un nuevo gobierno de los kadetes (demócratas constitucionalistas). Entonces Lenin les propuso romper el bloque con la burguesía y formar inmediatamente un gobierno responsable ante los Soviets.

Lenin apoyaba la libertad de propaganda y la inmediata aplicación de los principios de la democracia en las próximas elecciones a los Soviets y en el funcionamiento de los propios Soviets, así se conseguiría asegurar el avance hacia la revolución, el paso del poder a los Soviets.

Pero los mencheviques y eseristas, con frases diletantes como que “la unificación de todas las fuerzas y la entrega de todo el poder a los Soviets” sería una traición a la revolución, obstaculizaron las medidas de los Soviets. Es más, levantaron una nueva charca para empantanar en discusiones a los Soviets. Convocaron una Conferencia Democrática e invitaron a participar en ella a los representantes de las organizaciones de la burguesía y de los grandes terratenientes, de los municipios reaccionarios y los ayuntamientos urbanos, para un mínimo número de puestos a los Soviets, los comités de fábrica y los sindicatos. Esa Conferencia constituyó el llamado consejo provisional de la república, o anteparlamento.

Ante ese ataque contra el organismo representativo de las masas trabajadoras, éstas se pusieron decididamente al lado de los bolcheviques. Lenin explicó ante el Comité Central del Partido bolchevique: “El descontento, la indignación y la exasperación reinantes en el ejército, entre los campesinos y entre los obreros van en aumento. La coalición de los eseristas y mencheviques con la burguesía, coalición que lo promete todo y no cumple nada, enerva a las masas, les abre los ojos y les subleva”.

El 7 de octubre Lenin regresó clandestinamente de Finlandia a Petrogrado. Tres días después se celebró una histórica sesión del Comité Central del Partido Bolchevique. En la resolución redactada por Lenin y aprobada por el Comité Central, decía:

“El Comité Central reconoce que tanto la situación internacional de la revolución rusa (insurrección de la flota alemana, signo agudo de la marcha ascendente de la revolución socialista mundial en toda Europa, luego la amenaza de una paz entre imperialistas con el fin de estrangular la revolución en Rusia), como la situación militar (decisión indudable de la burguesía rusa y de Kerenski y compañía de entregar Petrogrado a los alemanes) y la conquista por el Partido proletario de la mayoría dentro de los Soviets; unido todo ello a la insurrección campesina y al viraje de la confianza del pueblo hacia nuestro Partido (elecciones de Moscú); y, finalmente, la preparación manifiesta de una segunda kornilovada (evacuación de tropas de Petrogrado, concentración de cosacos en esta capital, cerco de Minsk por los cosacos, etc.), pone a la orden del día la insurrección armada.

Reconociendo, pues, que la insurrección armada es inevitable y se halla plenamente madura, el Comité Central insta a todas las organizaciones del Partido a guiarse por esto y a examinar y resolver desde este punto de vista todos los problemas prácticos (Congreso de los Soviets de la región Norte, salida de tropas de Petrogrado, acciones en Moscú y Minsk, etc.)”

Kamenev y Zinoviev intervinieron y votaron en contra de la resolución. Defendían una República parlamentaria burguesa, afirmando que la clase obrera no estaba preparada para la revolución socialista. Trotski presentó una enmienda para que no comenzase la insurrección hasta la apertura del II Congreso de los Soviets, lo que equivalía a fijar de antemano el día en que había de estallar, poniendo en guardia al Gobierno provisional.

Se enviaron delegados con plenos poderes al Donetz, al Ural, a Helsingfors, a Cronstadt, al frente suroccidental, a Tomks, a Irkutsk, etc., para informar y organizar todos los comités bolcheviques, informándoles de la inevitabilidad de la insurrección, estimulandolos a preparar y movilizar sus fuerzas para ayudar al movimiento en Petrogrado. HOY, es un ejemplo difícilmente superable para todos los comunistas de Centralismo Democrático.

Se creó, por mandato del Comité Central, el Comité Militar Revolucionario adscrito al Sovíet de Petrogrado, que había de asumir las funciones de Estado Mayor de la insurrección.

El Gobierno de Kerenski propuso su traslado de Petrogrado a Moscú porque esperaba la entrega de Petrogrado a los alemanes para atajar la insurrección en la capital. Pero la protesta de los obreros y soldados de Petrogrado obligó al Gobierno provisional a permanecer allí.

El 16 de octubre, se celebró una sesión ampliada del Comité Central del Partido bolchevique que eligió un Centro del Partido encargado de dirigir la revolución, con Stalin a la cabeza. Este Centro era el núcleo dirigente del Comité Militar Revolucionario adscrito al Soviet de Petrogrado y fue el que dirigió prácticamente toda la insurrección.

En esta sesión del Comité Central, Zínoviev y Kamenev volvieron a pronunciarse contra la insurrección y combatieron abiertamente desde la prensa a la insurrección y al Partido. El 18 de octubre, el periódico Novaia Zhin (Vida Nueva) publicó una declaración suya manifestando que los bolcheviques preparaban una insurrección y que ellos la consideraban como una aventura. Con ello, ponían en conocimiento de los enemigos la decisión acerca del movimiento y de su organización para una fecha de la insurrección inmediata. Este acto era una traición. Lenin escribió: “Kamenev y Zinoviev han delatado a Rodzianko y a Kerenski el acuerdo del Comité Central de su Partido sobre la insurrección armada”, planteando ante el Comité Central la expulsión de ambos del Partido.

El Gobierno provisional celebró un Consejo de ministros secreto, en el que se acordaron las medidas de represión contra los bolcheviques. El 19 de octubre trajeron tropas del frente a Petrogrado; la “ojrana”, policía zarista, comenzaron a merodear por las calles, con patrullas reforzadas; en Moscú la contrarrevolución concentró una gran cantidad de fuerzas. El Gobierno provisional había trazado el plan de atacar y tomar el palacio Smolny, antigua escuela para señoritas, sede del Comité Central del Partido bolchevique, la víspera del día en que habían de abrirse las sesiones del II Congreso de los Soviets y aplastar el Centro dirigente de los bolcheviques.

Pero los días y las horas de vida del Gobierno provisional estaban contados. No había ya fuerza capaz de detener la marcha arrolladora de la Revolución socialista. No era extraño que el pueblo no viese ninguna diferencia esencial entre la política del zar y la de la burguesía, y transfiriese al Gobierno provisional su odio contra el zarismo. Mientras los socialistas revolucionarios y menchevique conservaron cierta influencia sobre el pueblo, la burguesía pudo atrincherarse detrás de ellos y mantener en sus manos el poder. Pero, después de desenmascararse como agentes de la burguesía imperialista, perdieron su influencia sobre el pueblo; la burguesía y su Gobierno provisional quedaron en el aire.

El 21 de octubre, fueron enviados comisarios bolcheviques del Comité Militar Revolucionario a todas las unidades revolucionarias de tropas. Durante los días que precedieron a la ínsurrección, se desarrolló la labor preparatoria de la lucha armada en el seno de las unidades militares y en las fábricas. Se asignaron también misiones concretas a los barcos de guerra, a los cruceros Aurora y Zaria Svobodi (Amanecer de la libertad).

En la sesión del Soviet de Petrogrado, Trotski se fue de la lengua y delató al enemigo la fecha de la insurrección, el día señalado por los bolchevíques para desencadenar el movimiento. Para no dar al Gobierno de Kerenski la posibilidad de hacer fracasar la insurrección armada, el Comité Central del Partido decidió comenzar y llevar a cabo la insurrección antes de la fecha proyectada, la víspera del día en que habían de abrirse las sesiones del II Congreso de los Soviets.

Kerenski comenzó a actuar en las primeras horas de la mañana del 24 de octubre (6 de noviembre), ordenando suspender el periódico Rabochi Put (La Senda Obrera), órgano central del Partido bolchevique, y enviando los blindados de asalto al local de la redacción del períódico y a la imprenta de los bolcheviques. Pero, hacia las 10 de la mañana, siguiendo instrucciones de Stalin, los guardias rojos y los soldados revolucionarios desalojaron a los carros de asalto y reforzaron la guardia de la imprenta y de la redacción del periódico. Hacia las 11, salió La Senda Obrera con un llamamiento para derribar al Gobierno provisional.

Las fuerzas de la contrarrevolución estaban concentradas en el centro de Petrogrado; cerca del Palacio de Invierno, donde se encontraba el Gobierno provisional, estaban el Estado Mayor de la región militar de Petrogrado y el Almirantazgo.

En la noche del 24 de octubre, Lenin se trasladó al Smolny, para hacerse cargo personalmente de la dirección del movimiento y trazar los planes concretos para la insurrección: cómo debían utilizarse las unidades militares, la flota y los guardias rojos, qué puntos decisivos era necesario ocupar en la capital para garantizar el éxito de la insurrección, etc. El objetivo era cercar y aislar a Petrogrado, apoderarse de la ciudad mediante un ataque combinado de la escuadra, los obreros y las tropas. La revolución disponía de tres fuerzas de combate principales: los destacamentos de guardias rojos (obreros armados) envolvían el centro de la ciudad por el norte, el este y el sur; las unidades revolucionarias de la guarnición de Petrogrado formaban el segundo semicírculo interior; mientras que del oeste, a la primera llamada del Comité militar revolucionario, entrarían en la desembocadura del Neva las unidades de la armada del Báltico.

Lenin dijo en este día clave:

“La insurrección, para poder triunfar, no debe apoyarse en una conjura, en un partido, sino en la clase de vanguardia. Esto, en primer lugar. En segundo lugar, debe apoyarse en el entusiasmo revolucionario del pueblo. Y en tercer lugar, debe apoyarse en el momento crítico de la historia de la creciente revolución en que sea mayor la actividad de la vanguardia del pueblo, en que sean mayores las vacilaciones en las filas de los enemigos y en las filas de los amigos débiles, inconsecuentes e indecisos de la revolución.”

Esta tarea se cumplió en los días 24 y 25 de octubre (6 y 7 de noviembre) de 1917.

El estruendo de los cañones del crucero “Aurora” el (25 de Octubre del antiguo calendario), 7 de Noviembre actual, anunció la revolución socialista. Al Smolny llegaron los destacamentos de Guardia Roja, enviándolos al centro de la ciudad, a cercar el Palacio de Invierno, donde se había atrincherado el Gobierno Provisional, bajo la protección de los kadetes y de los batallones de choque. Aquella noche los obreros, soldados y marinos revolucionarios tomaron por asalto el Palacio de Invierno y detuvieron al Gobierno provisional. También se apoderaron de las estaciones de ferrocarril, las centrales de Correos y Telégrafos, los Ministerios y el Banco del Estado. Se disolvió el anteparlamento.

La Gran Revolución de Octubre fue uno de los hechos más relevantes y trascendentales del Siglo XX, fue una verdadera revolución que estremeció al mundo, donde sobresalió el genial papel dirigente de Lenin y su concepción genuinamente marxista que dio origen al Partido Bolchevique.

Como dijo Lenin en sus tesis de abril de 1917: Nosotros queremos transformar el mundo. Queremos poner término a la guerra imperialista mundial, en la que se ven envueltos centenares de millones de hombres […] y a la que no se podrá poner fin con una paz verdaderamente democrática sin la más grandiosa revolución que conoce la historia de la humanidad: la revolución proletaria.

El 25 de octubre se publicó un llamamiento del Partido bolchevique A los ciudadanos de Rusia. En él se decía que el Gobierno provisional burgués había sido derribado y que el poder había pasado a manos de los Soviets.

En los primeros días de la Revolución de Octubre, Lenin redactó el proyecto de decreto sobre el control obrero. El control obrero, indicaba el decreto, es necesario para ir regulando sistemáticamente la economía. Los órganos de control estaban obligados a establecer una norma mínima de producción para las empresas, interesarse en el coste de la producción y comprobar el estado de sus finanzas. “Queda abolido el secreto comercial. Los propietarios quedan obligados a presentar a los órganos de control obrero todos los libros y cuentas”, decía el decreto. La ley incluía también puntos relacionados con los consejos locales de control obrero. Los miembros de las comisiones de control, junto con los propietarios de fábricas y empresas, se hacían “responsables ante el Estado del riguroso mantenimiento del orden, de la disciplina y de la conservación de los bienes”. En Petrogrado se instituyó el Consejo de Control Obrero de toda Rusia.

En manos de la clase obrera, el decreto se transformó en un medio para adueñarse de la industria, en un instrumento que además de aplastar el sabotaje contribuía a incorporar a los trabajadores a la formación de nuevas relaciones sociales. El decreto fue utilizado inmediatamente por los obreros de todas las ramas de la industria y de todas las zonas del país.

El II Congreso de los Soviets de toda Rusia abrió sus sesiones en el Smolny a las 10’45 minutos de aquella misma noche, cuando se hallaba en todo su apogeo la insurrección triunfante en Petrogrado, y el poder, en la capital, había pasado ya de hecho a manos del Soviet de la ciudad.

Los bolcheviques obtuvieron en este Congreso una aplastante mayoría. Los mencheviques, los delegados del Bund y los socialistas revolucionaríos de derecha, viendo que ya no tenían nada que hacer allí, se retiraron del Congreso, no sin antes declarar que renunciaban a tomar parte en sus tareas. En esta declaración calificaban como una conspiración militar la Revolución de Octubre. El Congreso puso en la picota a los menchevíques y socialistas revolucionaríos, manifestando que no sólo no lamentaba su retirada, sino que se alegraba de ella, ya que, gracias a su retirada, el Congreso se convertía en un verdadero Congreso revolucionario de diputados obreros y soldados.

En nombre del Congreso, fue proclamado el paso de todo el poder a manos de los Soviets. En el llamamiento del II Congreso de los Soviets, se decía:

“Apoyándose en la voluntad de la inmensa mayoría de los obreros, soldados y campesinos y en la insurrección triunfante llevada a cabo por los obreros y la guarnición de Petrogrado, el Congreso toma en sus manos el Poder.”

En cuatro días, el poder soviético decretó la paz, confiscó las tierras de los grandes terratenientes y las distribuyó entre los campesinos, y reconoció el derecho de las naciones a la autodeterminación.

Su primer acuerdo fue aprobar el Decreto sobre la paz, donde la guerra imperialista se declaraba el mayor crimen contra la humanidad y se hacía una declaración dirigida a todos los países beligerantes y sus gobiernos sobre la decisión del Gobierno soviético de firmar inmediatamente la paz en condiciones justas y equitativas para todos los pueblos, una paz sin anexiones ni tributos. Al tiempo que se dirigía a los gobiernos y a los pueblos de todos los países beligerantes, el Congreso hacía un llamamiento “a los obreros conscientes de las tres naciones más adelantadas de la Humanidad y de los tres Estados más importantes que toman parte en la actual guerra: Inglaterra, Francía y Alemania, instándoles a que ayudasen a llevar rápidamente a término la causa de la paz y con ella, la causa de la liberación de las masas trabajadoras y explotadas de toda esclavitud y de toda explotación”.

Por el segundo decreto del Congreso, toda la tierra pasaba a manos del pueblo, sin indemnización alguna, aboliendo para siempre la propiedad de los terratenientes sobre la tierra, que pasaba a ser sustituida por la propiedad de todo el pueblo, del Estado. Esta ley se aprobó tomando como base un mandato campesino general, redactado con arreglo a los 242 mandatos locales formulados por los campesinos. Las tierras de los terratenientes, de la familia imperial y de la Iglesia fueron entregadas en disfrute gratuito a todos los trabajadores.

Mediante este decreto, la Revolución entregaba a los campesinos más de 150 millones de hectáreas de tierra, que hasta entonces habían estado en manos de los terratenientes, de la burguesía, de la familia real, de los conventos y de la Iglesia. Los campesinos quedaban libres del deber de pagar las rentas a los terratenientes, rentas que ascendían a cerca de 500 millones de rublos de oro al año. Todas las riquezas del subsuelo (el petróleo, el carbón y los minerales, etc.), los bosques y las aguas pasaban también a ser propiedad del pueblo.

Fue elegido el Comité Ejecutivo Central de los Soviets de toda Rusia, órgano supremo del poder soviético entre los congresos de los Soviets, con funciones legislativas, directivas y de control. El 8 (21) de noviembre fue elegido Presidente del Comité Ejecutivo Central de los Soviets, equivalente al de Presidente de la República, el dirigente bolchevique Jacov Sverdlov.

El Congreso también formó el primer Gobierno soviético: el Consejo de Comisarios del Pueblo, encabezado por Lenin.

Los oportunistas emboscados en el Partido, Kamenev, Zinoviev, Rikov, Shliapnikov y otros, comenzaron a exigir la formación de un gobierno socialista homogéneo, con participación de los mencheviques y socialistas revolucionaríos, a quienes la Revolución acababa de derribar. El 15 de noviembre de 1917, el Comité Central del Partido aprobó una resolución, desechando todo compromiso con estos partidos contrarrevolucionarios y declarando a Kamenev y Zínoviev traidores a la revolución. El 17 de noviembre, Kamenev, Zinoviev, Rikov y Miliutin, disconformes con la política del Partido, declararon que dimitían de sus puestos en el Comité Central. El mismo día 17 de noviembre, Noguin, en su nombre y en el de Rikov, Miliutin, Teodorovich, A. Shliapnikov, D. Riazanov, Yurenev y Larin, que habían entrado a formar parte del Consejo de Comisarios del Pueblo, formuló una declaración de desacuerdo con la política del Comité Central del Partido, anunciando que dimitían sus cargos en el Gobierno Soviético.

En cuanto a los socialistas revolucionarios de izquierda, deseando no perder su influencia entre las masas campesinas, que simpatizaban claramente con los bolcheviques, decidieron no romper con éstos y mantener, por el momento, el frente único con ellos. El Congreso de los Soviets campesinos, celebrado en noviembre, reconoció todas las conquistas de la Revolución Socialista de Octubre y los decretos del poder soviético. Se pactó un acuerdo con los socialistas revolucionarios de izquierda, algunos de los cuales (Kolegaiev, Spiridonova, Proshian y Steinberg) fueron incluidos en el Consejo de Comisarios del Pueblo. Pero este acuerdo sólo se mantuvo en pie hasta la firma de la paz de Brest-Litovsk y la constitución de los Comités de campesinos pobres; la profunda diferenciación de clases que se produjo entonces entre los campesinos, hizo que los socialistas revolucionarios de izquierda, cuya posición reflejaba cada vez más acentuadamente los intereses de los kulaks, desencadenaran una sublevación contra los bolcheviques, siendo aplastados por el poder Soviético.

En las calles de Moscú, donde la contrarrevolución aún disponía de considerables fuerzas de combate (academias militares, escuelas de oficiales y ciertas unidades regulares), se riñeron fuertes combates durante siete días.

El 10 de noviembre de 1917, Kerenski, concentró unidades cosacas enviando al general Krasnov contra Petrogrado. El 11 de noviembre de 1917, la organización contrarrevolucionaria Comité de salvación de la patria y de la revolución, dirigida por socialistas revolucionarios, desencadenó una sublevación de kadetes. Al anochecer, los marinos y guardias rojos liquidaron la sublevación y el 13 de noviembre era derrotado el general Krasnov cerca de las alturas de Pulkovo. Krasnov cayó prisionero y dió su palabra de honor de que no volvería a luchar contra el poder soviético. Se le puso en libertad bajo esta promesa pero, algún tiempo después, traicionó su palabra. Kerenski logró escaparse, disfrazado de mujer. También el general Dujonin intentó promover una sublevación en Moguilev, en el Cuartel General del ejército.

Los delegados del II Congreso de los soviets fueron por todo el país, para propagar el triunfo de la revolución de los Soviets en Petrogrado. Desde octubre de 1917 hasta enero-febrero de 1918, la revolución soviética logró extenderse por toda Rusia.

Para la clase obrera el triunfo de la Revolución de Octubre es el más importante acontecimiento de la historia reciente de la lucha del proletariado por su emancipación. Significa la primera gran victoria sobre el capitalismo, comienza la era de las revoluciones socialistas que continuarán hasta alcanzar el comunismo.

No debemos cejar en el empeño de conseguir que los trabajadores creen y construyan una sociedad más avanzada que la actual, que rompa las cadenas de la esclavitud asalariada. Muchos bolcheviques, mujeres y hombres nos precedieron y de nuevo los trabajadores lucharemos por un nuevo “cañonazo de aurora”, de ese amanecer de nuevas Revoluciones Socialistas.

¡VIVA EL 7 DE NOVIEMBRE, DIA DE LA LIBERTAD DEL PROLETARIADO!

¡VIVA EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO!

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