La clase obrera es más poderosa que la represión

La situación de la población trabajadora no deja de empeorar desde que la Unión Soviética y el campo socialista se descompusieron. Y este deterioro se ha acelerado a partir de la última crisis económica.

Despidos, desempleo, inestabilidad laboral, rebajas salariales, aumento de la jornada y de la carga de trabajo, desahucios, pobreza, recortes de servicios sociales, endeudamiento, guerras de rapiña, etc., son la consecuencia necesaria de la concurrencia capitalista en pos del máximo beneficio. La resistencia sindical puede contrarrestar esta ley absoluta, pero se ve sin cesar socavada por la ilusión de que nos irá mejor colaborando con los empresarios (diálogo social), por la competencia entre los propios obreros y por la represión: así, los patronos amenazan con el despido a quienes hagan uso de sus derechos y el Estado burgués apalea a manifestantes y huelguistas, los detiene, los multa y los encarcela.

Pero, la clase obrera puede unirse y vencer esta opresión. Lo ha demostrado a lo largo de los últimos 100 años, desde que la revolución proletaria triunfó en Rusia. Para ello, es absolutamente necesario organizar una dirección revolucionaria que se base en la teoría científica del marxismo-leninismo, que la transmita a las masas obreras y que confíe en la capacidad de éstas para asimilarla y ponerla en práctica. Así es como los trabajadores rusos conquistaron el pan, el trabajo, el techo y la dignidad que los capitalistas les negaban y que ahora nos están arrebatando.

La Rusia prerrevolucionaria era un país atrasado, semi-feudal. Los campesinos tenían que sobrevivir trabajando para los terratenientes, pagándoles una renta y sufriendo multas y penas corporales. El gobierno del Zar discriminaba a los no-rusos y azuzaba a unas nacionalidades contra otras (pogromos y matanzas entre tártaros y armenios). La industria capitalista y la clase obrera se fueron desarrollando poco a poco, con jornadas de trabajo de más de 12 horas y salarios de miseria, sobre todo para las mujeres y los niños. No había seguros frente al desempleo, la enfermedad y vejez. Los obreros vivían hacinados en tugurios (diez o más personas por habitación). Los multaban en el trabajo por cualquier pretexto y los estafaban en tiendas explotadas por sus mismos patronos. Entonces, surgieron las primeras huelgas y organizaciones obreras que duraban pocos meses antes de ser aniquiladas por el gobierno. La primera gran huelga estalló en 1885 en la fábrica Morósov: fue aplastada por las armas, siendo apresados 600 trabajadores y decenas de ellos procesados.

Una década después, surgieron las primeras organizaciones que combinaban la lucha por reivindicaciones económicas con la lucha política por el derrocamiento del zarismo y del capitalismo; es decir, que unían el socialismo con el movimiento obrero. Y, con ello, vinieron las primeras victorias obreras, como la huelga de la fábrica Thornton y la del textil, en San Petersburgo, que arrancó del gobierno una ley de reducción de la jornada máxima de trabajo a 11 horas y media. Pero los dirigentes marxistas como Lenin y otros eran perseguidos, detenidos, encarcelados, torturados, deportados y, en ocasiones, ejecutados. Las hojas volantes y los periódicos revolucionarios estaban prohibidos y tenían que hacerse en el extranjero (igual que los congresos obreros) y reproducirse en imprentas clandestinas.

Con la crisis económica de finales del siglo XIX y los despidos que ésta provocó, los capitalistas revocaron las pequeñas concesiones hechas al movimiento obrero. Pero creció la intensidad de éste y las huelgas adquirieronun carácter político. La del 1o de Mayo de 1901, en la fábrica de armamento Obújov, acabó en un choque sangriento entre las tropas y los obreros armados con piedras y herramientas: fueron detenidos unos 800 obreros y muchos de ellos, encarcelados. En la de Róstov (1902), participaron treinta mil obreros y el gobierno tuvo que traer tropas de otros lugares para reprimirla, matando a varias personas. Mayores aun fueron las de Transcaucasia y Ucrania en 1903.

El movimiento obrero fue animando las luchas de los campesinos contra los terratenientes, también respondidas a tiros por el gobierno. Asimismo, estimuló las movilizaciones de estudiantes que fueron reprimidas con la clausura de las universidades y el encarcelamiento de cientos de estudiantes. Las cárceles y lugares de deportación estaban repletos.

La represión se cebaba también con otros pueblos, como el chino, que se levantaba contra las potencias imperialistas que lo oprimían. En su afán expansionista hacia el Oriente, la Rusia zarista chocó con las ambiciones del Japón imperial y entró con él en una guerra que acabaría perdiendo, con miles de bajas rusas.

Estos hechos convencieron al movimiento obrero de la necesidad de una revolución contra el régimen autocrático. Estallaron grandes huelgas primero en Bakú y en la capital San Petersburgo. En ella, una organización dirigida por un cura convenció a masas de obreros para que marcharan en procesión al palacio del Zar a rogarle que atendiera sus reivindicaciones. Pero éste quiso aprovechar la oportunidad para dar un escarmiento a los trabajadores: dio orden de disparar, abatiendo a un millar de obreros e hiriendo a más de dos mil. Fue el “Domingo Sangriento” de enero de 1905 en que el pueblo perdió la fe en su monarca y el movimiento huelguístico se elevó hasta un nivel insurreccional.

Los choques entre huelguistas y tropas se extendieron por todo el país, siendo abatidos centenares de obreros. Le siguieron los levantamientos campesinos y las rebeliones de soldados y marineros (como la del acorazado Potemkin), también reprimidos de manera cruenta. Fue entonces cuando las masas obreras crearon los primeros soviets, que eran las instituciones representativas desde las que organizarían la insurrección y su propio poder político.

El gobierno hizo el amago de abrir la mano, pero al mismo tiempo creaba las bandas parapoliciales conocidas como Centurias Negras, precursoras de las organizaciones fascistas. Concertó la paz con Japón y pudo entonces emplear a las tropas para aplastar la insurrección popular (en Moscú, redujo a escombros la barriada de Krásnaia Presnia). Además, recibió para ello la ayuda económica y militar de los imperialistas franceses y alemanes.

Comenzaron las expediciones de castigo que sembraron el terror contra quienes hubieran participado en la revolución. En junio de 1907, el gobierno dio un golpe de Estado, disolvió la Duma (parlamento), detuvo y deportó a  Siberia a los 65 diputados socialistas, fusiló o ahorcó a miles de obreros y campesinos, sometió a castigos corporales, martirios y torturas a los revolucionarios, persiguió con crueldad las organizaciones obreras, creó listas negras de obreros reivindicativos para que no tuvieran empleo, etc.

Los revolucionarios marxistas agrupados en el Partido bolchevique extrajeron preciosas enseñanzas de esta primera revolución rusa que aplicaron con éxito en los años siguientes.

Tras un breve período reaccionario, el movimiento obrero perdió el miedo a la represión y empezó a reanimarse a partir de 1912, cuando la gendarmería zarista abrió fuego contra los huelguistas del Lena, abatiendo e hiriendo a más de 500. Los bolcheviques pudieron entonces editar el periódico legal Pravda (La Verdad) que, no obstante, fue prohibido en ocho ocasiones, teniendo a cada vez que cambiar su cabecera. Las movilizaciones yhuelgas obreras alcanzaban ya en 1914 el nivel que habían conocido en vísperas de la Revolución de 1905.

Pero el estallido de la Primera Guerra Mundial dio un respiro al gobierno zarista, al aprovechar éste los sentimientos patrióticos de una parte de la población. Los diputados bolcheviques se mantuvieron firmes en la condena de esta guerra por su carácter imperialista, por lo que fueron detenidos, inhabilitados y deportados a Siberia por “alta traición”. La guerra truncó el auge del movimiento obrero, pero las derrotas de Rusia en el frente, los millones de muertos y mutilados, el hambre, las epidemias, etc., despertaron nuevamente la indignación del pueblo trabajador.

A inicios de 1917, volvieron las huelgas, las manifestaciones y también las matanzas policiales. La revolución contra el zar triunfaría en febrero gracias a que los soldados se pasaron en masa al bando de los insurrectos. Sin embargo, la burguesía liberal usurpó el poder al pueblo, con la complicidad de los “socialistas moderados” que habían conseguido la mayoría en los soviets de diputados. El gobierno provisional burgués, lejos de satisfacer las demandas populares, pretendió intensificar la participación de Rusia en la guerra y reprimió a tiros las protestas antibélicas. Además, destruyó la redacción de Pravda, empezó a  desarmar a los guardias rojos, intentó detener a los dirigentes bolcheviques con acusaciones falsas e inventadas y, para remate, urdió un golpe de Estado que fracasó gracias a la resistencia de las masas obreras dirigidas por el Partido.

Fueron estos acontecimientos los que movieron a éstas a renovar los soviets con una mayoría de comunistas, y a preparar la insurrección que daría el triunfo a la Gran Revolución Socialista de Octubre.

Toda la represión zarista y burguesa había resultado impotente frente a la clase obrera ilustrada y organizada por su partido marxista-leninista.

En adelante, la violencia reaccionaria proseguiría contra los obreros y campesinos rusos, pero éstos tenían ya en sus manos el poder del nuevo Estado soviético para defenderse: durante la guerra civil y la intervención extranjera (1918-21), frente al “cordón sanitario” de entreguerras, contra la agresión nazi-fascista (1941-45) y, después, en la Guerra Fría (chantaje nuclear de los Estados Unidos, OTAN, ASEAN, cinturón de bases militares alrededor de la URSS, etc.).

A pesar de esta permanente hostilidad de los capitalistas del mundo entero, la  clase obrera soviética siguió progresando hacia la abolición de las clases, construyendo una poderosa economía socialista y mejorando las condiciones de vida de todos los habitantes del país e incluso del resto del mundo, pues los capitalistas tuvieron que hacer concesiones al movimiento obrero occidental -el mal llamado “Estado del bienestar”- para evitar que se desarrollara por el camino de la Revolución de Octubre.

El grado en que la clase obrera es capaz de conquistar sus reivindicaciones -incluso las más inmediatas- depende de cuánto ambicione alcanzar su meta final. Por eso, desde nuestra asociación, os animamos a complementar la lucha sindical cotidiana con la celebración -a lo largo del año próximo- del Centenario de la Revolución de Octubre, que será una excelente oportunidad para devolver a la clase obrera lo que tanto se empeñan en arrebatarle: su identidad revolucionaria.

“No hay ningún movimiento revolucionario sin teoría revolucionaria”

Hace 100 años, comenzó el futuro.

 

Algunos logros del socialismo en la URSS:

– Los medios de producción que acaparaban los capitalistas y los terratenientes fueron socializados y convertidos en propiedad de todo el pueblo o en propiedad de las cooperativas campesinas.
– La competencia capitalista fue sustituida por la ayuda mutua y la emulación socialista.
– A través de las asambleas de trabajadores, se planificó la economía de manera racional para cubrir las necesidades de toda la población, en vez de servir para acrecentar los beneficios de los ricos.
– La producción se desarrolló sin crisis a un ritmo jamás visto. Entre 1929 y 1939, el PIB real por habitante creció un 4,9% cada año. Entre 1928 y 1953, el volumen del producto social global se multiplicó por diez y el ritmo medio anual de crecimiento de la producción industrial fue del 19%, frente al 3,5% en los Estados Unidos. La Unión Soviética se convirtió en la segunda economía mundial.
– Erradicó el desempleo (desde 1930), el hambre y el analfabetismo.
– El salario real de los obreros se multiplicó por seis entre 1917 y 1953. La jornada máxima de trabajo se estableció en 7 horas. Los impuestos, alquileres y cargas residenciales no superaban el 15% del salario. Los precios de los artículos de consumo se mantenían o incluso se reducían.
– Fue el primer país del mundo en que se generalizaron las vacaciones pagadas y los seguros sociales de enfermedad y jubilación para los trabajadores.
– Eran totalmente gratuitas la sanidad y la educación (hasta la universidad, con becas-salario para todos sus estudiantes).
– Las mujeres consiguieron el derecho de sufragio, de divorcio y de aborto, la igualdad salarial con el hombre por el mismo trabajo, la supresión de toda la legislación discriminatoria, la apertura de guarderías gratuitas en los centros de trabajo, etc.
– Las nacionalidades de la Unión Soviética gozaban del derecho a la autodeterminación y de la plena igualdad jurídica entre sí. Fueron abolidas las lenguas oficiales, se crearon alfabetos para idiomas que no lo tenían y se garantizó la educación y la difusión cultural en la lengua propia de cada lugar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *