Los logros del socialismo en la Unión Soviética y por qué fue derrotado

Nos hemos reunido hoy para celebrar el 99º Aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre. Que este acontecimiento histórico es motivo de celebración lo sabemos las y los proletarios conscientes y todas las personas realmente progresistas. Pero este motivo es desconocido para la mayoría de nuestra clase social. Por eso, tenemos que informarla, decirle la verdad frente a las mentiras interesadas de los que se enriquecen a costa nuestra.

Decimos que hace un siglo comenzó el futuro porque se empezó a construir una vida nueva: una vida en la que los trabajadores dejaban de ser explotados por los capitalistas y organizaban colectivamente la producción para satisfacer sus propias necesidades. Mucho antes de la Revolución de Octubre, las masas trabajadoras habían luchado por liberarse de la esclavitud y, por ello, habían sufrido represión, masacres, cárcel, torturas (v. gr., la Comuna de París). Esta parte de la historia es silenciada sistemáticamente por la clase dominante y sus intelectuales, y debemos recordársela a las nuevas generaciones obreras.

Gracias a lo que los proletarios aprendieron de sus luchas pasadas, fue posible la victoria de Octubre de 1917. También fue posible gracias a la profunda transformación que operó el capital en la sociedad: éste privó a los trabajadores de toda propiedad sobre los medios de producción y los concentró en grandes ciudades y grandes fábricas; para enfrentar la resistencia obrera y la competencia mercantil, desarrolló unas fuerzas productivas de carácter social y, con ellas, la ciencia moderna. Así es como los ideales de emancipación dejaron de ser una utopía y pudo surgir el socialismo científico. Cuando la clase obrera lucha bajo la dirección de su partido marxista-leninista, comienza la época histórica de sus victorias sobre la burguesía.

Con la Revolución de Octubre, por primera vez en la historia, el triunfo de los trabajadores fue duradero y éstos pudieron demostrar a lo largo de decenios que podían valerse sin explotadores e incluso ser más eficientes que éstos al frente de la producción.

 

¿Qué hizo la clase obrera soviética? (en qué medida se avanzó hacia la supresión de las clases)

A mediados del siglo XX, después de tres décadas de socialismo, el PC(b) de la URSS hizo un análisis de la sociedad soviética y un balance del progreso realizado. En 1955, editaba el Manual de Economía Política que recogía una multitud de datos que debemos desempolvar[1]. El socialismo ya no era sólo teoría, sino también una práctica cuantificable.

Desde entonces, ¡cómo no!, los ideólogos de la burguesía han hecho correr ríos de tinta sobre la falta de fiabilidad científica de la estadística soviética. Desde luego que los científicos soviéticos no pudieron dejar de cometer errores, pero no fueron tan abultados como pretenden sus enemigos. La prueba decisiva de ello fue la práctica: si el desarrollo económico de la URSS no era tan prodigioso, ¿cómo pudo despertar el entusiasmo de tantos miles de obreros e intelectuales del mundo que visitaban el país?; ¿cómo pudo sobrevivir al cerco hostil de los Estados capitalistas (éstos lo llamaron “cordón sanitario”[2])? ¿cómo pudo sustentar la victoria del Ejército Rojo sobre la maquinaria militar hitleriana que había pulverizado las defensas del resto de países a su paso? ¿Cómo pudo desbaratar el monopolio nuclear del Occidente imperialista? ¿Cómo pudo adelantar a éste en la carrera espacial, en el deporte y en muchos otros campos, tras sobreponerse al atraso semifeudal que heredó y a la devastación bélica que le impusieron?

Hoy mismo, en medio de tanta propaganda mentirosa, cuesta pero se puede encontrar algo de objetividad científica: por ejemplo, los cálculos del investigador en macroeconomía cuantitativa Angus Maddison[3] arrojan un aumento del PIB real de la URSS por habitante de 4,6% de 1921 a 1929, y del 4,9% ¡al año! desde 1929 y 1939.

Los abundantes datos que nos proporciona el Manual de Economía política de 1955 son pues plenamente coherentes con esta montaña de hechos innegables para todo el mundo. Por eso, hay que atreverse a romper la censura goebbelsiana que pesa sobre ellos y difundirlos firmemente como armas para la lucha de clases. Veamos qué nos enseñan:

1º) la producción:

De 1929 a 1937, el ritmo de crecimiento medio anual de la producción industrial fue en la URSS de aproximadamente un 20% frente a sólo el 0,3% en los países capitalistas durante el mismo período.

Durante los 13 años que precedieron a la Segunda Guerra Mundial, la URSS recorrió un camino que había exigido diez veces más tiempo a los países capitalistas. Ha efectuado un salto formidable que, de país antes agrícola y atrasado, ha hecho de ella una potencia industrial avanzada. Y esto, mientras que el mundo capitalista atravesaba dos crisis económicas: la de 1929-33 y la de 1937, que trajeron consigo la destrucción de importantes fuerzas productivas, un aumento prodigioso del desempleo y una brutal agravación del empobrecimiento de las masas.

Luego, la Gran Guerra Patria (1941-45) segó la vida de más de 20 millones de sus habitantes y arrasó una parte de sus regiones más desarrolladas. Aun así, después de ella, la economía socialista de la URSS siguió progresando metódica y continuamente. La producción global de la gran industria en la URSS había crecido en 1953 en 30 veces lo que era en 1913 y la producción de medios de producción en 50 veces. Entre 1928 y 1953, se decuplicó el volumen del producto social global. En el período entre 1929 y 1953, el ritmo medio anual de crecimiento de la producción industrial (descontando los cuatro años de guerra) fue en la URSS de 19%, frente al 3,5% en los Estados Unidos.

Exponente del desarrollo económico de esos años es que la parte de los medios de producción en el producto de toda la industria de la URSS fue en 1924-25 del 34%; en 1937, del 58%; y en 1953, del 70% aproximadamente. Gracias a ese crecimiento preferente de la producción de medios de producción, la producción de artículos de amplio consumo se pudo multiplicar por 12 entre 1926 y 1953. Y la producción de cereales y patatas se multiplicó por 4, la de carne por dos y la de leche por 3.

De exportador de productos agrícolas, la URSS se convirtió en exportador industrial.

2º) La productividad del trabajo:

Los ritmos de crecimiento de la productividad del trabajo son, según Lenin, el mejor indicador cuantitativo del grado de desarrollo alcanzado por la sociedad[4]. Son expresión del grado de libertad alcanzado por el trabajo. En la URSS, la productividad del trabajo industrial creció el 41% durante el primer plan quinquenal (aumento anual medio de 9%) y de 82% durante el segundo (aumento anual medio de 12,7%). En 1940, la productividad del trabajo en la industria de la URSS se había cuadruplicado y, si se tiene en cuenta la reducción de la jornada de trabajo, se había multiplicado por 5,2 con relación a 1913. Después de la guerra, hubo un nuevo auge de la productividad del trabajo que, en 1954, había aumentado de 83% en la industria y de 61% en la construcción respecto de 1940.

De 1928 a 1954, la productividad del trabajo ha sido multiplicada por más de 6 en la industria, aproximadamente por 4 en la construcción y los transportes ferroviarios. En los koljoses y en los sovjoses, ha triplicado más o menos lo que era en la agricultura antes de la revolución. (p. 480)

Entre 1940 y 1954, el 70% aproximadamente del crecimiento de la producción industrial ha resultado de la elevación de la productividad del trabajo y un 30% del aumento del número absoluto de trabajadores.

3º) Cambios en las relaciones de propiedad:

Estas proezas fueron posibles al aplicar el programa trazado en sus rasgos fundamentales por el Manifiesto del Partido Comunista de Marx y Engels. La Rusia soviética empezó nacionalizando la tierra, repartiendo las haciendas de los terratenientes entre los campesinos pobres y saliéndose de la Primera Guerra Mundial. Anuló el pago de los intereses de los empréstitos zaristas (800 a 900 millones de rublos-oro) e implantó el monopolio estatal en el comercio con el exterior. Luego, fue expropiando progresivamente a los capitalistas[5] en medio de la cruenta guerra civil que éstos desataron con el apoyo de 14 Estados imperialistas. Desde los años 20, con la mayoría de las empresas en poder del Estado, la URSS pudo organizar racionalmente la economía mediante planes quinquenales. Los campesinos se organizaron en cooperativas (koljoses) y los obreros agrícolas, en granjas estatales (sovjoses).

En 1924-25, el 20,7% de la industria era privada. Durante el segundo plan quinquenal (1933-37), la industria privada había desaparecido.

Al principio del segundo plan quinquenal, de los cinco tipos de economía que existían anteriormente en la economía nacional, tres -el capitalismo privado, el capitalismo de Estado y la economía patriarcal- habían desaparecido; la pequeña economía mercantil había sido relegada a un segundo plano; el tipo de economía socialista dominaba abrumadoramente.

Antes de la Revolución, los campesinos pobres y medios disponían de 135 millones de hectáreas, mientras que en 1937, gracias al régimen koljosiano, explotaban 370 millones de hectáreas (397 después de la Segunda Guerra Mundial y la incorporación de nuevas repúblicas a la URSS).

4º) Cambios en las relaciones sociales de producción:

Sobre la base de la propiedad social, la URSS pudo afirmar un nuevo principio en las relaciones sociales de producción, en la actitud hacia el trabajo, que era cada vez menos individualista y cada vez más colectivista. Como explica Stalin:

“Principio de la competencia: derrota y muerte de unos, victoria y dominación de los otros.

Principio de la emulación socialista: ayuda amistosa de los que van en cabeza a los rezagados, con el fin de realizar un progreso general.

La competencia dice: acaba con los que se han quedado atrás a fin de asentar tu dominación.

La emulación socialista dice: unos trabajan mal, otros bien y otros mejor aun; alcanza a los mejores y contribuye al progreso general.” (Stalin, La emulación y el entusiasmo de las masas en el trabajo)

En 1954, más del 90% de los obreros habían tomado parte en la emulación socialista en la industria; más de 850.000 inventos, perfeccionamientos técnicos y propuestas de racionalización habían sido aplicados en la industria, la construcción y los transportes.

5º) Cambios en la composición de la sociedad en clases:

Como consecuencia de estas transformaciones, en 1939, la Resolución del 18º Congreso del PC(b) de la URSS constató que “Todas las clases explotadoras han sido definitivamente liquidadas”.

La clase obrera ejercía la dirección de la sociedad y su importancia cuantitativa crecía continuamente. De 1928 a 1954, el número de obreros y empleados pasó de 10,8 millones a 47 millones, o sea que se multiplicó por 4,3.

Junto a ella, estaban los intelectuales, los cuales procedían en su mayoría de la clase obrera y del campesinado. En 1937, los intelectuales eran 9,6 millones y formaban con sus familias 13 a 14% de la población de la URSS.

Finalmente, estaba la mayoría de la población formada por los campesinos, pero éstos ya no explotaban sus haciendas individualmente, sometidos a la competencia mercantil, sino que eran campesinos cooperativistas, koljosianos, que comerciaban principalmente con el Estado, el cual velaba por su prosperidad.

El pueblo soviético estaba constituido por tres clases sociales que eran diferentes, pero cuya relación mutua podía ser de colaboración y no antagónica como es el caso de la relación entre la burguesía y el proletariado.

Además, según el Manual, ” En la URSS, la mujer goza realmente de derechos iguales a los del hombre en los campos de la vida económica, cultural, social y política. Recibe por una trabajo igual un salario igual al del hombre”.

Asimismo, una vez establecida la igualdad jurídica y el derecho de autodeterminación de las naciones que conformaban la URSS, se trabajaba también por hacer desaparecer la desigualdad económica de hecho entre los pueblos, por asegurar un progreso rápido de la economía en las regiones antes atrasadas y por reforzar así la amistad y la colaboración entre los pueblos. Además, se respetaban y se promovían las lenguas propias de cada nacionalidad en las escuelas, medios de comunicación, instituciones, etc.

Hasta aquí había conseguido la revolución soviética suprimir las clases, emancipar a los trabajadores de su condición de clase por la que estaban sometidos a otra parte de la sociedad.

6º) La ley económica fundamental del socialismo:

Según Stalin, la ley económica fundamental del capitalismo moderno consiste en “asegurar el máximo beneficio capitalista, mediante la explotación, la ruina y la depauperación de la mayoría de los habitantes del país dado, mediante el avasallamiento y el saqueo sistemático de los pueblos de otros países, principalmente de los países atrasados, y, por último, mediante las guerras y la militarización de la economía nacional, a las que se recurre para asegurar el máximo de beneficio.”

Frente a ello, ley económica fundamental del socialismo consiste en “asegurar la máxima satisfacción de las necesidades materiales y culturales, en constante ascenso, de toda la sociedad, mediante el desarrollo y el perfeccionamiento ininterrumpidos de la producción socialista sobre la base de la técnica más elevada”.[6]

El Estado socialista en la URSS poseía el 90% de los medios de producción y podía apoyarse en esta ley económica del socialismo, despejar los obstáculos para su plena realización.

La Constitución de la URSS adoptada en 1936 no se contenta con proclamar el derecho de los ciudadanos de la URSS al trabajo, al descanso, a la instrucción, a la seguridad material en la vejez, en caso de enfermedad y de pérdida de la capacidad de trabajo. Estos derechos están garantizados por la organización planificada de la economía nacional, la supresión del desempleo, la jornada de trabajo de ocho horas, el establecimiento de vacaciones anuales pagadas para los obreros y los empleados, los seguros sociales de obreros y empleados pagados por el Estado, la puesta a disposición de los trabajadores de una vasta red de casas de cura y reposo, la protección por el Estados de los intereses de la madre y del niño, la instrucción de siete años general y obligatoria, la gratuidad de la enseñanza primaria, la atribución por el Estado de becas a los estudiantes, y por otros medios materiales, etc.[7]

Desde el primer plan quinquenal, al final del año 1930, el desempleo había sido enteramente liquidado en la URSS. Se había tardado 13 años en suprimir esta lacra (en la República Popular China, desapareció en 1957, nueve años después de la victoria de la revolución).

El Estado soviético practicaba una política sistemática de reducción de precios dirigida a acrecentar el bienestar de la población (7 rebajas entre 1947 y 1955).

El salario ya no era el precio obtenido por la venta de la fuerza de trabajo de los obreros, puesto que la clase obrera se había convertido en dueña colectiva de las empresas. El salario en la URSS crecía en relación con la productividad del trabajo colectiva e individual.

Cada año se concluía un convenio colectivo entre la administración y los trabajadores de cada empresa, regulador de la cuestiones relativas al trabajo, los salarios, las condiciones de vida.

Gracias a la nacionalización de la tierra y la consiguiente supresión de la renta del suelo, los alquileres y la cargas residenciales suponían una media del 4% del presupuesto de las familias obreras.

Los impuestos eran una parte ínfima de los ingresos de los trabajadores (8,3%).

Los servicios sociales, vacaciones y pensiones eran pagados por el Estado, la asistencia médica era gratuita, los precios para acceder a las residencias, centros de cura, casas de reposo, etc., estaban rebajados gracias a las subvenciones estatales. Las formaciones profesionales no costaban nada a los trabajadores. Se concedían becas a los estudiantes (cubriendo sus gastos de alimentación, alojamiento y vestimenta).

De este modo, el salario real superaba en un tercio al salario recibido en dinero.

En 1954, el salario real sextuplicaba al de antes de la revolución.

7º) Repercusión internacional:

Los progresos de la Revolución de Octubre no se quedaron en el interior de las fronteras de la URSS, sino que fueron más allá, contagiando al mundo: fortalecieron al movimiento obrero, a los movimientos democráticos, particularmente contra el fascismo y contra el colonialismo, forzaron a las burguesías imperialistas a conceder a sus poblaciones ciertas ayudas que englobaron bajo el engañoso nombre de “Estado del bienestar”, etc.

 

Cómo pudo la clase obrera de la vieja Rusia alcanzar estos logros

Todo esto fue posible porque la clase obrera de Rusia conquistó realmente el poder político. Es decir, aplicó la enseñanza principal de las luchas que le precedieron: destruyó por entero el aparato del Estado de las clases derrocadas y lo sustituyó por uno nuevo consistente en la autoorganización de las masas obreras y campesinas armadas (soviets). Desde él es como pudo ejercer la dictadura del proletariado: es decir, realizar las transformaciones económicas y sociales a las que nos hemos referido venciendo las inevitables resistencias de los explotadores.

Pero, ¿cómo pudo hacerlo, si la clase obrera de Rusia no había experimentado directamente las revoluciones europeas del siglo XIX? Hubo pues que explicárselas. Por eso, la condición decisiva que hizo posible la Revolución de Octubre fue la labor de un partido obrero no cualquiera: el Partido bolchevique. Este partido continuó el trabajo de Marx y Engels al frente del movimiento obrero continental y lo desarrolló creando un tipo de organización cualitativamente superior a todos los partidos proletarios anteriores.

Comprender esta condición y extraer de ella los principios generales que siguen vigentes exige estudiar la obra de Marx, Engels y Lenin. Y, para facilitar esta tarea, es aconsejable guiarse por los textos de Stalin: Historia del PC(b) de la URSS y Fundamentos del leninismo. No hay tiempo aquí para detallar más esta cuestión y es preferible detenerse algo más en la cuestión siguiente.

 

Por qué se vino todo abajo. Con qué límite tropezó la clase obrera soviética.

Mucha gente dice: ¿para qué realizar este esfuerzo de estudio, de difusión y de lucha por el poder obrero si la revolución socialista fue finalmente derrotada en la URSS y en otros países? Pues precisamente por eso, contestamos desde la AAHS. Además de dar a conocer la grandeza práctica del socialismo, también es necesario explicar las causas de su reciente derrota. Para eso, hay que analizar científicamente la experiencia histórica de construcción del socialismo, en vez de renunciar a este objetivo, como pretenden que hagamos los actuales creadores de opinión. Sería como si los humanos hubiésemos renunciado a caminar erguidos sobre las dos piernas para evitar tropezarnos. La humanidad nunca ha tenido esta actitud cobarde ni la tendrá.

En la URSS, inmediatamente después del período al que se refiere el Manual de economía política de 1955, cambió la dirección por la que caminaban el PCUS y el Estado soviético. Tras la muerte de Stalin, hubo un corto período convulso que entregó las riendas del país a un nuevo equipo encabezado por Jruschov. Unos pocos años después, éste fue relevado por Brézhnev.

Entre finales de los años 50 e inicios de los 70, continuó el rápido crecimiento económico, pero cambiaron sustancialmente las palancas del mismo. Los koljoses tuvieron que gastar sus ahorros y endeudarse para comprar las máquinas agrícolas que antes les alquilaba el Estado, las empresas industriales pasaban a tener como objetivo supremo la búsqueda de su propia ganancia, los estímulos morales al trabajo fueron relegados en beneficio de los objetivos materiales, se promovió el desarrollo de las relaciones monetario-mercantiles y, en general, se encararon las dificultades económicas con remedios más propios del capitalismo que del comunismo. En cierto modo, los principios del neoliberalismo se ensayaron primeramente en la Unión Soviética.

Así, lo que impulsaba la economía hacia adelante era cada vez menos el entusiasmo socialista de las masas obreras y cada vez más el interés individual pequeñoburgués presente sobre todo en las capas superiores de la sociedad soviética. Llegados a cierto punto, hacia mediados de los años 70, el progreso económico se estancó y, a principios de los 90, la URSS fue destruida y se restauró el capitalismo. Además, a lo largo de esos tres decenios, también se dividió y se debilitó el campo socialista y el movimiento obrero y comunista internacional.

Pero, volvamos al momento realmente decisivo: ¿cómo fue posible que cambiara el sentido del desarrollo de la URSS, que la revolución se parase y empezara a retroceder?

En términos abstractos, los fundadores del socialismo científico ya deducían de su conocimiento de la historia que sería difícil que la revolución proletaria triunfase definitivamente desde el primer intento. Así, Lenin pregunta: “En realidad, ¿puede encontrarse en la historia un solo ejemplo de un modo de producción nuevo que se haya establecido de golpe, sin una larga serie de fracasos, de equivocaciones, de caídas y recaídas”[8].

Tratándose de la revolución contra la última forma de explotación del hombre por el hombre, de la revolución destinada a superar 5.000 años de historia, responde: “el proceso de la revolución socialista… no debe considerarse un acto único, sino una época de violentas conmociones políticas y económicas, de lucha de clases enconada hasta el extremo, de guerra civil, de revoluciones y contrarrevoluciones”[9].

Consciente de la enorme complejidad de tareas que el capitalismo impone a la clase obrera, Marx observa tempranamente que las revoluciones proletarias ” se critican constantemente a sí mismas, se interrumpen continuamente en su propia marcha, vuelven sobre lo que parecía terminado, para comenzarlo de nuevo, se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos, parece que sólo derriban a su adversario para que éste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la vaga enormidad de sus propios fines, hasta que se crea una situación que no permite volverse atrás…”[10].

Esta situación que no permita volver atrás no podemos saber de antemano cuál será, salvo que tendrá que ver con un debilitamiento estructural del capitalismo y un alto nivel de aprendizaje teórico y práctico de la clase obrera. Vamos a este último aspecto: ¿qué nos enseña el progreso del socialismo en la URSS y la interrupción del mismo por razones revisionistas?

A mediados del siglo XX, en la Unión Soviética ya no hay propiedad privada sobre los medios de producción ni, por tanto, clases explotadoras. Subsisten tres clases –la clase obrera, el campesinado koljosiano y la intelectualidad- que se consideran amigas porque las tres están interesadas en el socialismo, en no regresar al capitalismo. Pero son tres clases sociales diferentes y diferente es su actitud ante el avance hacia el comunismo. Digamos que la primera está interesada en proseguir el avance hacia el comunismo para liquidar toda la alienación en que se encuentra respecto de los medios de trabajo, mientras que las otras dos perderían determinadas ventajas con relación al resto de la sociedad. Los koljosianos eran propietarios exclusivos de una parte menor de los medios de producción que empleaban, pero con el comunismo se verían privados de esa exclusividad. Los intelectuales tenían un mayor conocimiento y eso les confería cierta autoridad, cierto mando en la organización de la sociedad, a la vez que les evitaba buena parte de la carga del trabajo manual. Entre los intelectuales asalariados (particularmente, los cuadros profesionales del partido, de los sindicatos y del Estado) y los obreros no hay una completa diferencia de clase, pero sí los separa la vieja división entre el trabajo intelectual y el trabajo manual. Como explicaba Engels, la división de trabajo es la base de la división de la sociedad en clases. El mantenimiento de esta división beneficia los intereses corporativos, de corto plazo, de la intelectualidad.

Por supuesto que la mayoría de los koljosianos y de los intelectuales socialistas no oponían resistencia al progreso del comunismo, pero una minoría sí obraría activamente por parar las transformaciones revolucionarias, por revertir algunas de ellas y por consolidar sus ventajas, manteniendo no obstante su adhesión sincera al socialismo hasta entonces edificado (al menos, parcialmente).

Stalin y otros dirigentes del Partido bolchevique sobreestimaron la unidad entre estas clases, aunque reconocieron, con razón, que la lucha de clases continuaba bajo el socialismo. Mientras subsistan las clases sociales, la lucha entre ellas es el motor de la historia. Pero le otorgaban a esta lucha un reconocimiento insuficiente al entenderla exclusivamente como una lucha contra los agentes del imperialismo extranjero, así como “contra los ladrones y dilapidadores de los bienes del pueblo”[11]. No obstante tal limitación -que les empujaba por otra parte a dar palos de ciego en la represión de la resistencia burguesa-, desarrollaron esta lucha suscitando la adhesión a ella de las masas proletarias.

Cuando esta lucha se proscribió, cuando la clase obrera no pudo ejercer más su dictadura sobre la burguesía (los revisionistas pequeñoburgueses proclamaron el Estado y el partido de todo el pueblo), unos pocos obreros se sublevaron y fueron aplastados, mientras la mayoría fue perdiendo la confianza en sus dirigentes políticos ya cómodamente a salvo de la crítica proletaria. Entonces, el estímulo para la producción dejó de ser la emulación socialista en el trabajo y pasó a ser la competencia mercantil por la ganancia privada. En la URSS floreció el mercado negro y en otros países socialistas, el mercado a secas. En todos ellos, florecía sin freno la corrupción de los cuadros políticos y económicos.

Este análisis tiene poco de original: no es sino el fruto de la tentativa de los probados revolucionarios chinos, albaneses, coreanos y cubanos (sobre todo de Che Guevara) por proseguir la marcha hacia el comunismo. En esos intentos, ellos cometieron errores que también deben ser analizados, pero unos errores que no desmerecen los aciertos que tuvieron, además en condiciones nacionales e internacionales quizás más adversas que las de la URSS.

A una escala menor -la de la construcción de un partido revolucionario- los bolcheviques ya enfocaron correctamente este problema cuando empezaban a organizarse y ésta fue una de las razones por las que pudieron desarrollar tanto la revolución. En la última década del siglo XIX, concertaron una alianza con los “marxistas legales” -que eran burgueses- contra el socialismo utópico y antimarxista de los populistas, pero sin perder su propia independencia dentro de esta alianza. Y durante la discusión que sostuvieron con los mencheviques en el II Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, a principios del siglo XX, Lenin alertaba sobre los peligros de la concepción elitista de aquéllos, cuando decían “nosotros no somos siervos”: “En esta frase se trasluce con notable nitidez la psicología del intelectual burgués, que cree estar por encima de la organización y la disciplina de las masas, que se considera un ‘espíritu selecto’. (…) Para el individualismo intelectual… toda organización y toda disciplina proletarias son un avasallamiento feudal. (…) A medida que se estructure en nuestro país un verdadero Partido, el obrero consciente irá aprendiendo a distinguir la psicología del combatiente del ejército proletario de la psicología del intelectual burgués que se pavonea con frases anarquistas; irá aprendiendo a exigir que cumplan sus deberes de miembros del Partido no sólo los militantes de filas, sino también ‘los de arriba’.”[12]

 

Cómo continuar la obra de Octubre.

La URSS de Jruschov y Brézhnev, al igual que los demás países que han llegado a una situación política similar, siguen siendo socialistas mientras los medios de producción fundamentales sigan siendo propiedad del Estado dirigido por el Partido Comunista. La desviación revisionista de la dirección de éste no supone sin más la restauración del capitalismo, al menos por un tiempo. Estado y partido todavía gozan de la confianza de amplias masas obreras y -lo que es más importante- dependen de ellas. Éstas gozan de una situación económica y de una correlación de fuerzas de clase mucho mejores que sus hermanas del mundo capitalista. Por tal razón, estos Estados socialistas merecen nuestro apoyo frente a la burguesía, a la vez que criticamos sus debilidades desde el punto de vista proletario.

Si queremos de verdad continuar la obra de Octubre, tenemos que criticar al revisionismo dialécticamente, sin sectarismo, analizar científicamente todas las revoluciones socialistas habidas y divulgar estos conocimientos a los obreros.

Apoyemos a todos los países que siguen siendo socialistas, pero conscientes de sus limitaciones y, como la Revolución de Octubre, dirigiendo toda nuestra actividad social hacia la conquista de la sociedad comunista completa.

 

Notas:

[1] https://historiaycritica.files.wordpress.com/2014/05/mep-001.pdf

[2] Conferencia de Paz de París, 1919.

[3] Statistics on World Populationhttp://www.ggdc.net/maddison/Historical_statistics/

[4] Una gran iniciativa. Lenin.

[5] “Esto, naturalmente, no podrá cumplirse al principio más que por una violación despótica del derecho de propiedad y de las relaciones burguesas de producción, es decir, por la adopción de medidas que desde el punto de vista económico pareceran insuficientes e insostenibles, pero que en el curso del movimiento se sobrepasarán a sí mismas y serán indispensables como medio para transformar radicalmente todo el modo de producción.” (El Manifiesto Comunista. Marx y Engels).

[6] Los problemas económicos del socialismo en la URSS. Stalin.

[7] http://www.1j4.org/tematica/histsov/constitucion1936.htm

[8] Una gran iniciativa. Lenin.

[9] La consigna de los estados unidos de Europa. Lenin.

[10] El 18 de Brumario de Luis Bonaparte. Marx.

[11] Informe ante el XVIII Congreso del Partido. Stalin.

[12] Un paso adelante, dos pasos atrás. Lenin.

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