Desarrollo de Rusia y del Partido Bolchevique hasta 1905

En la Asociación de Amistad Hispano-Soviética (AAHS) hemos formado un grupo de trabajo para estudiar las bases de edificación del socialismo en la Unión Soviética. Su intención es el estudio completo de la experiencia soviética; de la experiencia de la toma del poder por parte de la clase obrera y de la construcción de la nueva sociedad socialista; de la experiencia y el desarrollo del Partido Comunista y de la lucha de clases. El objetivo final es que toda esta experiencia sea conocida y reconocida, que nadie la tergiverse ni se la robe a la clase obrera, pues es nuestra historia, la historia de nuestra clase. La historia de la revolución y de la construcción del socialismo aún está viva, queremos conocerla como una necesidad de plena actualidad. Aquí os presentamos el primer resultado del trabajo que se está realizando.

  • Desarrollo de Rusia y del Partido Bolchevique hasta 1905

El desarrollo del capi­talismo en la Rusia zarista se produjo después que en Europa occidental y norteamérica. Hasta la década de 1860, había muy pocas fábricas y empresas industriales. Predominaba la economía feudal de los terrate­nientes nobles basada en la servidumbre de la gleba, régimen que obstaculizaba el desarrollo de la industria. El trabajo forzado de los siervos proporcionaba un bajo rendimiento de la producción agrícola que frenaba la formación de un mercado para la industria. Por este motivo, así como por la derrota sufrida en la guerra de Crimea y las “revueltas” campesinas contra los terratenientes, el gobierno zarista se vio obligado a abolir el régimen de servidumbre en 1861.

A pesar de ello, los terratenientes siguieron opri­miendo a los campesinos: al concederles su “liberación”, les arrebataron una parte considerable de las tierras en las que trabajaban (“recortes”) y les cobraron un rescate a cambio de su libertad. Los campesinos se veían obligados a tomar en arriendo las tierras de los terratenientes: unas veces les pagaban una renta en dinero, otras quedaban obligados a trabajar, de balde y con sus propios aperos y ganado de labor, determinada cantidad de tierras de aquél (“pago de trabajo” o “presta­ción personal”), pero lo más frecuente era que el campesino quedase obligado a pagar la renta al terrateniente en especie, entregándole la mitad de la cosecha (“aparcería”). La única ventaja de la abolición del régimen de servidumbre consistía en que ahora el campesino era personalmente libre y no se le podía vender ni comprar como si fuese un objeto. La opresión de los terratenientes impedía a los campesinos mejorar sus explotaciones, por lo que la agricultura rusa no conseguía salir de su atraso, ocasionando malas cosechas y hambrunas. Los residuos del régimen de servidumbre y los enormes tributos pagados al Estado conducían a la ruina y al empobrecimiento de las masas campesinas y obligaban a muchos a marcharse a las fábricas y a las empresas industriales de las ciudades, suministrándoles mano de obra barata.

Los funcionarios del Estado, policías, guardias rurales, gendarmes, etc., tenían por misión defender al zar, a los capitalistas y a los terratenientes contra los trabajadores, contra los explotados. Hasta el año 1903, estuvieron en vi­gor las penas corporales. En la Rusia zarista, los obreros y campesinos carecían hasta de los derechos políticos más elementales.

La Rusia zarista era una cárcel de pueblos. Las numerosas nacionalidades no rusas del país se hallaban completamente privadas de derechos, eran sometidas sin cesar a todo género de ultrajes y humillaciones y el gobierno inculcaba en la población rusa el desprecio y el odio hacia ellos, organizando incluso pogromos de judíos y matanzas entre pueblos. En los territorios no rusos del imperio, todos o casi todos los cargos públicos eran desempeñados por funcionarios rusos, el ruso era la lengua obligatoria en todas las instituciones y estaba prohibido publicar periódicos y libros en las len­guas nacionales o enseñar en las escuelas sirviéndose de la lengua materna. Se aplicaba la política de “rusificar” a la fuerza a las nacionalidades no rusas.

Después de la abolición del régimen de servidumbre, el desarrollo del capitalismo industrial en Rusia siguió una marcha bastante rápida, a pesar de que los residuos del régimen feudal seguían entorpeciendo este progreso. Se formó un proletariado industrial moderno, que se distinguía radicalmente de los obreros de las fábricas del periodo de la servidumbre y de los obreros de las pequeñas industrias artesanas y de toda otra industria, tanto por su concentración en grandes empresas capitalistas como por su combatividad revolucionaria. Este progreso industrial se debió, en primer lugar, a la intensa construcción de ferrocarriles, la cual exigía el desarrollo de la me­talurgia y de la industria del combustible.

En la Rusia anterior a la revolución, lo mismo que en todos los países capitalistas, los años de prosperidad industrial se alternaban con años de crisis industriales y de estancamiento de la industria, que castigaban duramente a la clase obre­ra, lanzando al paro forzoso y a la miseria a cientos de miles de proletarios.

Aunque el desarrollo del capitalismo siguió en Rusia, des­pués de la abolición del régimen de la servidumbre, un ritmo bastante rápido, el país marchaba, en su desarrollo económico, muy a la zaga de otros países capitalistas. La inmensa mayoría de la población seguía viviendo de la agricultura (cerca de cinco sextas partes de la población total de Rusia).

Esto indica que, a pesar del desarrollo que había adquirido allí el capitalismo, Rusia era un país agrario, un país económi­camente atrasado, un país pequeñoburgués; es decir, un país en el que predominaba aún la explotación campesina individual, basada en la pequeña propiedad, de escaso rendimiento.

No obstante, el capitalismo se desarrollaba también en el campo. Los campesinos se fueron dife­renciando, formándose entre ellos diversas capas sociales. Prosperaba una capa superior, los kulaks, la burguesía de la aldea, los cuales se iban convirtiendo en capitalistas agrarios que se enriquecían a costa del trabajo de los jornaleros. Mientras, muchos campesinos se iban arruinando y pasaban a engrosar el número de los campesinos pobres, de los proletarios y semiproletarios del campo. El número de campesinos medios iba disminuyendo de año en año.

La clase obrera de Rusia comenzó a despertar y a luchar contra el capitalismo ya en la década del 70, y sobre todo en la del 80 del siglo XIX. La situación de los obreros bajo el régimen zarista era extraordinariamente penosa: jornadas de trabajo de 12, 14 y 15 horas, incluso para niños y mujeres, aunque cobraran salarios muy inferiores a los hombres; los salarios eran extraordinariamente bajos; no se tomaba ninguna medida de protección del trabajo, lo que originaba accidentes en masa y constantes muertes de obreros; no había seguro obrero, y la asistencia médica sólo la obtenía el que podía pagarla; los obreros vivían hacinados en tugurios, a razón de 10 a 12 personas en cada habitación; los patronos engañaban a los obreros al hacerles la cuenta de los jornales, les obligaban a comprar en las tiendas que ellos mismos explotaban, cobrándoles de más y les sa­queaban por medio de multas.

Los obreros comenzaron a ponerse de acuerdo unos con otros, a presentar conjuntamente al patrono sus reivindicaciones y a organizarse. Y así, surgieron las primeras asociaciones obreras en las décadas de 1870-80. A base del desarrollo del movimiento obrero ruso y bajo la influencia del proletariado de occidente de Europa, se crearon en Rusia las primeras organi­zaciones marxistas.

Quince años después, surgiría el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, y habría que esperar otros 5 a 8 años para se constituyese del seno de aquél el primer partido proletario de nuevo tipo, el Partido bolchevique.

Los anteriores círculos revolucionarios de Rusia profesaban la ideología del populismo, la cual rechazaba el materialismo y se resistía a reconocer el desarrollo del capitalismo y de la clase obrera que se estaba produciendo, pretendiendo a cambio derrocar al zarismo por medio de revueltas campesinas y de la actividad terrorista de unos cuantos héroes. En 1883, Plejánov –que provenía de las filas populistas- organiza en el exilio el grupo marxista “Emancipación del Trabajo”, el cual desplegará una importante lucha teórica contra aquellas ideas falsas y nocivas para la causa de la revolución. A mediados de la década de los 90, Lenin unifica todos los círculos obreros marxistas de Petersburgo en la “Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera” y, desde ella, remata el aplastamiento teórico del populismo, corrigiendo errores de Plejánov quien negaba el papel revolucionario del campesinado. Además, completa la labor de propaganda del marxismo con la labor de agitación de masas dentro de la clase obrera. Esta organización, que llegó a ponerse al frente de varias huelgas obreras, inició pues la fusión del socialismo científico con el movimiento obrero, constituyéndose en el embrión del partido obrero revolucionario en Rusia.

La dispersión ideológica, política y organizativa de los grupos marxistas, así como la represión policial, impedían de hecho su unificación en el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, cuyo primer Congreso fracasó en 1898. Entonces, Lenin concibió un plan de creación del partido en torno a un periódico, “Iskra”, lo defendió frente a sus detractores y lo realizó, hasta hacer posible el Segundo Congreso del POSDR (1903), en un ambiente social marcado por un auge del movimiento obrero entre los años 1901 y 1904. El Congreso aprobó el programa y los estatutos del Partido y creó sus organismos centrales, pero, entonces, la mayor parte de los dirigentes de “Iskra”, encabezada por Plejánov, dio marcha atrás y rechazó los principios organizativos de un partido revolucionario combativo y centralizado, promoviendo la escisión al constituirse en fracción “menchevique” o minoritaria frente a la mayoría “bolchevique”. Con esta división es cómo afrontará el Partido la guerra ruso-japonesa de 1904 y la Primera Revolución rusa de 1905-07.

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