Desarrollo de Rusia y del Partido desde la Primera Revolución (1905-1907) hasta la Guerra Imperialista (1914)

El crecimiento de la lucha de resistencia de los obreros y de las huelgas, junto con la derrota del ejército zarista en los campos de batalla, dio lugar a un movimiento revolucionario de todo el pueblo. La Revolución de 1905-1907 pasó de la huelga general política a la insurrección armada organizada por los Consejos de Diputados Obreros: los “Soviets”. Arrancó importantes concesiones al zar, hasta que éste se rehizo gracias a la firma de la paz con Japón. Esta revolución enseñó al pueblo que el zarismo era el enemigo, que la burguesía liberal prefería la monarquía a la revolución popular, que la clase obrera era el dirigente revolucionario necesario y que el campesinado era la fuerza más importante en quien podía apoyarse el proletariado. Los bolcheviques defendieron el derrocamiento del zarismo por la vía de la insurrección armada, la hegemonía de la clase obrera, el aislamiento de la burguesía liberal, la alianza con los campesinos, la formación de un gobierno provisional revolucionario y el desarrollo de la revolución hasta la victoria final. Al contrario, los mencheviques preconizaban la reforma del zarismo, la alianza con la burguesía liberal y la moderación de la revolución.

Finalmente, la reacción zarista pudo aplastar violentamente la revolución porque la alianza de los obreros y los campesinos sólo había comenzado a fraguarse, y eso se dejaba sentir en la filas mayoritariamente campesinas del ejército; porque la división en el partido obrero de vanguardia producía confusión; y porque el régimen monárquico contaba con el apoyo homogéneo de las potencias imperialistas, hecho que no ocurriría en 1917, cuando éstas se hallaban enzarzadas entre sí en la primera guerra mundial.

A la vista de cómo la fe ingenua de los campesinos en el “padrecito-zar” se disipaba, el gobierno zarista no podía limitarse simplemente a la represión. Recurrió a una maniobra de gran enver­gadura: crearse un fuerte sostén en el campo, bajo la forma de una numerosa clase de burgue­ses campesinos, de kulaks.

El 9 de noviembre de 1906, el ministro zarista Stolypin dictó una nueva ley agraria, la cual venía a destruir el régimen comunal de posesión de la tierra y a concentrar la tierra en manos de los campesinos más ricos. En nueve años (de 1906 a 1915), se separaron del régi­men comunal más de dos millones de explotaciones campesi­nas. El régimen stolypiniano no cambio sustancialmente la estructura económica de los siglos anteriores (en 1913, el sector agrario generaba algo menos de la mitad de la renta nacional y ocupaba a más del 80% de la fuerza de trabajo) y empeoró todavía más la situación de los pequeños campesinos y de los campesinos pobres. El proceso de diferenciación de la masa campesina se acentuó y los choques contra los kulaks y los terratenientes se recrudecieron a los tres años de la reforma. Los campesinos comenzaron a com­prender que no entrarían en posesión de las tierras de los terratenientes mientras existiese el gobierno zarista respaldado por la burguesía liberal.

Después de la revolución, se acentuó notablemente la concentración de la industria, o sea el incremento de las empresas y su acumulación en manos de grupos capita­listas cada vez más fuertes. Aumentó el nú­mero de  monopolios industriales y de grandes bancos, creciendo la importancia de éstos en la industria. Y creció asimismo la afluencia de los capitales extranjeros a Rusia. Por tanto, el capitalismo de Rusia se iba convirtiendo cada vez más en un capitalismo monopolista, imperialista.

el capitalismo de Rusia se iba convirtiendo cada vez más en un capitalismo monopolista, imperialista.

Pero, aunque durante este período Rusia había hecho algu­nos progresos en cuanto a su industria, seguía siendo un país atrasado en comparación con la Europa occidental y dependía del capitalismo extranjero, particularmente de Europa occidental. No existía dentro del país una producción de maquinaria industrial: había que importar todas las máquinas. Esta dependencia se traducía también en el pago de intereses leoninos por los empréstitos extranjeros y en los tratados secretos con los “aliados” por los cuales el zarismo se comprometía a enviar, en caso de guerra, millones de soldados rusos a los frentes imperialistas, para defender las fabulosas ganancias de los capitalistas anglofranceses.

Los años de la reacción stolypiniana se caracterizaron por la persecución de los gendar­mes y de la policía, de los provocadores zaristas y de los ase­sinos de las centurias negras, contra las masas democráticas. A esto se añadió la ofensiva de los patronos de las fábricas y talleres contra la clase obrera especialmente durante los años de estancamiento industrial y de aumento del paro forzoso: “lockouts” (cierres) en masa, “listas negras” contra los obreros cons­cientes y combativos, rebaja de salarios, prolongación de la jorna­da de trabajo a 10  y 12 horas, regreso al sistema de multas en las fábricas, etc.

Tras la derrota de la revolución, dado el reflujo del movimiento obrero y el cansancio de las masas, los bolcheviques cambiaron de táctica y pasaron de la lucha abierta contra el zarismo a la lucha por medios indirectos: mantenían su partido revolucionario ilegal, a la vez que aprovechaban las más pequeñas posibilidades legales para mantener su vínculo con las masas (sindicatos, Duma, asociaciones culturales, etc.), y acumulaban incansablemente fuerzas para el futuro auge del movimiento revolucionario. Se mantuvieron fieles a su programa, debiendo hacer frente a unos cuantos intelectuales desertores del Partido que atacaban al marxismo y sus fundamentos filosóficos, a unos dogmáticos “izquierdistas” que rechazaban la utilización de las posibilidades legales aun a costa de romper los vínculos con las masas, y a los mencheviques empeñados en liquidar el partido revolucionario clandestino y en convertirlo en un partido reformista legal. La Conferencia de Praga del POSDR de enero de 1912 expulsó a estas corrientes oportunistas e inició el desarrollo sin ataduras del partido proletario revolucionario de nuevo tipo, del POSDR (bolchevique), gracias al cual las masas pudieron contar en 1917 con una dirección política capaz de llevarlas a la victoria en la revolución socialista.

Durante los años del nuevo auge revolucionario (1912-14), el Partido bolchevique se puso al frente del movimiento obrero y lo condujo, bajo consignas bolcheviques, hacia la nueva revolución. Luchando contra los enemigos de la clase obrera y contra sus agentes dentro del movimiento proletario, el Partido reforzó sus filas y desarrolló sus vínculos con las masas.

Durante los años del nuevo auge revolucionario (1912-14), el Partido bolchevique se puso al frente del movimiento obrero y lo condujo, bajo consignas bolcheviques, hacia la nueva revolución. Luchando contra los enemigos de la clase obrera y contra sus agentes dentro del movimiento proletario, el Partido reforzó sus filas y desarrolló sus vínculos con las masas. Conquistando la dirección de las organizaciones obreras legales, valiéndose ampliamente de la tribuna de la Duma para la agitación revolucionaria y fundando un diario obrero de masas, “Pravda”, educó a una nueva generación de obreros revolucionarios fiel al internacionalismo y a la revolución socialista, incluso cuando el estallido de la guerra imperialista interrumpió el auge revolucionario e inundó los espíritus de chovinismo.

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