La revisión del Programa del Partido Bolchevique y el ‘economismo imperialista’

Por Pepe Sánchez.

En la VII Conferencia del Partido Bolchevique se aprobaron las Tesis de Abril, proyectadas por Lenin, que mandataban al Partido a la preparación de la revolución socialista. Las Tesis de Abril se convirtieron así en uno de los documentos de línea política más importantes para el triunfo de la clase obrera. Además, en esa misma Conferencia, Lenin propuso la necesidad de revisión del programa del Partido para, por un lado, definir la etapa histórica que marcaba el carácter de la revolución (la parte general del programa); y, por otro lado, para depurar las propuestas tácticas y de transición (el programa político mínimo). Para ello se eligió una comisión dirigida por Sokólnikov, cuyo proyecto se discutiría en el Congreso Extraordinario convocado para octubre (que se retrasaría hasta marzo de 1918 por las tareas de la revolución).

En pocos días la comisión elegida presentó un proyecto de modificación del Programa y numerosos dirigentes intervinieron en la discusión del mismo en los siguientes meses. De esta manera se convirtió en una de las discusiones esenciales, que tenía mucho que ver con el desarrollo de la teoría revolucionaria y que tiene una importancia indudable para definir hoy una estrategia y una táctica para la revolución. En la actualidad hay tendencias dentro del movimiento comunista internacional, las tendencias que aparentan una mayor radicalidad, que mantienen que al haberse mundializado el imperialismo, todo capitalismo es imperialista, por tanto no cabe ya ni contradicciones en su seno ni derecho de autodeterminación; contando con ello, sólo cabe en cualquier lugar y circunstancia la revolución socialista, ya no existe la necesidad de procesos de transición, de táctica y de programa mínimo. Apelando a los principios del marxismo-leninismo, en realidad se aferran a los principios del ‘economismo imperialista’, contra el cual ya luchó Lenin en 1916; incluso antes, en 1914, ya se comenzaban a definir estas tendencias dentro de los teóricos del marxismo, cuando se debatió a nivel internacional los caracteres del imperialismo, como fase superior del capitalismo, y el derecho de las naciones a la autodeterminación. En esa ocasión Lenin tuvo que sacar a la luz los errores de Rosa Luxemburgo y Bujarin, entre otros, los cuales negaban la necesidad de la consigna política del derecho de autodeterminación por considerar al imperialismo como un todo. Estas ideas todavía tenían peso en el Partido Bolchevique en 1917 y tuvieron mucho que ver en la toma de posiciones de los comunistas de izquierda y los trotskistas después de la revolución (‘ningún compromiso’, paz de Brest, debate sobre los sindicatos, la Nep, etc.). Hoy en día, con la ‘crisis del comunismo’, toman nuevo esplendor en ciertos sectores.

La denominación de ‘economismo imperialista’ la puso Lenin al analizar que las posiciones expresadas tenían mucho que ver con las de los ‘economistas’ oportunistas de finales del siglo XIX y principios del XX, pero llevadas al plano de la etapa imperialista. Sería bueno recapacitar sobre ello para construir una política comunista en la actualidad sobre las mismas palabras de Lenin:

El viejo ‘economismo’ de los años 1894-1902 razonaba así. Los populistas han sido refutados. El capitalismo ha triunfado en Rusia. Por consiguiente, no hay que pensar en revoluciones políticas. Reducción práctica: o ‘a  los obreros, la lucha económica; a los liberales, la lucha política’. Es un escarceo a la derecha. O, en vez de la revolución política, la huelga general para la revolución socialista. Es un escarceo a la izquierda […]

Ahora nace un nuevo ‘economismo’, que razona con dos escarceos análogos. ‘A la derecha’: estamos en contra del ‘derecho de autodeterminación’ […]. ‘A la izquierda’: estamos en contra de un programa mínimo (es decir, en contra la lucha por reformas y por la democracia), pues esto ‘contradice’ la revolución socialista […].

Es absolutamente necesario advertir una y otra vez a los camaradas correspondientes que han caído en un pantano, que sus’ ideas’ no tienen nada  en común ni con el marxismo ni con la socialdemocracia revolucionaria. Es inadmisible seguir ‘ocultando’ por más tiempo la cuestión: eso significaría ayudar a la confusión ideológica y orientarla en la peor dirección, en la de las reticencias, los conflictos ‘particulares’, los ‘roces’ insuperables, etc. Por el contrario, es deber nuestro insistir de la manera más absoluta y categórica en la obligatoriedad de meditar y comprender definitivamente los problemas planteados”[1].

Lenin intervino en todo momento en la discusión sobre la revisión del Programa. Ya en la Conferencia de Abril presentó un proyecto a la parte teórica y en los primeros días de junio de 1917 publicó el folleto “Materiales para la revisión del Programa del Partido”. En una de las partes de este folleto (“Consideraciones sobre las observaciones hechas por la comisión de la VII Conferencia de toda Rusia del POSD(b)R”) criticaba la pretensión de la comisión de eliminar del programa el análisis de las características del capitalismo y ‘sustituirlo’ por un análisis del imperialismo como un todo. De la siguiente manera lo explicaba Lenin:

Con respeto a las observaciones sobre la parte general del Programa debo señalar lo siguiente:

“A mi juicio, no es necesario reelaborar toda la parte general del programa. El plan propuesto por la comisión me parece teóricamente incorrecto.

“En su redacción actual, la parte general del programa contiene una descripción y análisis de las características más importantes y fundamentales del capitalismo como régimen económico-social. Estas particularidades no han sido modificadas de raíz por el imperialismo, por la época del capital financiero. El imperialismo es la continuación del desarrollo del capitalismo, su etapa superior, en cierto modo la etapa de transición al socialismo.

“Por eso no puedo considerar como ‘mecánico’ agregar, al análisis de las características fundamentales del capitalismo en general, un análisis del imperialismo. El imperialismo, en realidad, no reestructura ni puede reestructurar de arriba abajo el capitalismo. El imperialismo complica y agudiza las contradicciones del capitalismo, ‘enlaza’ la libre competencia con el monopolio, pero no puede suprimir el intercambio, el mercado, la competencia, la crisis, etc.

“El imperialismo es el capitalismo agonizante, pero vivo aún, el capitalismo moribundo, pero no muerto. La característica fundamental del imperialismo, en términos generales, no son los monopolios puros, sino los monopolios junto con el intercambio, el mercado, la competencia, las crisis.

“Por eso es teóricamente incorrecto prescindir de un análisis del intercambio, de la producción de mercancías, de las crisis, etc., en general, y ‘sustituirlo’ por un análisis del imperialismo como un todo. Porque no existe tal todo. Existe un tránsito de la competencia al monopolio; por eso será mucho más exacto, mucho más fiel a la realidad el programa que conserve el análisis general del intercambio, de la producción de mercancías, de las crisis, etc., agregando las características de los monopolios en desarrollo. Precisamente esta conjunción de los dos ‘principios’ contradictorios, a saber, la competencia y el monopolio, es esencial para el imperialismo, es esto lo que prepara la bancarrota, es decir, la revolución socialista.

“En el caso de Rusia, además, sería erróneo presentar el imperialismo como un todo coherente (el imperialismo en general es un todo incoherente) porque en Rusia hay todavía muchos dominios y ramas del trabajo en estado de transición de la economía natural o seminatural al capitalismo. Son atrasados, son pobres, pero existen y pueden, en ciertas condiciones, ser un factor que demore la bancarrota del capitalismo.

“El Programa parte –como debe partir- de las manifestaciones más simples del capitalismo hasta llegar a las más complejas y ‘superiores’, del intercambio a la producción mercantil, al desplazamiento de las pequeñas empresas por las grandes, a las crisis, etc., hasta llegar al imperialismo, la etapa superior que va creciendo y que ha surgido sólo ahora en los países más avanzados. Así es como suceden las cosas en realidad. Comenzar equiparando el ‘intercambio’ en general con la exportación de capital es incorrecto históricamente y es incorrecto teóricamente.

“Tales son mis objeciones a las observaciones de la comisión[2].

Posteriormente, Bujarin y Smirnov intervinieron en la discusión con diversos artículos proponiendo la eliminación del programa mínimo: solamente era necesario un programa de medidas de transición al socialismo, decían. Lenin lo rebatió en su texto “Revisión del programa del Partido”, en un momento ‘favorable’ para la clase obrera, muy cercana a la revolución (el texto lo escribió Lenin a principios de octubre de 1917).

De la parte general o teórica del programa, pasaremos ahora al programa mínimo. Aquí tropezamos inmediatamente con la propuesta, ‘muy radical’, en apariencia, y muy infundada de los camaradas N. Bujarin y V. Smirnov, de eliminar íntegramente el programa mínimo. Según ellos, la división en programa máximo y programa mínimo es ‘anticuada’. No es necesaria, puesto que hablamos de una transición al socialismo. Nada de programa mínimo; directamente el programa de medidas de transición al socialismo. […].

“Nosotros vamos a la batalla, es decir, luchamos para conquistar el poder político para nuestro Partido.  Este poder sería la dictadura del proletariado y de los campesinos pobres. Al tomar el poder, no tememos de ningún modo rebasar los límites del régimen burgués, sino que, por el contrario, decimos en alta voz, clara, directa y exactamente, que nosotros traspasaremos esos límites, que marcharemos sin temor hacia el socialismo, que nuestro camino pasará por una república de los Soviets, por la nacionalización de los bancos y consorcios, por el control obrero, por el trabajo general obligatorio, por la nacionalización de la tierra, la confiscación del ganado de labor y aperos de labranza de los terratenientes, etc., etc. En este sentido hemos formulado nuestro programa de medidas para la transición al socialismo.

“Pero no debemos cantar victoria antes de la batalla. No debemos descartar el programa mínimo, pues ello sería pura fanfarronada: no queremos ‘pedir nada a la burguesía’, queremos realizarlo todo nosotros mismos, no queremos detenernos en pequeños detalles dentro del marco del régimen burgués.

“Sería pura fanfarronada, pues, en primer lugar, debemos conquistar el poder, cosa que aún no hemos hecho. Debemos primero aplicar medidas de transición al socialismo, debemos llevar adelante nuestra revolución, hasta el triunfo de la revolución socialista mundial, y sólo después, ‘cuando ganemos la batalla’, podremos y deberemos desechar por inútil el programa mínimo […].

“Tomemos el programa mínimo en el aspecto político. Es un programa para la república burguesa. Añadimos que no nos circunscribimos a sus límites, sino que iniciamos inmediatamente la lucha por un tipo de estado superior, la república de los Soviets. Así debemos hacerlo. Debemos encaminarnos a esa nueva república con atrevimiento y resolución, y así será, estoy seguro, como marcharemos hacia ella. Pero de ningún modo se puede rechazar el programa mínimo. Porque, en primer lugar, la república de los Soviets no existe todavía; en segundo lugar, no se excluyen ‘tentativas de restauración’; es necesario primero afrontarlas y vencerlas; en tercer lugar, durante la transición de lo viejo a lo nuevo son posibles ‘tipos combinados’ transitorios […], por ejemplo, una república de los Soviets y una Asamblea Constituyente. Eliminemos primero todo esto y después tendremos tiempo para rechazar el programa mínimo.

“Otro tanto ocurre en la esfera económica. Todos coincidimos con que el miedo a ir hacia el socialismo es una gran infamia y una traición a la causa del proletariado. Todos coincidimos con que entre los primeros pasos fundamentales que se han de dar en este camino deben figurar medidas como la nacionalización de los bancos y los consorcios. Realicemos primero estas y otras medidas similares y después veremos. Estaremos entonces en condiciones de ver mejor, pues la experiencia práctica, que vale mil veces más que los mejores programas, ampliará infinitamente nuestro horizonte. Es posible e incluso probable, y aun indudable, que tampoco aquí podremos evitar los ‘tipos combinados’ de transición. […] Como marxistas que avanzamos con audacia hacia la mayor revolución del mundo, pero que al mismo tiempo enjuiciamos serenamente los hechos, no tenemos derecho a desechar el programa mínimo […]”[3].

El Programa del Partido Bolchevique  (Partido Comunista) jugó un papel esencial para ganar a las masas proletarias, semiproletarias y campesinas para la revolución socialista. Esto solamente puro ser logrado manteniendo la ortodoxia marxista en el análisis de la realidad y expresada en línea política.

[1] “Acerca de la naciente tendencia del ‘economismo imperialista’”. Lenin. OC, Editorial progreso, tomo 30, págs. 62-63. Escrito como réplica a las posiciones del grupo Bujarin-Piatakov.

[2] Lenin, OC Editorial progreso, tomo 32, págs. 157-158.

[3] Lenin. OC, Editorial progreso, tomo 34, págs. 383-386.

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