Socialismo, exigencia de la actualidad y del futuro

La lucha de clases determinó las transformaciones que hicieron mover la rueda de la historia, desde la sociedad primitiva al esclavismo, desde el feudalismo al capitalismo y a partir de la Revolución de Octubre — en este constante y accidentada caminada, marcada a veces por saltos bruscos, avances, retrocesos, nuevos avances, derrotas y victorias — el paso del capitalismo al socialismo, un enorme salto al frente en la conquista de una nueva sociedad.

Con la Revolución de Octubre, al comienzo del siglo XX, por la primera vez en la historia, el sueño, la utopía, la aspiración milenaria de los explotados y oprimidos, que en el siglo XIX asumiría contornos de programa político — en especial con el Manifiesto del Partido Comunista, que Marx y Engels escribieron para la Liga de los Comunistas y que en la Comuna de Paris se materializaría en una primera experiencia histórica, aunque en un corto periodo, de conquista y ejercicio de poder por el proletariado — se convertiría en acción revolucionaria, emprendimiento concreto de la edificación de una sociedad sin clases sociales antagónicas, libres de la explotación del hombre por el hombre, el socialismo, teniendo como perspectiva y horizonte la construcción del comunismo. Y así se iniciaba el camino para una nueva época, “el más gigantesco, audaz y complejo trabajo de transformación social verificado en milenios de la Historia de la humanidad”, como lo caracterizó, un día, Álvaro Cunhal.

La Revolución de Octubre, en la vieja Rusia, no fue un acto aislado, fue un proceso que tiene sus raíces en las luchas populares de la última parte del siglo XIX contra la autocracia zarista, contra el dominio feudal en los campos y por el derecho a la tierra; un desarrollo capitalista que a pesar del atraso general del país, creo un proletariado industrial muy concentrado y organizado en la lucha por el trabajo, por pan y por la paz; en la agudización de los problemas nacionales y en la opresión de los pueblos del vasto imperio ruso; en los terribles sufrimientos provocados por la guerra y en la gran aspiración de las masas populares por la paz; en la “catástrofe inminente” que amenazaba a Rusia y a sus pueblos.

Y lo que marca fundamentalmente la Revolución Rusa es precisamente su carácter histórico universal. Es el hecho de que, correspondiendo a las exigencias del desarrollo social, inaugura una nueva época histórica y confirma las tesis fundamentales del socialismo científico que Marx y Engels fundaron, y que Lenin desarrolló en las condiciones del imperialismo. Fue la primera revolución socialista victoriosa, en que por la primera vez la clase obrera y sus aliados (en primer lugar el campesinado) conquistaron el poder y reestructuraron la sociedad en interés de los trabajadores y de la gran mayoría del pueblo. Con la edificación del socialismo ganó terreno un sistema social alternativo y superior al capitalismo, instaurando un verdadero y genuino poder popular y una nueva forma de democracia participativa — los soviets; promoviendo un fulgurante desarrollo económico (en la industria, y en la agricultura); asegurando derechos y avances en el plano social nunca antes conocidos por la humanidad; originando grandes descubiertas y progresos en la ciencia y en nuevas y revolucionarias tecnologías. Realizaciones, conquistas y avances que, en la opinión del PCP, no oscurecen errores y derrotas, constituyendo, en cambio, experiencias y aprendizajes que continúan repercutiendo en el presente y se proyectan en el futuro.

La actual situación mundial demuestra la naturaleza explotadora, opresora, agresiva y predadora del capitalismo.

Sumergido en su crisis estructural, el capitalismo no tiene nada más que ofrecer a los pueblos, sino la agudización de la explotación, el aumento de las injusticias y desigualdades sociales, el ataque a los derechos sociales y laborales, la negación de las libertades y los derechos democráticos, la usurpación y la destrucción de recursos, la injerencia y la agresión a la soberanía nacional, el militarismo y la guerra —pueblos enteros son condenados al subdesarrollo, a la dependencia, a la opresión nacional. El capitalismo, por su naturaleza, es incapaz de superar sus insanables contradicciones —sobre todo entre el capital y el trabajo, entre el carácter social de la producción y su apropiación privada -, y se lanza a una inexorable concentración de capital y al desorden productivo. Ávido de apropiación y de acumulación de capital, el capitalismo no solo no da respuestas a los problemas de la humanidad, sino que profundiza las desigualdades y las injusticias sociales. El capitalismo es un sistema que está permanentemente en conflicto con las necesidades, intereses y aspiraciones de los trabajadores y de los pueblos.

El PCP —reiterando enseñanzas de las experiencias positivas y negativas de la historia de lucha del movimiento comunista y revolucionario mundial— considera que, por diferentes caminos y etapas, el socialismo se confirma en la actualidad como una necesidad y como objetivo de lucha de los trabajadores y de los pueblos.

En Portugal, la lucha que lleva a cabo el PCP por la defensa, reposición y conquista de derechos, por la satisfacción de las reivindicaciones de los trabajadores y de las poblaciones, la lucha por la ruptura con décadas de las políticas de derecha, con el dominio del gran capital y las imposiciones y condicionalismos externos resultantes de la integración capitalista europea — del Euro y de la Unión Europea -, la lucha por una alternativa patriótica y de izquierda, se inscriben en la lucha por una democracia avanzada que proyecte los valores de la Revolución de Abril en el futuro de Portugal, que a su vez es parte integrante e inseparable de la lucha por el socialismo y el comunismo.

Resolución del Partido Comunista de Portugal (PCP)

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