El modelo económico de Stalin

Publicamos una interesante entrevista sobre el modelo económico soviético en el período de Stalin, sus diferencias con los modelos capitalistas y con el camino seguido por Jruschov y sus seguidores que llevaron a la caída del socialismo. La entrevista fue realizada por Serguei Prokopenko a Tatiana Khabarova (actual presidenta del Comité Ejecutivo del Congreso de los Ciudadanos de la URSS) en directo el 21 de Junio de 2013 en el programa “Resistencia Soviética” (http://video.yandex.ru/users/cccp-kpss/view/5/#). Solamente publicamos una parte de la entrevista, para leerla al completo puede enlazar con la página de Cultura Proletaria, en la siguiente dirección: https://culturaproletaria.wordpress.com/2014/12/05/el-modelo-economico-de-stalin-que-era-como-fue-destruido-cual-es-su-papel-en-el-futuro/

 

Serguei Prokopenko: ¿Es correcto decir que el desarrollo del socialismo, de las relaciones socialistas de producción en la URSS, en total correspondencia con los intereses del pueblo soviético, tuvo lugar únicamente bajo la dirección de Iosif Vissariónovich Stalin?. ¿Que todo lo que sucedió en la URSS después de su muerte influyó en la destrucción deliberada del socialismo, de las relaciones socialistas de producción, lo que, en última instancia, condujo a la derrota del pueblo soviético en 1991?

Tatiana Khabarova: Por supuesto que no se puede decir que después de la muerte de Stalin se asistió a una destrucción total. Aún había una enorme inercia del periodo de Stalin, el pueblo creía profundamente en la construcción del socialismo y del comunismo, trabajaba, había muchas personas honestas, incluso en el partido y en el cuerpo de dirigentes. Por eso, la edificación continuó y se hizo mucho en el periodo post-Stalin. No hablo ni siquiera de la conquista del espacio, pero, por ejemplo, creamos el sistema energético unificado del país, el complejo petrolífero y gasífero, alcanzamos la igualdad militar con los EE.UU., etc. Por lo tanto, el proceso de edificación continuó, pero después del final de la II Guerra Mundial fue desencadenada contra nosotros una nueva guerra imperialista. Después de 1948, como es sabido, el Consejo Nacional de Seguridad de los EE.UU. aprobó la infame Directiva 20/1(1), en la cual se afirma abiertamente que los EE.UU. llevan a cabo una guerra contra la Unión Soviética y que esa guerra es precisamente la destrucción de nuestro sistema social, de nuestro régimen social y de nuestro pueblo. Esta guerra tuvo naturalmente una acción de contención, pero las cosas sólo se fueron de madre completamente cuando la camarilla de traidores, encabezada por Gorbachov y preparada bajo la influencia de los servicios de inteligencia occidentales, consiguió llegar al poder.

 

S.P.: Háblenos, por favor, sobre el funcionamiento del mecanismo económico bajo el mando de Stalin.

T.K.: Propongo que empecemos hablando de la actual crisis económica mundial.
Por supuesto que la propia idea de la propiedad privada está obsoleta, pero hablaremos sobre esto más adelante.
¿Cuál es la causa concreta de la crisis? La causa concreta de la crisis es la “burbuja” del dólar, es decir, la circulación en el mundo de una masa colosal de dólares, que no corresponden con los propios productos. Sin embargo, los dólares circulan como si fuesen una moneda real, es más, como una moneda mundial.
Imaginemos que nosotros dos somos un país normal anterior a la época del “dólar”, es decir, antes de la “burbuja”. Queremos vivir mejor, pero no conseguimos producir más. Así que decidimos imprimir más moneda propia. Pero continuamos sin vivir mejor, porque la inflación se disparó. Con nuestro dinero vamos a un país vecino a tratar de comprar aquello que no podemos producir. Nos responden que tenemos que pagar en oro o nos proponen cambiar nuestro dinero según el patrón-oro. Pero no podemos hacerlo porque no sólo no tenemos oro, sino que nuestra moneda está desvalorizada. Este es el umbral que los EE.UU. superaron cuando impusieron al mundo su dólar, su moneda nacional, en vez del patrón-oro.
Se sabe que los estadounidenses hace mucho tiempo que no producen suficiente en relación a lo que consumen. Pero inventaron este orden financiera mundial único que les permite sustraer de cualquier país todo lo que necesitan y lo que no producen internamente.

 

S.P.: ¿Y qué consecuencias sufren los países que están sujetos al dominio del dólar?

T.K.: En esos países, una parte del producto nacional es destinado al mantenimiento de una divisa extranjera, o sea, el dólar. Esto significa que invierte menor parte a sustentar su propia divisa nacional. También significa que la moneda nacional pierde valor y provoca inflación.
¿Y quiénes son los que, en lo esencial, compran bienes con la moneda nacional? ¿Quién es el que compra en rublos en nuestro país? Pues son los trabajadores, los funcionarios públicos y otros.
Toda la ‘élite’ se abastece en dólares, la inflación no les toca. De este modo, al mismo tiempo que la inflación, sucede una estratificación social anómala, más allá de los límites habituales. El organismo responsable de la lucha contra la inflación es el Fondo Monetario Internacional, una de las estructuras principales del estado mayor del capital transnacional.

 

S.P.: ¿Y cómo lo hace?

T.K.: Todos los días vemos como lo hace. Si hay inflación, esto significa que los trabajadores tienen, supuestamente, demasiado dinero. Entonces es necesario que tengan menos. Cortan los salarios, las pensiones, las becas y el estudio; servicios sociales antes gratuitos, ahora son de pago. Cuando tenga más dinero, ¡entonces pague!… Vemos a todas horas en las pantallas de televisión esta “lucha contra la inflación” del FMI y su defensa por los trabajadores de Europa.
¿Pero será que el problema está en el hecho de que los ciudadanos comunes se hayan “enriquecido”? Por supuesto que no. Lo que ocurre es que sus países son absorbidos por los EE.UU. a través de la ingeniosa invención del sistema del dólar. Con él los EE.UU. obtienen para sí una parte de la riqueza nacional de otros países. Es por esto que la población local tiene necesidades y sufre con la inflación; y en la senda de la inflación surge el desempleo, una vez que, según la receta del mismo FMI, se deberían reducir los puestos de trabajo para reducir aún más la masa salarial.
Por lo tanto, cualquier miembro de la dirección del Fondo Monetario Internacional sabe con seguridad -ya que no puede dejar de saber- que para poner fin a la inflación y, en general, a toda esta pesadilla, sólo es preciso hacer una cosa: reventar la “burbuja” del dólar.
Pero todo el actual “poder” y “prosperidad” parasitaria e injusta de los EE.UU. se basan en la “burbuja”, por eso la defienden con la tenacidad de un bulldog. Mal Strauss-Kahn balbuceó la sustitución del dólar por una “canasta de divisas”, luego le enviaron a una prostituta, con la ayuda de la cual pusieron una cruz en su carrera profesional y política. Y no vale la pena recordar lo que pasó con Saddam Hussein y Gaddafi, quien defendían la adopción de oro en el comercio internacional.

 

S.P.: No veo cómo pasar de aquí al tema de Stalin…

T.K.: Muy simple. El objetivo por el cual Gaddafi y Hussein murieron fue alcanzado por Stalin en 1950. Es decir, retiró al país del FMI, para el cual habíamos entrado en el ambiente de euforia de la posguerra, y estableció el rublo en el patrón-oro. Es decir, blindó totalmente la economía de la URSS contra injerencias externas.
El modelo económico de Stalin, por muy paradójico que pueda parecer, constituye una síntesis objetiva de los mejores logros alcanzados en la época por el capitalismo en su desarrollo económico.
En cualquier corporación capitalista existe un sistema, en dos fases, de formación de precios. Es decir, el beneficio es extraído completamente del precio del producto final que entra realmente en el mercado. Los sectores de la corporación que se ocupan de los procesos intermediarios de fabricación transmiten su producción a lo largo de la cadena tecnológica a través de los llamados precios de transferencia, equivalentes prácticamente al precio de costo. Los precios de transferencia no incluyen, en principio, el componente de beneficio. Los sectores intermedios de producción reciben su parte de beneficio después de la realización del producto acabado.
¿Cuál es la ventaja de este esquema?
Su principal ventaja reside en el hecho de proporcionar la reducción del precio de coste del producto final, ya que el precio del producto final no se carga con el beneficio de los sectores intermedios, con el beneficio, digamos, formado prematuramente.
Y cuanto más bajo es el precio de coste, en condiciones similares de mercado, mayor es el beneficio y la competitividad, ya que permite un mayor margen de maniobra de los precios en el mercado. En caso de necesidad, se puede bajar el precio sin causar un gran daño a la rentabilidad.
En la época de Stalin este esquema estaba generalizado en toda la economía nacional. Pero no se debe deducir de ello que este esquema fuese aplicado siguiendo una decisión particular en consecuencia. Nadie tomó tal decisión, y probablemente ni siquiera el propio Stalin o su círculo pensaron en tal cosa. Se trató de un proceso objetivo, que evidentemente no es tan simple como puede parecer.
En primer lugar, es preciso antes de nada llevar a cabo una revolución socialista, con el fin de que todos los medios de producción se concentren en manos de un sólo dueño, o sea, el Estado, y así transformar la economía nacional en un complejo unificado.
Luego es preciso determinar, dentro del conjunto de la economía nacional, dónde está el producto intermedio y el producto final.
En el conjunto de la economía socialista se definió como producto final los bienes de consumo final. Esto es porque, en última instancia, la economía socialista trabaja para la satisfacción de las necesidades de los trabajadores. Toda la masa de bienes de consumo general es para su producto final.
Los bienes de consumo general son colocados directamente en el mercado y comprados por la población. El precio de los bienes de consumo general debe incluir el ingreso que en principio debe ser el resultado del funcionamiento del complejo económico nacional unificado en el socialismo.
En una economía socialista construida correctamente, solamente los bienes de consumo de la población constituyen mercancías, en el sentido pleno de la palabra, y se subordinan a las relaciones monetario-mercantiles.
En cuanto al producto intermedio, este es constituido por toda la producción destinada al proceso productivo y tecnológico. A excepción de la parte que es exportada y realizada como mercancía en el extranjero, así como aquella que es realizada en el mercado de consumo interno e incluida en la categoría de bienes de consumo de la población (por ejemplo, materiales de construcción, etc.).
Los grandes medios de producción, en general y en su conjunto, no son mercancías en el socialismo. En la URSS nunca lo fueron, si excluimos la iniciativa de Jrushchov de vender maquinaria agrícola a los koljoses, pero este es un tema aparte. En general, se puede decir que los medios de producción no eran vendidos a nadie. Eran financiados, distribuidos según el plan.
Naturalmente que no se debe entender esto como si todo fuese dado gratuitamente a todos. Una parte de estos costos era asumida por las propias empresas y las grandes inversiones de capital eran financiadas por el presupuesto del Estado.

Los grandes medios de producción, en general y en su conjunto, no son mercancías en el socialismo. En la URSS nunca lo fueron, si excluimos la iniciativa de Jrushchov.

S.P.: ¿Puede trazarnos un marco general?

T.K.: Como imagen general tenemos toda la economía nacional transformada en una especie de corporación gigante que trabajaba para abastecer el mercado de consumo interno.
La producción destinada al proceso productivo y tecnológico era transmitida a lo largo de la cadena tecnológica precisamente a precios de transferencia (precio de coste más un beneficio mínimo no superior a un 4,5%). Esta norma de beneficio “mínimo” era igual en toda la economía nacional, es decir, se excluía cualquier manipulación de lucro. El indicador determinante era la reducción del precio de costo.
Estos, nuestros precios de transferencia, eran designados del precio al por mayor de la empresa. No me estoy inventando nada. Puede coger el Manual de Economía Política de 1954 y leer todo con sus propios ojos.
En cuanto a nuestro producto final -bienes de consumo de la población-, entraba en el mercado y aquí se establecía con precios al por menor. Es verdad que los precios en el mercado de consumo eran establecidos por el Estado, pero -como justa e insistentemente subrayó el conocido economista Nikolai Veduta-, no mecánicamente y a lo loco. En el período de vigencia del modelo de Stalin, los precios al por menor constituían realmente precios de equilibrio entre la demanda y la oferta. El precio de los bienes de consumo también incluía, en general, el ingreso que el Estado socialista, como titular de todo el dispositivo de producción del país, podía extraer del funcionamiento de este dispositivo.

 

S.P.: ¿Cómo es eso? Entonces de una máquina de laminación el Estado no podía extraer ningún ingreso, pero lo hacía a través del precio de una caja de dulces…

T.K.: Bueno, si la máquina de laminación era exportada, el Estado extraía ingresos del precio. Pero incluso aunque no fuese exportada, el Estado se quedaba con una parte del llamado beneficio mínimo de la empresa productora. Subrayo que toda la terminología que utilizo era la terminología oficial de la época. Pero repito, el principal componente de formación de los ingresos estaba incluido en el precio de los bienes de consumo.
En las empresas de industria ligera y alimentaria (empresas del grupo B de la producción social) estos ingresos del Estado eran incorporados en los precios de venta de las empresas y se hacía llamar “impuesto sobre las transacciones“.
Me doy cuenta desde ya que esta definición no es correcta, ya que por su naturaleza este componente del precio no era un impuesto. El eminente economista planificador A. V. Batchúrine sugirió que fuese designado ingreso estatal, una vez que el impuesto sobre las transacciones era íntegramente ingresos del Estado.
En la producción del grupo A, el precio de venta (de transferencia) era el precio al por mayor de la empresa, que incluía un beneficio mínimo. El precio de venta de la producción del grupo B era el llamado precio al por mayor industrial, que incorporaba, más allá de un mínimo beneficio, el impuesto sobre las transacciones (vamos a llamarlo así por ahora). Y para ser totalmente exactos, en el precio de venta se añadían los costos de circulación y el beneficio del comercio al por mayor y minorista.

…en la época en que se desarrolló el modelo de Stalin (y en muchos casos, por inercia, hasta mucho más tarde) el precio de coste de absolutamente todo lo que se quiera era sustancialmente más bajo, en algunos casos varias veces, que en el mismo producto fabricado en América o en Europa

S.P.: Nos quedamos con la impresión de que todo esto era un tremendo “asalto” al consumidor. Casi todos los ingresos del Estado provenían de las mercancías que las personas compraban…

T.K.: Nada de eso. En realidad, el resultado era precisamente el inverso. Gracias al hecho de los precios de toda la producción intermedia -recursos materiales y energéticos, máquinas-herramientas y maquinaria, transporte, todo tipo de equipos, instrumentos, combustibles y lubricantes, etc.- estaban prácticamente exentos de componentes de formación de lucro, el precio de coste de los productos finales -bienes de consumo general- era increíblemente bajo. Naturalmente, el precio de coste disminuía en todos los eslabones de la cadena tecnológica.
Una cosa que no comprendo son los lamentos de casi todos los escritorzuelos sobre temas económicos, según los cuales, supuestamente, Rusia no es América y siempre sufrimos (¡y estamos condenados a sufrir!) debido a los precios de costo extremadamente altos de nuestros productos. ¿En qué se supone que se basan? En realidad, en la época en que se desarrolló el modelo de Stalin (y en muchos casos, por inercia, hasta mucho más tarde) el precio de coste de absolutamente todo lo que se quiera era sustancialmente más bajo, en algunos casos varias veces, que en el mismo producto fabricado en América o en Europa. Por ejemplo, se podía dar la vuelta a Moscú en metro en ambas direcciones por sólo cinco kopeks y, a pesar de eso, el metropolitano estaba lejos de tener dificultades financieras. Mientras que en América se paga un dólar por un viaje en una sola dirección y sin trasbordos.
Así, entre el precio de coste del artículo de consumo y su precio de venta había una pesada capa constituida por este impuesto sobre las transacciones. Esto no era ningún “asalto” al consumidor, sino el resultado de una elevadísima eficiencia de la economía socialista, cuando estaba organizada correctamente, de una manera marxista, stalinista.
Por otra parte, es cierto que el Estado recaudaba el impuesto sobre las transacciones, pero luego devolvía una parte a la población en forma de una reducción masiva anual de los precios al por menor. Y no es cierto que la bajada de precios incidiera solamente en el tipo de trabajo invendible, como hoy falsamente se dice, sino que incidía ante todo en los artículos de primera necesidad: pan, sémola, lácteos, carne, patatas, legumbres, azúcar, etc. Se trataba de reducciones significativas del 10% y más.

 

S.P.: Esto era, por lo tanto, una forma bastante eficaz de mejorar el bienestar material de trabajadores…

T.K.: No era simplemente una forma de mejorar el bienestar, sino sobre todo uno de los dos canales principales de distribución a los empleados de su participación en el ingreso proporcionado por el funcionamiento de los medios de producción de propiedad social.
Hoy toda la prensa de “izquierdas” está llena de quejas de que, supuestamente, no existía propiedad social en la URSS y que nadie hasta ahora fue capaz de definir el contenido que debe tener la propiedad social en el socialismo. Disculpen, pero la propiedad social fue una realidad social y económica en nuestro país, en primer lugar durante el periodo de Stalin. Y en cuanto a su definición, nosotros, la Plataforma Bolchevique y, más tarde, el Congreso de los Ciudadanos de la URSS, desde el principio de los años 90 venimos diciendo que la propiedad social existe cuando están socializados no sólo los medios de producción, sino también el superávit [plusvalía], cuando se garantiza que este llega a manos de los trabajadores, como propietarios de todo este patrimonio. Si a estos propietarios se les anuncia el día 1 de marzo de cada año que los precios de toda la economía nacional bajarán, esto significa que su nivel de vida ha aumentado en un 10 o 15%.
Quiero dejar bien claro -tal como he repetido muchas veces en mis trabajos en los últimos veinte años- que, excepto la reducción sistemática y sensible de los precios de consumo, no existe otra manera de que el trabajador común se convierta en propietario de los bienes que le son proporcionados por el funcionamiento de la propiedad social.
Y no vale la pena inventar disparates como depositar una parte de la renta del petróleo en la cuenta personal de cada ciudadano. Hemos visto, a través del ejemplo de la Libia de Gadafi, cual es el resultado de estos pagos muy generosos, cuando a ojos de los ciudadanos se perdió el vínculo entre esos pagos y el resultado directo de su trabajo.
S.P.: Pero dijo que la reducción de precios es sólo uno de los dos principales canales de elevación del nivel de vida…

T.K.: Sí, el segundo canal es el aumento de los fondos sociales de consumo gratuito: instituciones de salud, recreativas, culturales y de instrucción y formación, el desarrollo máximo de las infraestructuras sociales, la construcción de viviendas, la mejora de las condiciones de los pensionistas, etc. Y todo ello a costa del mismo “colchón” del impuesto sobre las transacciones y otros ingresos del Estado.

 

S.P.: ¿Y cuál era la situación en lo que respecta a los precios de la producción agrícola? Los koljoses no eran empresas del Estado.

T.K.: Durante el período de Stalin, los koljoses no eran propietarios de máquinas agrícolas pesadas. La maquinaria agrícola pesada estaba concentrada en las estaciones de máquinas y tractores, las MTS. Las MTS no formaban parte de los koljoses, eran empresas con presupuestos distintos de los koljoses. Por lo tanto, los gastos de la adquisición, mantenimiento y reparación de la maquinaria no eran incluídos en el costo de la producción de los koljoses. Es cierto que pagaban el trabajo de las MTS, pero era mucho más barato alquilar las máquinas que soportar su adquisición, mantenimiento y renovación.
Por lo tanto, en los años en que se aplicó el modelo de Stalin (la gente de las generaciones más viejas recuerda esto), las estanterías de los comercios y los mercados de los koljoses estaban repletos de productos de primera calidad. Al mismo tiempo, los precios bajaban periódicamente. Es preciso acabar con esa falsedad de que, supuestamente, después de la guerra había desnutrición. ¿¡Qué qué!? Ya en 1947 comenzaron las reducciones anuales de precios. Nadie en la URSS pasaba hambre.

Había de todo en todas partes en abundancia. Y los productos eran todos frescos, con una calidad que ni en sueños encontramos en la actual “abundancia”.

 

S.P.: ¿Y cómo echaron todo eso abajo?

T.K.: Apenas murió Stalin, Jrushchev obligó a los koljoses a comprar la maquinaria de la MTS. Esto a pesar de las advertencias categóricas dadas por Stalin en su obra clásica de 1952, Problemas Económicos del Socialismo.
Como resultado, los costos de la adquisición y mantenimiento de los medios técnicos pesados fueron incorporados al costo de producción de los koljoses. No era difícil adivinar que después de esto se pondría una cruz en la política de reducción periódica de los precios de los productos alimentarios, y siguiendo todos los otros bienes de consumo. En lugar de caer los precios surgió (y no podía dejar de surgir) la tendencia de su ascenso constante. Para no sobrecargar demasiado a las personas y evitar excesos como los que tuvieron lugar en Novotcherkassk, los precios de los productos alimentarios comenzaron a ser subvencionados.
Así es como fue coronada la intriga anti-stalinista, y por eso anti-popular: la “almohada” del impuesto sobre las transacciones en el precio de los alimentos fue reemplazada por una “burbuja” de subvenciones.

La “reforma” de 1965 a 1967 completó el desmantelamiento del modelo económico Stalin.

S.P.: Y aún hubo la reforma Kosyguin…

T.K.: La “reforma” de 1965 a 1967 completó el desmantelamiento del modelo económico Stalin. Quebró la “columna vertebral” del modelo, es decir, el principio de no obtención de beneficio en el precio de la producción intermedia.
Las ganancias comenzaron a formarse sucesivamente en todos los eslabones de la cadena tecnológica: no sólo en las empresas sino también en los organismos oficiales. Pero la ganancia real, el ingreso económico, sólo puede ser obtenido en el mercado real. Y como sabemos, no había en nuestro país un mercado real de medios de producción (medios para el proceso técnico-productivo).
Así, para “salir de esta situación”, se determinó que el beneficio en el precio del producto sería proporcional al valor del capital fijo consumido y del capital corriente.
Supuestamente, todo quedaría organizado de manera “inteligente”, como en el capitalismo. Entonces, ¿no es cierto que en el capitalismo el beneficio es constituido proporcionalmente al capital invertido? Pues sí, pero se olvidaron de un “detalle”: en el capitalismo la formación de beneficio en proporción al capital es un proceso objetivo, se realiza en el mercado de medios de producción, en el mercado de bienes de inversión.
¿Dónde se ha visto a un capitalista sacar para si un beneficio en la tranquilidad de su armario?
Repito que en nuestro país este mercado de bienes de inversión simplemente no existía. Por eso fue una estupidez completa haber calculado el beneficio en proporción a los gastos materiales de la producción. Aquí comenzó la debacle de la deficiencia de la economía nacional.

 

S.P.: Ya puedo ver lo que pasó…

T.K.: Por supuesto, aquí lo difícil es no verlo.
¿Para qué hacer una máquina más ligera? Vamos a hacerla más pesada, cuanto más metal se use, más beneficio se incluirá en el precio. ¿Para qué utilizar arena de una cantera cercana? Vamos a hacer que venga de lejos, y así tendremos un poco más de beneficios, etc. Nuestra prensa a finales de los 60 y a principios de los 80 estaba llena de casos como estos.
En las empresas y organismos oficiales apareció dinero en efectivo, lo que era impensable en el periodo de Stalin. En ese momento todos los pagos principales eran hechos en valores nominales. Y donde hay dinero “vivo”, hay desperdicio de recursos del Estado. Recuerdo que mi madre se preguntaba: ¿por qué el director de la fábrica tiene un cuarto de baño al lado de la oficina? ¿Será que no tiene ducha en casa?
También se apresuró en aparecer la economía paralela, una vez que el terreno propicio para desarrollarse es precisamente la posibilidad de desbaratar recursos del pueblo. En la gestión de los valores nominales, la economía paralela no tenía simplemente forma de desarrollarse.
En una palabra, es preciso poner fin a esta habladuría de muchos de nuestros pseudoteóricos, según los cuales la URSS habría sido destruída por la burocracia y por la nomenclatura partidaria, “como clase”.
No disculpo a los burócratas del partido, sin embargo el marxismo nos enseña que es el ser el que determina la conciencia, y no al contrario. Y el ser de la sociedad son la relaciones de producción que prevalecen en ella, empezando por la forma de propiedad. Cambia la forma de propiedad bajo la acción de causas capaces de cambiar (guerras, revoluciones y otras), y las personas cambian radicalmente. Mirando a nuestro pueblo, vimos y vemos cómo pequeños ladrones se han convertido en “oligarcas”. ¿Tal vez algunos de estos individuos serían hoy multimillonarios, si el oponente geopolítico, ganador de la guerra psicológico-informativa, no hubiese introducido la propiedad privada en nuestro país? Seguramente todavía estarían hoy sentados tranquilamente en los lugares que ocupaban en el poder soviético.
Algo similar ocurrió como resultado de la “reforma” de Kosyguin. A pesar de que sus manifestaciones externas parecen completamente absurdas, su concepción no era ninguna idiotez. Por el contrario, se trató de un golpe muy preciso, dirigido con una precisión diabólica al corazón de nuestro sistema económico. Este golpe rompió el vínculo entre la forma de propiedad socialista y su principio correspondiente de extracción de beneficio (y por lo tanto, de la distribución) de los ingresos sociales líquidos.
¿Cómo es que un jefe de laboratorio totalmente desconocido como Berezovsky, se convirtió en un oligarca? Porque desde que fue legalizada la posibilidad de obtención y apropiación de beneficio no socialista, devastadora por su naturaleza de la economía nacional, comenzó a aparecer gente que había pasado por esta vía para aumentar su bienestar personal. Es un proceso objetivo, ¿entiende? Son las dos caras de la misma moneda.
La deformidad de las relaciones de producción generó inmediatamente encarnaciones humanas igualmente deformes.

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