El trotskismo es el enemigo de la revolución proletaria y de los movimientos de liberación nacional (Harpal Brar)

A la luz de lo que ya se ha dicho, es nuestro imperioso deber, camaradas, rechazar al trotskismo, denunciarlo y oponerse al mismo como una ideología burguesa perniciosa. Se trata de una importancia muy particular para nosotros, quienes vivimos en un país imperialista, porque la aceptación del trotskismo por los trabajadores no puede sino conducir a firmar una alianza con su «propia» burguesía imperialista. ¿Por qué? Porque según el trotskismo «el verdadero desarrollo de la economía socialista (…) sólo será posible después de la victoria del proletariado en los principales países de Europa» (citado en Stalin 17-12-1924, p. 137) y además:

«Sin la ayuda directa de Estado por parte del proletariado europeo, la clase obrera (…) no podrá mantenerse en el poder y transformar su dominación temporal en una dictadura socialista estable. No podemos dudar de ello ni por un instante.» (citado en Stalin 17-12-1924, p. 133).

Así, según el trotskismo, la revolución socialista no puede triunfar en los países menos avanzados en el plano del capitalismo; no se puede construir el socialismo en estos países – no sin antes haber logrado «la victoria del proletariado en los principales países de Europa.»

¿Pero que pasaría si el proletariado de un país atrasado lleva a cabo con éxito una revolución, pero su éxito no es seguido por «la victoria del proletariado en los principales países de Europa»? El trotskismo contesta: «si esto no debiera producirse [es decir si la victoria del proletariado en un país atrasado, como era el caso de Rusia antes de 1917, no es seguida por la victoria del proletariado europeo] no hay ninguna esperanza de creer – la experiencia y las consideraciones teóricas dan fe de ello – que la Rusia revolucionaria, por ejemplo [o por la misma razón, cualquier país atrasado] pueda hacerle frente a la Europa conservadora, o que la Alemania socialista pueda permanecer aislada en el mundo capitalista.» (Trotsky 25-5-1917, citado en Stalin 17-12-1924, p.134).

En otras palabras, y en tales circunstancias, el consejo del trotskismo al proletariado victorioso de un país atrasado es: rendíos incondicionalmente – capitulad –, hagan las paces con vuestra «propia» burguesía y con el imperialismo, porque vuestra posición es «desesperada»; ya que en vuestro país, «la experiencia histórica y las consideraciones teóricas dan fe de ello», no os podéis mantener «frente a la Europa conservadora»; porque «la revolución proletaria no puede conocer una conclusión victoriosa en los límites de un solo país», etc., etc.

Esta posición del trotskismo afirmada en la teoría de Trotsky de la «revolución permanente» constituye su verdadera esencia contrarrevolucionaria. Ninguna fraseología ultra-«izquierdista» puede disimular esta esencia contrarrevolucionaria del trotskismo. Es esta misma posición del trotskismo lo que hace del mismo el soporte más activo del imperialismo; si el proletariado victorioso de un país atrasado siguiese este consejo, ello conduciría a la restauración del capitalismo en este país y ello reforzaría al imperialismo. A su vez, el efecto del reforzamiento del imperialismo haría más dificultosa «la victoria del proletariado en los principales países de Europa». Por consiguiente, gracias a este consejo del trotskismo, nunca existiría la dictadura del proletariado en el país en cuestión y nunca nos aproximaríamos hacia una Europa socialista. La consecuencia de ello no podría ser otra que el reforzamiento del imperialismo, e incluso lo pondría en condiciones de poner más fácilmente al proletariado europeo bajo su dominación. El proletariado europeo se aproximará precisamente en el momento en que el imperialismo sea débil, y no después de su reforzamiento. El camino del trotskismo, el camino de la teoría de la «revolución permanente» conduce a la reacción permanente y a la contrarrevolución permanente. Es el camino de la desesperación permanente.

La teoría de Trotsky de la «revolución permanente», con motivo de su rechazo del papel revolucionario del campesinado, pretende que en los países donde el feudalismo sigue siendo la fuerza predominante, el feudalismo sólo puede ser sustituido por un gobierno obrero; en otras palabras, el trotskismo niega las fases de la revolución – niega la fase intermedia de la revolución democrática popular, es decir una revolución que ponga fin al feudalismo, pero que no instaura directamente el socialismo, una revolución que sólo se transforma en socialismo después de haber llevado a cabo con éxito sus tareas democráticas y durante la cual ha tenido lugar el nuevo alineamiento de las fuerzas de clase. El trotskismo niega la teoría de la revolución neo-democrática, que es la teoría marxista-leninista de la revolución por etapas, al igual que la teoría marxista-leninista de la revolución ininterrumpida. El trotskismo cree – y no puede ser de otra manera, dado su rechazo del papel revolucionario del campesinado – que se pueden saltar las fases de la revolución. El resultado de ello contiene dos facetas: 1) prepara hoy las tareas futuras y niega las tareas actuales; y 2) se niega a ofrecer su apoyo a las luchas de liberación nacional, bajo el pretexto de que el programa del Frente Nacional del Liberación de Vietnam del Sur es «burgués». Al proceder de esta forma, el trotskismo actúa como fuerza desorganizadora en el seno del movimiento de solidaridad con los pueblos de los países oprimidos y mete una cuña entre el proletariado europeo y los pueblos oprimidos del mundo que luchan contra el imperialism, prestando así un apoyo poderoso al imperialismo. Éste fue el caso por ejemplo en nuestro país con el movimiento de solidaridad con el pueblo vietnamita.

Los trotskistas, junto con los revisionistas, hicieron lo posible para sabotear el movimiento de solidaridad, y no sin cierto éxito. No voy a escribir aquí sobre la historia del movimiento de solidaridad con Vietnam. Pero es del todo pertinente citar aquí algunos ejemplos que sirven para demostrar las posiciones contrarrevolucionarias hacia las cuales han llegado los trotskistas por el hecho de aceptar la teoría de la «revolución permanente».

Los trotskistas siempre se han negado a apoyar el programa del Frente Nacional de Liberación con el pretext de que se trataba de un programa «burgués». Actúan de tal forma porque al ser unos adeptos de la teoría de la «revolución permanente», que niega el papel revolucionario del campesinado, no reconocen las fases de la revolución vietnamita. Quieren pasar por encima – o eludir – la fase de la liberación nacional. En otras palabras, quieren que el socialismo sea instaurado en la mitad meridional de Vietnam antes de que el pueblo vietnamita haya llevado a cabo con éxito su liberación nacional derrotando a los agresores imperialistas norteamericanos y haya efectuado last areas democráticas de la revolución vietnamita. Según los trotskistas, la dominación del feudalismo y del imperialismo en Vietnam del Sur sólo puede ser sustituida por un gobierno de trabajadores. Esto en apariencia resulta revolucionario, pero en su esencia se trata de una absurdidad reaccionaria. Seguir un camino como el que defienden los trotskistas solo conduciría a una cosa: no solamente no podría ser instaurado el socialismo en Vietnam del Sur, sino que además la liberación nacional misma no podría hacerse realidad. La gran mayoría del pueblo de Vietnam del Sur ha llevado a cabo una batalla gloriosa contra el imperialismo y por la liberación nacional, y lo ha logrado porque estaba de acuerdo y unido en su determinación por ponerle fin a la agresión norteamericana, hacer realidad la liberación del país e instaurar una república democrática popular. En esta fase, un programa socialista sólo tendría como efecto el provocar una brecha en el frente nacional unido contra el imperialismo; en esta fase, un programa socialista prestaría la mayor de las ayudas al imperialismo norteamericano. Nos podemos dar cuenta de ello cuando los trotskistas condenan al FLN, prestando así una ayuda inestimable al imperialismo norteamericano. Para eso sirve toda su verborrea ultra-«izquierdista»: para perturbar gravemente las luchas de liberación por su subordinación al imperialismo.

Los trotskistas jamás han cesado de insultar al gran dirigente del pueblo indochino, el camarada Hô Chi Minh. ¿Qué ha hecho el camarada Hô Chi Minh para merecer un trato así? La razón reside en el hecho de que actuó de manera profundamente revolucionaria, condujo al pueblo vietnamita de victoria en victoria, condujo hacia la instauración del socialismo en la República Democrática de Vietnam y que por lo tanto demostró en la práctica la bancarrota y la naturaleza reaccionaria de la teoría de la «revolución permanente» según la cual el socialismo no puede ser construido en un solo país atrasado. En otras palabras, hizo lo mismo que lo que se hizo en la URSS bajo la dirección de Stalin. ¿Es sorprendente, en este caso, que los trotskistas tilden al camarada Hô Chi Ming de «burócrata estalinista»?

Todo aquel que no esté de acuerdo con la teoría derrotista y reaccionaria de la «revolución permanente» es un «burócrata estalinista» desde el punto de vista de los degenerados trotskistas.

Al tildar a Hô Chi Minh de burócrata y al insultar sin parar al FLN, lo que hacen los trotskistas es presentar a la clase obrera de este país la lucha del pueblo vietnamita como una lucha reaccionaria que no merece por consiguiente que se le apoye. El resultado es que el movimiento de solidaridad es subvertido y que el proletariado británico sigue creyéndose las mentiras difundidas sobre la cuestión por el gobierno imperialista de Gran Bretaña y por la prensa imperialista, que describen al pueblo vietnamita en lucha como asesinos sedientos de sangre que desde hace años cometen agresiones contra los Estados Unidos, ¡y que pretenden que los Estados Unidos no hacen más que librar una guerra defensive! Es fácil que el proletariado de Gran Bretaña crea en estas mentiras por dos razones:

  • porque vive en un país imperialista, y
  • porque hay «comunistas», como los trotskistas, que se hacen eco de las mentiras del imperialismo.

Está claro que en este caso los trotskistas representan un obstáculo de primera importante en el cumplimiento para el proletariado británico de sus deberes internacionalistas proletarios. El proletariado europeo, incluyendo el británico, no podrá nunca hacer una revolución a menos que se impregne completamente del espíritu del internacionalismo proletario, y no antes de asociar su propia lucha a la lucha de los pueblos y proletarios oprimidos por su liberación nacional y por la revolución proletaria, y no antes de prestart una ayuda de la manera más fraternal a tales luchas. Jamás insistiremos lo suficiente en esta verdad. Y toda persona que se ponga en medio del camino del proletariado británico en el cumplimiento de estos deberes atrasará el día de la revolución en nuestro país y es por tanto un contrarrevolucionario. Los trotskistas son precisamente estos contrarrevolucionarios. Lo repito, jamás insistiremos lo suficiente en esta verdad.

Lo que se aplica la lucha del pueblo vietnamita se aplica también, por extensión lógica, a las luchas de los pueblos oprimidos en todas partes, y allí los trotskistas hacen su sucio trabajo exactamente de la misma manera. Para ilustrar la profundidad de la extrema degeneración alcanzada por los trotskistas, me gustaría citar un reciente panfleto publicado por una de estas organizaciones trotskistas, Solidarity. Leyendo este panfleto, uno no puede tener sino sentimientos de repugnancia con respeto a estos trotskistas. Estáis avisados, camaradas. Según este panfleto, la guerra en Vietnam no es una guerra imperialista de agresión impuesta por el imperialismo norteamericano al pueblo vietnamita que ama la paz, sino un «conflicto entre imperialismos». Por consiguiente, insisten los degenerados trotskistas autores de este panfleto, la «izquierda bolchevique» no debería elegir su bando. Después, denuncian aquellos que presentan la guerra de Vietnam como un «esfuerzo unilateral, un producto del ogro americano». El panfleto prosigue denunciando la teoría marxista-leninista de la revolución por etapas: «la experiencia vietnamita (…) demuestra la extrema miseria del enfoque estalinista basado en las “dos fases”.» El panfleto prosigue difundiendo la viciosa mentira que pretende que en 1945, «innumerables trabajadores fueron asesinados por el carnicero Hô Chi Minh (…)». Según los autores trotskistas de este panfleto, «la victoria de un bando o del otro [en la guerra de Vietnam] perjudicará a la lucha por el socialismo mundial». Para camuflar esta falsificación infame, los agentes trotskistas de la burguesía terminan el panfleto haciendo un llamamiento al «establecimiento de la autodeterminación a escala mundial». Para familiarizaros más con el verdadero trotskismo, el trotskismo en su forma contrarrevolucionaria no disfrazada, propongo citar este panfleto en su totalidad. No tengo dudas, camaradas, que cuando hayáis adquirido conocimiento del contenido de este panfleto, comprenderéis plenamente nuestra posición y estaréis de acuerdo con nosotros cuando decimos que el trotskismo es contrarrevolucionario y constituye un apoyo fiable del imperialismo. He aquí el contenido entero de este panfleto:

 

Vietnam – ¿Victoria para quién?

La escalada reciente en la guerra de Vietnam ilustra dolorosamente las realidades de nuestra época; la política de las grandes potencias contra los trabajadores. Hace nueve semanas, la ofensiva del DRVNINLF, lanzada gracias a la ayuda masiva de los rusos y de los chinos contra el régimen de Saigón ha modificado el mapa del sureste asiático. La guerra es un conflicto entre imperialistas y su solución será decidida en Moscú, Washington, Beijing y París en detrimento de las masas de Vietnam, Camboya, Laos y Estados Unidos. Siendo incapaces de comprenderlo, la izquierda bolchevique nos obliga a tomar partido en este conflicto bárbaro.

Esta gente presenta la guerra como un esfuerzo imperialista unilateral, un producto del ogro americano. El bando del DVRNINLF es pintado con colores brillantes: «(…) una victoria vietnamita en el sur constituiría una gran ayuda a la revolución socialista en otras partes del mundo» (Red Mole, 15 de mayo de 1972). IS, temiendo reclutar sobre la base del oportunismo, grita: «¡Victoria para el FNL! ¡Romped el bloqueo de Nixon!» (Socialist Worker, 3 de junio de 1972). Otros, como el PC, hacen un llamamiento por la «paz» y por la aplicación de los acuerdos de Ginebra de 1954. Aquí partimos del postulado que los trabajadores no deberían tener derecho a dar su opinión en el plano de su existencia y que las burocracias políticas deberían negociar en su nombre. Otro postulado es que la lucha por el socialismo en Vietnam «actualmente» está fuera de lugar. Los bolcheviques más degenerados pasan por encima de eso al identificar la «liberación nacional» con el «socialismo». En cada caso, se trata de una falsificación monstruosa.

Estos enfoques son ilustrados con las perlas siguiente: «(…) cuando el problema del poder americano estará solucionado, sabremos qué tipo de régimen y de política elegirá el FNL – y estará obligado a elegir en función de la lógica de su situación. Pero de momento se trata de otra lucha, de la verdadera lucha por el socialismo» (IS 32, «Ni Washington, ni Moscú – ¿Y Vietnam en todo eso?»).

La experiencia de Vietnam (al igual que en España en 1936) demuestra la extrema miseria del enfoque estalinista basado en las «dos etapas» (ambas dirigidas, como es natural, por «el Partido»). ¿Es necesario recordar la Comuna de Saigón de 1945, cuando innumerables trabajadores vietnamitas fueron asesinados por el carnicero Hô Chi Minh en colusión con el imperialismo francés y británico? Allí se había producido un comienzo de insurrección socialista aplastada por los verdaderos gángsters que la izquierda bolchevique apoya de manera tan histérica. El aplastamiento por Hanói de la resistencia campesino a la colectivización en la provincia de Nghe An en 1956 también ha sido olvidado, eligiendo la opción más fácil. La campesinos adolescentes enrolados a la fuerza que hoy mueren en Hue, Kontum y An Loc, dan fe de la dureza de la nueva ofensiva del régimen de Hanói; la población que huye y la falta evidente de apoyo por parte de la población civil son una prueba suplementaria de que la población no tiene nada que ganar con la victoria de uno u otro bando.

¿A qué se deben las mistificaciones de los bolcheviques? Sencillamente esconden la esencia del conflicto: los dos bandos en la guerra de Vietnam representan intereses imperialistas. Aunque la dependencia ideológica y militar del régimen de Hanói con respecto de Rusia y de China sea diferente de la del régimen Thiêu con respecto de los Estados Unidos, la victoria de uno u otro bando se hará en detrimento de la lucha por el socialismo mundial. La victoria del FNL y de Hanói reforzará al imperialismo ruso y chino contra el imperialismo norteamericano. Por lo tanto, un «acuerdo negociado» no hará más que prolongar la guerra para otra generación. Dejamos a los patriotas sociales del capitalismo de Estado la posibilidad de elegir el imperialismo que prefieran. Al igual que pregonan «la victoria del IRA» en Gran Bretaña, pregonan soluciones reaccionarias similares en otras partes del mundo. Su razonamiento es que tales «victorias» debilitan al imperialismo occidental, pero los últimos 50 años de luchas de liberación nacional desmienten tales afirmaciones. Las victorias obtenidas sobre la base del nacionalismo o de la raza no son un eslabón del socialismo, y de hecho refuerza las ideologías burguesas y autoritarias, lo que desmoraliza aún más a los trabajadores.

Creemos que el enemigo principal es interior. Somos partidarios de una campaña eficaz contra la colaboración del gobierno británico con el imperialismo norteamericano en Vietnam. No obstante, esto no supone un apoyo al FNL. Al contrario, ¿qué decir de una manifestación contra la embajada rusa en la avenida de los millonarios?

A fin de cuentas, la única solución para este conflicto bárbaro es una solución socialista: contra el imperialismo norteamericano, con el FNL y los burócratas de Hanói, por la fraternización de las tropas norteamericanas y vietnamitas, por la derrota de los dos bandos en sus países respectivos, por la transformación de la guerra imperialista en guerra civil apoyándose en el clase contra clase – es decir el establecimiento de una autodeterminación a escala mundial.

Este panfleto habla por sí mismo y ningún comentario es necesario con respecto a esta ostentación de trotskismo contrarrevolucionario – ¡no hace más que corroborar lo que ya se ha dicho! Sin embargo, hay dos puntos que me gustaría retomar a modo de esclarecimiento, a fin de desenredar la madeja de confusión propagada por este panfleto.

(1) Los trotskistas de Solidarity, autores del precedente panfleto, describen a otras organizaciones trotskistas degeneradas y contrarrevolucionarias como el Grupo Marxista Internacional (IMG), responsable de la publicación de Red Mole (topo rojo) y los Socialistas Internacionales (IS) que publican Socialist Worker como «izquierda bolchevique». Se trata en realidad de un intento por hacer pasar a organizaciones burguesas y contrarrevolucionarias por organizaciones de tipo bolchevique y sembrar la confusión entre el trotskismo contrarrevolucionario y el bolchevismo revolucionario, es decir el leninismo. La realidad es que en su conjunto, estas diversas organizaciones trotskistas no constituyen la izquierda bolchevique sino la derecha menchevique.

(2) Los autores de este panfleto mencionan diversas citas sacadas de Red Mole y de Socialist Worker en un esfuerzo por demostrar que IMG y IS apoyan la lucha del pueblo vietnamita contra la agresión imperialista norteamericana y a favor de su liberación nacional. Esto no es verdad. IMG y IS no apoyan la lucha de liberación nacional del pueblo vietnamita. Como han dicho anteriormente, durante años han estado denunciando al FNL y han arrojado avalanchas de insultos contra el gran dirigente del pueblo vietnamita, el camarada Hô Chi Minh. Gente como Tariq Ali de IMG y otros impresentables de IS, de la Liga Laborista Socialistas, etc., han condenado a menudo al camarada Hô Chi Minh como «burócrata estalinista». Se desmarcaron de la gran manifestación del 27 de octubre de 1968 a favor de Vietnam y contra la agresión imperialista norteamericana y se han negado a marchar hacia la embajada estadounidense. En lugar de ello, se llevaron a 50 000 personas a una comida popular en Hyde Park Corner. Se han negado a aceptar las tres consignas de la manifestación, a saber «¡Agresores norteamericanos, fuera de Vietnam enseguida!», «¡Por la victoria del FNL!» y «¡Larga vida a Hô Chi Minh!». Tariq Ali no estaba de acuerdo con la segunda y la tercera consigna con el pretexto de que el programa del FNL era burgués y que Hô Chi Minh era un burócrata estalinista. Le dijimos que si éste era su sentir, no tenía más que llevar una pancarta con las consignas que reflejen sus opiniones. Huelga decir que no se atrevió a hacerlo. Si hubiese llevado esta pancarta, las miles de personas reunidas para la manifestación lo habrían linchado. En lugar de ello, sufriendo la presión de la multitud de militantes y frente a las cámaras de televisión, Tariq Ali nos ofreció un ejemplo de su hipocresía gritando consignas como «Por la victoria del FNL» y «Larga vida a Hô Chi Minh». Todo ello se hizo con el fin de confundir a las masas y estar en medida de desvirtuar con éxito el movimiento de solidaridad.

Es inconcebible que los mismos trotskistas hayan modificado su línea tan bruscamente. Si lo hubiesen hecho, tendrían que haberlo dicho. Si realmente hubiesen tenido la intención de modificar su línea, en este caso habrían dejado de ser trotskistas. En realidad no han cambiado en absoluto su línea. IS «apoya» al FNL, si recogemos el texto del panfleto de IS 32, porque piensa que el FNL está comprometido con la instauración del socialismo sin pasar por las etapas necesarias. En realidad, esto no constituye un «apoyo» al FNL, sino un intento desesperado de explicar el comportamiento anterior de IS y salvar a la teoría de la «revolución permanente» de su naufragio final. Años de lucha han demostrado la justeza absoluta del programa del FNL y la bancarrota no menos absoluta de la línea trotskista. En lugar de admitir hoy esta bancarrota del trotskismo, es decir la de su propia línea a lo largo de los años, y renunciar a ella definitivamente, los trotskistas de IS siguen deformando la línea y el programa del FNL. Hasta los autores de este panfleto son capaces de ver claramente esta distorsión, y compitiendo con IS, de catalogar a sus responsables de «bolcheviques degenerados», es decir trotskistas degenerados. El socialismo se instaurará en Vietnam, pero solamente después de que el pueblo vietnamita haya pasado por la fase de su liberación nacional y haya hecho realidad las tareas democráticas de la revolución vietnamita. Ésta es la sencilla verdad, señores trotskistas, una verdad que nunca habéis comprendido nunca y que en el futuro no comprenderéis nunca a menos que dejéis de arrodillaros con devoción ante esta «absurda teoría izquierdistas de la “revolución permanente”» (Lenin 5 – 1914ª, p. 364).

De igual manera, IMG no apoya tampoco al FNL. Tanto IS como IMG «apoyan al FNL», pero no por lo que defienden en realidad, sino por lo que ellos piensan que defiende, y esto no es en absoluto lo mismo. Recientemente, publicaron un material que da la impresión de que los trotskistas han empezado a «apoyar» al FNL porque este último ha abandonado sus antiguas posiciones y ha adoptado la línea trotskista. Nada podría estar más alejado de la verdad que esta sugerencia absurda. ¿Cuál es en este caso la verdadera razón del «apoyo» aparente que los trotskistas de IMG y IS han aportado recientemente al FNL? La razón es que el FNL está al borde de la victoria: siguiendo su programa correcto, han vencido a los agresores imperialistas norteamericanos. Ésta es la razón por la cual los trotskistas se han apresurado por unirse a la inminente victoria total del pueblo vietnamita. Tienen prisas por presentar esta victoria, que han intentado sabotear por todos los medios, como su propia victoria, resultado de sus acciones de «solidaridad».

Y lo que es más, el cambio de dirección de la línea trotskista con respecto a Vietnam coincidió con la visita de Nixon a China. Los trotskistas han hecho propaganda con el fin de que los chinos se encuentren con Nixon y lleguen a un «arreglo» con respecto a la cuestión de Vietnam por encima del propio pueblo vietnamita. Esto hacía parte integral de su propaganda cotidiana contra este bastión del socialismo. La verdad es que el gobierno, el partido y el pueblo chinos han demostrado en la práctica que eran los aliados más fiables del pueblo vietnamita y que jamás llegarán a un «arreglo» con el imperialismo norteamericano en detrimento del pueblo vietnamita. Nixon fue a China en reconocimiento de la posición de debilidad del imperialismo norteamericano. Éste ya no puede negarse a reconocer la realidad de la existencia de China. Nixon puede haber esperado todo tipo de «arreglos» (todos los reaccionarios lo hacen), pero es una certeza que no han obtenido el menor arreglo en China. A fin de difamar a China y difundir calumnias malintencionadas contra China, los trotskistas han empezado a chillar que «los burócartas chinos liquidan por completo la lucha del pueblo vietnamita». A fin de poder hacer tragar estas calumnias malintencionadas, los contrarrevolucionarios trotskistas tenían que dar la apariencia de apoyar al FNL. Allí está la explicación de este asunto. La realidad es que son los burócratas trotskistas quienes, a lo largo de todo este asunto, han hecho lo posible por minar la lucha del pueblo vietnamita. Los camaradas chinos, por su parte, han aportado su apoyo caluroso, tanto material como político, al pueblo vietnamita.

Aparte de las razones mencionadas anteriormente, también deberían rechazar al trotskismo porque, según él, una victoria el socialismo no es posible en un solo país, incluso si este país es el más avanzado en el plano del capitalismo, porque «no hay ninguna esperanza de creer (…) que la Rusia revolucionaria, por ejemplo, pueda hacerle frente a la Europa conservadora, o que la Alemania socialista pueda permanecer aislado en el mundo capitalista.» (Trosky 25-5-1917, citado en Stalin 17-12-1924, p. 134).

En otras palabras, si el proletariado británico tuviese éxito a la hora de derribar el capitalismo e instaurar la dictadura del proletariado, todo estaría perdido a menos que la victoria del proletariado británico sea seguida por la victoria del proletariado de otros «países europeos importantes» y, tal vez, del de los Estados Unidos igualmente. Lo que quiere el trotskismo, por consiguiente, es una victoria simultánea a escala mundial del socialismo. Es imposible, porque se trata de una utopía pura y simplemente. La revolución proletariado no puede triunfar en todos los lugares del mundo de una sola vez; será triunfante, dice el leninismo, primero en un solo país o en algunos países, y luego, eventualmente en otros países y, eventualmente, en todos los países del mundo. En realidad, podemos decir que «la experiencia histórica y las consideraciones teóricas dan fe de ello», la revolución mundial no se hará realidad simultáneamente. Debido a que el curso de la revolución no se desarrolla según los esquemas preconcebidos del trotskismo, éste último, en lugar de admitir su propia bancarrota, preconiza que no se defiende ninguna revolución – que no se construya el socialismo en países tomados aisladamente. Y si los revolucionarios no aceptan su consejo, son por consiguiente «traidores y burócratas estalinistas» que «traicionan la revolución». He aquí la naturaleza reaccionaria del trotskismo.

En resumen, camaradas, deberíamos denunciar el trotskistas y oponernos al mismo, porque se trata de una ideología burguesa hostil a la construcción del socialismo y la liberación nacional – una ideología que constituye uno de los apoyos más fiables del imperialismo. Debemos dirigirnos al proletariado consciente de su clase y ayudarle a formarse en un espíritu de intolerancia con respecto a la ideología burguesa del trotskismo. Es nuestra tarea enterrar de una vez por todas esta ideología. Si esta serie de conferencias contribuye a ello, y éste es su objetivo principal, nosotros, la Asociación de los Trabajadores Comunistas, consideraremos que habrá sido un honor haber jugado en ello un cierto papel.

[Traducción del francés realizada por Alexandre García].

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