El terror masivo de 1937-38 en la URSS

Publicamos a continuación los dos últimos capítulos del reciente libro del investigador estadounidense Grover Furr, titulado “Yezhov contra Stalin”, editado por Delga en Francia. Han sido traducidos del francés por Alexandre García. Pertrechado con las pruebas más recientemente dadas a conocer, el autor nos invita a discernir entre 1) la violencia revolucionaria dirigida a defender la edificación socialista de sus enemigos (que son reales y poderosos) y 2) la violencia contrarrevolucionaria abierta y también conspirativa que se propone destruir el poder de la clase obrera y el socialismo.

 

Lo que pasó realmente

Según el modelo dominante de la historia soviética de los años 30, las conspiraciones alegadas por el gobierno estalinista fueron todas falsificaciones. La conspiración que condujo al asesinato de Kirov, las conspiraciones que los acusados de los tres juicios de Moscú confesaron, la conspiración militar del asunto Tujachevski, todas ellas jamás existieron. Todas eran fabricaciones montadas contra personas inocentes, y todas atribuidas a Stalin. Michael Ellman considera que la “yeshovshtshina” tendría que llamarse “stalinshtshina” porque, según él, Stalin lo planificó todo, siendo Yezhov un simple instrumento. Varios historiadores anticomunistas clásicos o “tradicionales” sostienen que el “Gran Terror” comenzó a partir de 1934 en lugar de en 1936.

Esto no es historia. Se trata más bien de deducciones a partir de hipótesis sólidamente ancladas pero manifiestamente falsas. Si, siendo cautivo del paradigma anti-Stalin, se cree a priori que ninguna de las conspiraciones supuestas ha existido, de ello se infiere que todo eran invenciones del NKVD soviético y de los fiscales. Si se cree a priori que Stalin era un “dictador” todopoderoso, de ello se infiere que nada pudo ocurrir sin su acuerdo. Igualmente, las represiones de masas no podían detenerse sin que Stalin haya decidido que ya no eran necesarias y que podría volverse peligroso que continuasen.

Toda esta línea de pensamiento se basa en un paradigma que se opone a una evaluación objetiva de las pruebas disponibles. Representa un verdadero triunfo de la ideología anticomunista sobre la objetividad y se ve contradicha por todas las pruebas. Tenemos una cantidad enorme de elementos sobre todas y cada una de estas conspiraciones. Sabemos que Stalin no era un dictador y que a menudo no podía obtener lo que quería, las elecciones abiertas a los soviets son el ejemplo más claro en nuestro debate.

Al dibujar lo que hemos llamado el “paradigma anti-Stalin”, la historiografía soviética clásica sigue imperativos políticos y anticomunistas. Demonizar a la Unión Soviética tiene una función de propaganda que sigue siendo la función primera del campo de la historia soviética, como lo ha sido siempre.

Se supone que los historiadores deben ser objetivos, poner en tela de juicio sus ideas preconcebidas y los paradigmas que nutren estas ideas, moldearlas en relatos explicativos; dar un lugar más generoso a las pruebas que contradicen sus ideas preconcebidas y leer con una actitud particularmente escéptica un elemento de prueba que parece reforzar sus propias ideas preconcebidas. Si un historiador no empieza su investigación con la voluntad de ser objetivo, de descubrir la verdad en función de las mejores pruebas y de la inducción lógica a partir de estas pruebas, entonces este historiador no tendrá ninguna oportunidad de encontrarse con la verdad y lo que “descubrirá” no será la verdad.

He aquí por qué los historiadores tradicionales de lo que se ha llamado el “gran terror” no han logrado rendir cuentas de estas represiones masivas de una manera que tenga en cuenta las pruebas. La historiografía tradicional ha optado por no hacerlo.

 

¿Qué pasó realmente?

 

Las pruebas que ya están disponibles sugieren que las represiones del periodo 1934-1938 han visto las evoluciones políticas que siguen en el partido bolchevique:

El descubrimiento progresivo de una vasto complot por parte de numerosos bolcheviques de primer plano contra el gobierno de Stalin. Estas conspiraciones se han desarrollado a partir de las oposiciones de las facciones del periodo post-revolucionario y se volvieron particularmente agudas durante los años 1920. Tras la derrota de la Oposición unida en 1927 con la expulsión, y después la “capitulación” de la mayoría de sus miembros y la expulsión de León Trotski de la URSS en febrero de 1927, las facciones de oposición, que ya tenían una existencia clandestina, conocieron un periodo de desorganización.

Se reagruparon en 1931-1932 en un “bloque” de zinovievistas, trotskistas, derechistas y otros oponentes. Este término de bloque ha sido utilizado por todas las partes, incluyendo sus participantes y el ministerio público soviético. El bloque planificó primero acceder al poder cuando el gobierno soviético se hundiera bajo la presión de la industrialización rápida y la oposición a la colectivización, o cuando el gobierno de Stalin no consiguiera hacer frente a un ataque de las potencias capitalistas.

En 1933 se hizo muy claro para los dirigentes del bloque que el gobierno estalinista había sobrevivido a la crisis con éxito y no se hundiría, al mismo tiempo que las potencias capitalistas no habían jugado su papel de invasores. El bloque se orientó entonces hacia una táctica de golpe de Estado y asesinatos en el entorno de Stalin como única manera de alcanzar el poder. Hubo contactos y acuerdos concluidos con, al menos, Alemania y Japón, y también con Inglaterra y Francia para ser reconocidos, una vez realizado su golpe de Estado.

Este plan conoció un principio de puesta en marcha el 1º de diciembre de 1934, con el asesinato de Serguei Mironóvich Kírov, primer secretario del Partido bolchevique de Leningrado, asesinado por un grupo zinovievista clandestino. Otros grupos en el seno del bloque, como los derechistas y los trotskistas, sabían que este intento de asesinato estaba planificado y preparaban su propia tentativa, o habían decidido no intervenir. Se suponía que el asesino zinovievista, Leónid Nikoláyev, tenía que suicidarse inmediatamente después de haber matado a Kírov. Su intento de suicidio fracasó y fue capturado e interrogado.

Debido a que no debía sobrevivir, no tenía una “coartada” preparada y sus intentos por componer una historia improvisada estaban llenos de contradicciones. Los investigadores del NKVD siguieron haciendo que Nikoláyev hablara. Después de algunos días, había denunciado a algunos de sus cómplices, que a su vez fueron arrestados e interrogados. Muy rápidamente, los investigadores obtuvieron suficientes testimonios para acusar a los catorce miembros del grupo zinovievista de Leningrado y para demostrar que Zinóviev, Kámenev y algunos de sus cómplices, que estaban todos en Moscú, conocían la existencia del grupo de Leningrado. El NKVD no pudo demostrar que Zinóviev y Kámenev eran cómplices del asesinato de Kírov, pero solamente porque Guénrij Yagoda, el jefe del NKVD, estaba él mismo implicado en la conspiración. No obstante, ellos y algunos de sus cómplices fueron condenados por haber omitido denunciar al grupo de Leningrado y fueron simplemente condenados a penas de prisión.

En 1935 se descubrió una conspiración en el seno de la biblioteca del Kremlin. Esto condujo a sospechas adicionales contra Zinóviev y Kámenev, sabiendo que algunos parientes de este último estaban implicados. Esto condujo también a sospechas contra Avel Enukidze, que era el responsable del personal de la biblioteca.

A principios de 1936, la investigación sobre el asesinato de Kírov fue retomada, conduciendo a más arrestos y confesiones. En julio ya había bastante información para deducir la existencia de una conspiración mucho más amplia, implicando a los zinovievistas y los trotskistas. A finales de julio, Zinóviev y Kámenev, confrontados a algunos de sus cómplices que les acusaban, confesaron estar directamente implicados en el asesinato de Kírov. De allí resultó el primer juicio de Moscú de agosto de 1936. Los acusados en este juicio identificaron a otras personas que componían un grupo de reserva, o “paralelo”, en el cual también fueron citados Karl Radek, Yuri Piatákov y Grigory Sokólnikov, Bujarin y Rykov. El 26 de septiembre de 1936, Guénrij Yagoda fue sustituido como jefe del NKVD por Nikolai Yezhov. El segundo juicio de Moscú de enero de 1937 condujo a la ejecución de la mayoría de los acusados, incluyendo Piatákov, y a la cárcel para los demás.

Mientras tanto, Bujarin y Rykov, como dirigentes derechistas, fueron denunciados por un elevado número de sus antiguos partidarios. Las pruebas contra ellos constituyeron el primer punto del orden del día de la sesión plenaria del comité central de febrero-marzo de 1937. Después de tres días de discusiones y acusaciones, Bujarin y Rykov fueron arrestados y encarcelados.

Stalin había previsto una nueva redacción de la constitución soviética desde al menos 1935. En marzo de 1936 concedió una entrevista al magnate de la prensa estadounidense Roy Howard en la cual, siendo demasiado confiado en lo que respecta al voto del comité central, prometía elecciones abiertas a los órganos legislativos, los soviets. La constitución fue redactada y adoptada en 1936. Pero en la sesión plenaria del comité central de febrero-marzo, los miembros del comité central se mostraron muy opuestos a la nueva constitución. La mayoría de los que tomaron la palabra alertaban contra la hostilidad de la población y los grupos anticomunistas, incluyendo a los kulaks, los religiosos, los antiguos guardias blancos y los miembros del partido social-revolucionario, que ya estaba en la ilegalidad.

Estaba claro que la mayoría de los miembros del comité central no querían elecciones abiertas en estas circunstancias. Stalin y sus partidarios estaban a favor de elecciones abiertas, pero manifiestamente no convencieron a la mayoría de los miembros del comité central. No se trata de inmiscuirse en este debate, porque las dos partes tenían argumentos defendibles. Se trata más bien de subrayar que el papel de Stalin no era más que un papel de dirección. Stalin no poseía poderes dictatoriales[1].

El 1º de marzo de 1937, Guénrij Yagoda fue arrestado. Había sido implicado por testimonios durante el segundo juicio de Moscú y, evidentemente, por testimonios ulteriores de otras personas interrogadas. En abril de 1937, Yagoda había empezado a describir su propia implicación en la conspiración de derechas y su conocimiento previo del plan de asesinato de Kírov.

En abril y mayo de 1937, los investigadores del NKVD habían obtenido suficientes testimonios de militares implicados en las conspiraciones ya descubiertas para arrestar a algunos de los principales jefes militares, entre los cuales se encontraba el mariscal Mijaíl Tujachevski. Cuando los investigadores fueron a interrogar a Ian Gamarnik, jefe de la dirección política del Ejército Rojo, éste se suicidó. A finales del mes de mayo y principios de junio, Tujachevski y otros siete fueron juzgados, confesaron durante el juicio y fueron condenados y ejecutados.

Durante la primera semana de mayo de 1937, la rebelión de las “jornadas de mayo” estalló en Barcelona. Entre sus dirigentes se encontraban personas que habían sido trotskistas desde hacía mucho. En el segundo juicio de Moscú, en enero de 1937, Karl Radek había llamado a los trotskistas en España a detener su complot contra la República española, o de lo contrario sufrirían las consecuencias. El NKVD había obtenido la información según la cual se trataba de agentes alemanes y franquistas que habían intentado provocar esta rebelión. Durante una reunión con oficiales a principios de junio, Stalin declaró que los partidarios de Tujachevski querían hacer de la Unión Soviética “otra España”, apuñalándola por la espalda cuando fuese atacada por las potencias fascistas.

A partir de abril de 1937, numerosos interrogatorios hechos a miembros de alto rango del gobierno bolchevique y responsables del Partido obtuvieron las confesiones del hecho de que formaban parte de la conspiración de derechas. El 2 de junio de 1937, Bujarin rompió su silencio y empezó a hacer confesiones muy espectaculares sobre su propia culpabilidad en esta misma conspiración de derechas. En junio de 1937, en el pleno del Comité Central, 15 miembros del Comité Central y 16 miembros suplentes fueron depuestos de sus cargos. Anteriormente, en 1937, 5 miembros y 5 suplentes habían sido expulsados, es decir un total de 20 miembros y 21 suplentes desde el inicio del año 1937. Durante el resto de 1938, otros 18 miembros y 15 suplentes fueron expulsados. En total, 38 miembros y 36 suplentes. Por mucho que podamos decir, poca información ha sido comunicada con respecto a algunos de ellos, todos fueron depuestos de sus cargos por haber participado en la conspiración clandestina del bloque trotskista-derechista. Al final del pleno de junio de 1937, la conspiración derechista-trotskista y la conspiración militar, que estaba ligada a la misma, estaban a la defensiva. Otros diez miembros fueron depuestos del Comité Central en diciembre de 1937 y otros dos a principios de 1938, es decir un total de 50. El tercer juicio de Moscú, en marzo de 1937, el juicio a las derechas trotskistas, de las que Bujarin, Rykov, Yagoda y Cristian Rakovski son tal vez los acusados más conocidos, fue el punto culminante de la destrucción de la conspiración del bloque.

 

Elecciones

 

El día anterior al inicio del pleno del Comité Central de octubre de 1937, Stalin y el Politburó cesaron en sus esfuerzos por imponer las elecciones abiertas requeridas por la nueva constitución de 1936. Es posible que los miembros restantes del Comité Central, ayudados por el NKVD, hayan reprimido hasta tal punto a los votantes potencialmente hostiles, los lichentsy. No obstante es importante darse cuenta de que no disponemos de ninguna prueba de que haya ocurrido así. Tras el pleno del Comité Central de octubre de 1937, esto ya no habría tenido sentido.

No cabe duda de que los miembros del Comité Central, en febrero-marzo y en junio de 1937, se opusieron a elecciones abiertas a los soviets. Esta oposición está sólidamente documentada. Pero la represión, es decir el asesinato de masas y el encarcelamiento de masas de los electores potencialmente hostiles, para impedir una toma del poder hostil en el seno de los soviets, no tiene ningún sentido tras octubre de 1937, cuando ya no podía haber elecciones abiertas.

En enero de 1938, Pavel Postychev fue duramente criticado y expulsado del Politburó, y después en febrero de 1938 fue detenido y finalmente juzgado y condenado por haber formado parte de la conspiración de derechas. Según los elementos de prueba de que disponemos ahora, Postychev reprimía a los miembros del Partido, en particular a los cargos responsables. La principal resolución del pleno del Comité Central de enero de 1938 apuntaba a una expulsión masiva injustificada de miembros del Partido por altos dirigentes.

Por los escasos documentos de que disponemos hoy, Postychev había aterrorizado igualmente a otras muchas personas. Según un recuento proveniente de estos elementos de prueba, entre junio de 1937 y enero de 1938, cuando fue depuesto de sus funciones, Postychev había perseguido a 34.540 personas por infracciones penales y había ejecutado a alrededor de 5000 de entre ellos. Stalin declaró que Postychev estaba ejecutando a toda la dirección del Partido y destruía el Partido por motivos fútiles, véase inexistentes.

Las acciones de Postychev en Kuibyshev son compatibles a la vez con su pertenencia a la conspiración de derechas y con su intervención en el tipo de ejecuciones ilegales masivas de personas inocentes, por los motivos más ínfimos o sin ningún motivo, que Frinovski y Yezhov reconocieron como parte de su conspiración en el interior del NKVD. Postychev reconoció esta acusación, que confesó en abril de 1938 y, evidentemente, ésta es la razón por la cual Molótov y Voroshílov fueron a verle en prisión para oír de sus propios labios que era culpable.

Postychev pudo haber dicho la verdad. Pudo haber sido forzado a confesar por Yezhov, después de haber sido desenmascarado en el pleno del Comité Central de enero de 1938. Por consiguiente, parece que al menos algunos miembros del Comité Central reprimían a miembros del Partido. Fue después de la derrota de la conspiración de Tujachevski que, según Yezhov, Postychev empezó con sus represiones masivas de ciudadanos soviéticos inocentes, de los cuales los miembros del Partido parecen haber constituido una muy pequeña proporción.

 

Conclusión

 

La única conclusión que podemos sacar, apoyándonos en pruebas, es que los asesinatos en masa de varias decenas de miles de ciudadanos soviéticos fueron el resultado de una conspiración de Nikolai Yezhov, comisario del pueblo del NKVD.

En la introducción, hemos enunciado las tres principales preguntas sobre la “Yezhovshtshina” o “Gran Terror” de la manera que sigue:

  • ¿Fueron asesinadas cientos de miles de víctimas inocentes?
  • ¿Era Stalin responsable de estas muertes, como se afirma usualmente?
  • Si, como lo demuestran los elementos de prueba, Stalin era inocente y contribuyó a detener este crimen contra la humanidad, ¿cómo sus camaradas y él mismo pudieron ignorar lo que estaba pasando desde hacía tanto tiempo?

Las respuestas a las dos primeras preguntas son respectivamente “sí” a la primera pregunta y “no” a la segunda.

La respuesta a la tercera pregunta es más compleja. Los elementos de prueba indican que les hizo falta mucho tiempo a Stalin y a su gobierno para comprender lo que estaba pasando a nivel nacional. Mientras tanto, Yezhov les facilitaba una documentación voluminosa sobre conspiraciones, de las cuales muchas estaban fabricadas pero otras eran auténticas.

Lo que ocurrió era una especie de imagen-espejo de la técnica de la “gran mentira”. Como Hitler explicó en Mein Kampf, la “gran mentira” es una mentira tan enorme, tan inmensa, que la mayor parte de la gente no imagina poner en tela de juicio su veracidad. Paradójicamente, la dificultad de creer que no es verdad conduce a su aceptación.

Hubo al menos tres razones por las cuales los dirigentes estalinistas tardaron tanto tiempo en comprender lo que estaba ocurriendo antes de ponerle un término y ejecutar a los responsables.

1) Hubo verdaderas conspiraciones detrás de las cuales Yezhov y sus esbirros fueron capaces de disimular sus juicios y sus ejecuciones (actuaron abiertamente y haciendo informes de ello al Comité Central), bajo una cobertura de intentos justificados de ponerle fin a las conspiraciones.

2) Stalin y su gobierno estaban ocupados por numerosas tareas muy complejas en aquella época, entre las cuales estaba la preparación para una guerra cercana que preveían perfectamente como destinada a aplastar a la revolución, la necesidad de reeducar a una población entera para que sus miembros se conviertan en cooperadores dotados de una conciencia de clase en lugar de individualistas egoístas tal y como los había formado el capitalismo durante siglos, la necesidad de organizar y gobernar una vasta zona geográfica (el mayor país del mundo por su superficie). Debido a estas múltiples actividades difíciles que eran todas necesidades absolutas, el poder estalinista estaba obligado a delegar tareas, en todas partes en un país inmenso, a personas en las cuales creía que podía confiar.

3) La dificultad comprensible, en un principio, a la hora de creer en las indicaciones que iban llegando poco a poco, según las cuales algo horrible se estaba produciendo a causa de representantes en quienes tenían confianza. Esto tuvo que ser particularmente difícil, porque tales noticias podían haber sido inspiradas precisamente por los enemigos a los que esperaban eliminar.

 

Terminología

 

El “Gran Terror” es un nombre engañoso, y no porque nadie haya sido aterrorizado. Mucha gente lo fue. Es engañoso porque Robert Conquest inventó el término “Gran Terror” dándole como significado “la purga de Stalin durante los años 30”. Yezhov eligió al azar un gran número de sus víctimas, un proceso que tuvo que haber difundido un gran miedo. Pero esto no se debe al gobierno de soviético de “Stalin”. Las masacres de masas, los únicos acontecimientos que pudieron difundir el “terror”, no fueron perpetrados por el gobierno soviético sino por sus enemigos: Yezhov, sus secuaces, y algunos miembros de la élite política del Partido y del Estado.

La población soviética no estuvo “dominada por el terror” y la población soviética no fue generalmente “aterrorizada”. En la acepción que le confiere Conquest, el término es erróneo así como la manera con la que sigue siendo utilizado en el terreno sesgado de la historiografía soviética. La mentira no reside en la afirmación del terror, sino en la identidad de los terroristas.

Las represiones masivas de Yezhov eran una continuación de las conspiraciones descritas durante los tres juicios de Moscú y del asunto Tujachevski. Yezhov había sido durante mucho tiempo un derechista. Inició su propia conspiración en el NKVD, las masacres de masas, después de que la conspiración militar hubiese sido descubierta y destruida en su conjunto.

Yezhov actuó con al menos uno de los conspiradores militares, el mariscal Yegórov. Engañó a Stalin y al gobierno soviético mediante falsos informes, de los cuales muchos nos han llegado.

Cuando finalmente las noticias de las represiones ilegales masivas alcanzaron cierto nivel, Stalin y el Politburó reaccionaron. Primero depusieron al brazo derecho de Yezhov, Frinovski, y lo sustituyeron por Lavrenti Beria. Más tarde, Yezhov fue persuadido o forzado a dimitir. Las represiones se detuvieron inmediatamente. Las investigaciones comenzaron entonces, revelando la enormidad de los crímenes de Yezhov.

En el año 1939, Yezhov y muchos de sus secuaces fueron arrestados y confesaron. Yezhov y Frinovski dieron las grandes líneas y los detalles de sus crímenes masivos. El pequeño número de estas confesiones que ha sido publicado constituye un importante corpus de pruebas. La crítica de las fuentes indica que no existe ningún motivo para rechazarlas.

Un gran número de inocentes fueron asesinados. A partir de 1939 hasta los años de guerra, Beria, como jefe del NKVD, y la fiscalía soviética examinaron cientos de miles de casos y liberaron a centenares de miles de personas que consideraban haber sido encarceladas injustamente. Al mismo tiempo, siguieron investigando y castigando a las personas que estaban realmente implicadas en estas conspiraciones anti-soviéticas. Existieron verdaderas conspiraciones. Las confesiones de Yezhov y de Frinovski indican claramente que aquéllos que habían sido reprimidos bajo Yagoda y Yezhov no eran todos inocentes. Estas investigaciones continuaron durante los años de guerra.            Tokaiev y Svetlanin dan fe del hecho de que algunos conspiradores nunca fueron identificados.

Esta es la única versión de las represiones masivas que pueden apoyarse en las pruebas. Es confirmada por la convergencia de un gran número de pruebas diferentes. La explicación “convencional” de la Yezhovshtshina es que Stalin la pensó y la planificó, pero no hay y nunca hubo ninguna prueba que apoye esta conclusión. Más bien hay una aceptación a priori del paradigma anti-Stalin. La falsa historia según la cual “Stalin el dictador” planificó y ejecutó estas represiones masivas, al igual que había fabricado todas las supuestas conspiraciones, es el único relato tolerado por la corriente dominante.

Los dirigentes del PCUS y sus investigadores conocían desde hacía mucho tiempo la verdad sobre las represiones y sobre las conspiraciones. Jruschov y sus secuaces tuvieron que mentir deliberadamente para difundir su versión errónea. Disimularon la verdad inventando mentiras que acusaran a Stalin. Los hombres de Gorbachov siguieron esta misma vía.

La versión presentada aquí absuelve a Stalin de culpabilidad por las represiones masivas. Esto es inaceptable para la historia soviética dominante. Pero era desde luego la responsabilidad de Stalin, en su cualidad de principal jefe político del país, el tomar medidas eficaces para poner fin a las violaciones de la justicia, hacer que se investigara al respecto y hacer que los responsables fueran castigados. Stalin lo hizo. Trágicamente, le hizo falta varios meses para darse cuenta plenamente de lo que estaba pasando y, para entonces, Yezhov y sus secuaces ya habían asesinado a centenares de miles de ciudadanos soviéticos inocentes. En una revista de 1976, Roger Pethybridge escribió lo que sigue con respecto a la fijación sobre el “Stalin malvado” en la historiografía de la Unión Soviética:

Si se consideran todas las biografías reconocidas de Stalin, emerge una característica común: estos escritos son un reflejo bastante fiel del método biográfico corriente a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando las biografías históricas descansaban en reyes bautizados como “buenos” o “malvados”. La personalidad que reinaba parecía dominar no solamente la vida política, sino también la vida social y económica de su reino, de manera que un estornudo o un bostezo podían, por arte de magia, afectar a todo el esquema socio-económico de su reino. Este método de biografía histórica ha sido rechazado desde hace mucho tiempo para estudiar a los regímenes autoritarios de la historia reciente. Ha sido igualmente rechazado en lo que respecta al estudio de la Alemania nazi. Desgraciadamente, sigue permaneciendo como un espectro del pasado en el estudio de las personalidades soviéticas en la alta política“.

 

El paradigma anti-Stalin se parece a la “teoría del gran hombre” en la historia, ya abandonada por los historiadores serios del siglo XIX. El problema no era que el sistema había puesto en el poder a una persona paranoica y psicopatológicamente asesina como pretenden Jruschov y tantos historiadores anticomunistas y trotskistas. El problema, el fracaso, eran más bien sistémicos.

La mayor parte de los bolcheviques, como la mayoría de los ciudadanos soviéticos, eran honrados trabajadores, dedicados a la causa del socialismo y del comunismo. Pero un pequeño número de entre ellos no eran ni honrados ni abnegados, o lo habían sido en un principio pero después fueron corrompidos, lo que causó injusticias inmensas y perjuicios enormes.

El Partido bolchevique promovió a gente en puestos de responsabilidad, gente que utilizó este poder para cometer crímenes masivos. Alemania, Japón y otros servicios de información extranjeros hicieron uso de algunas de estas personas. Pero la corrupción de base provenía del interior: no solamente agentes de información de los países capitalistas, que sin duda jugaron un papel, sino de la retención o el insuficiente rechazo de las ideas y valores de la sociedad capitalista explotadora.

 

Los problemas no resueltos

 

Algunas cuestiones no están claras. Una de ellas es la de la relación entre la presión de Stalin a favor de elecciones abiertas y la conspiración derechista-trotskista implicando a los primeros secretarios y el NKVD.

La presión de Stalin a favor de elecciones abiertas fue derrotada y las elecciones abiertas fueron canceladas justo antes del pleno del Comité Central de octubre de 1937. Por consiguiente, la represión de masas no pudo haber tenido como objetivo a los lichentsy[2] en el contexto de las elecciones, al menos no después de la mitad de octubre de 1937.

Una hipótesis es que Stalin quiso quebrar los “grupos clásicos” de los dirigentes y su clientela que dominaban en la dirección de los partidos bolcheviques locales y por lo tanto los habría hecho matar bajo un pretexto cualquiera. Es una certeza que casi todos los primeros secretarios elegidos en el XVII congreso del partido en 1934 fueron condenados y ejecutados en el marco de la conspiración derechista-trotskista.

¡Pero las pruebas disponibles sugieren que, al contrario, eran estos poderosos dirigentes locales del partido, los “prefectos soviéticos” quienes querían deshacerse de Stalin! Deshacerse de Stalin y sus seguidores, y colocar en el poder un gobierno con una agenda política y económica que era el objetivo de las derechas en el bloque.

La otra explicación hipotética de las represiones de masas es que Stalin, él mismo, quiso suprimir, matar o encarcelar a toda la “quinta columna” potencial, susceptible de respaldar a Alemania o Japón. Es exacto, pero no como ha sido comprendido por la historiografía anticomunista tradicional. La explicación por la “quinta columna” es falsa en tanto en cuanto la aplicación exagerada de penas de muerte a centenares de miles de inocentes no se debía a Stalin. Yezhov hizo esto bajo el pretexto de que la nación se deshiciera de una “quinta columna” verdadera e irrefutable de conspiradores.

Sabemos que estas conspiraciones existían y conocemos el mecanismo mediante el cual Yezhov escondió a Stalin y al gobierno central lo que estaba pasando. No existe ninguna prueba que apoye la versión según la cual los asesinatos de masas de Yezhov se debían a Stalin. Esta versión contradice todas las pruebas de que disponemos, y sobrevive porque “salva” el paradigma anti-Stalin.

 

Sugerencias

 

Los elementos de prueba de que disponemos ahora apoyan dos hipótesis. En primer lugar, numerosos primeros secretarios y otros dirigentes del Partido estaban implicados en la conspiración trotskista de derechas. En segundo lugar, algunos de ellos estaban igualmente directamente implicados en la conspiración del NKVD de Yezhov. Jansen y Petrov indican que Robert Eikhe estaba implicado en la conspiración de Yezhov. Eikhe también es mencionado por Frinovski en su declaración a Beria del 11 de abril de 1939.

Pavel Postychev, quien confesó ser un miembro de la conspiración derechista-trotskista en Kuibyshev, estuvo implicado en las represiones masivas contra personas inocentes, miembros del partido y otros. Yezhov y Frinovski hicieron exactamente eso. Parece probable que Postychev también estuviera implicado en las dos conspiraciones.

La conspiración de Yezhov era una deriva de la conspiración derechista-trotskista. Yezhov dio testimonio sobre el hecho de que empezó sus ejecuciones masivas tras las ejecuciones de Tujachesvski y otros jefes de la conspiración militar. Esto es conforme a lo que sabemos de las represiones masivas de Eikhe y Postychev. Era un momento muy peligroso para el Estado soviético y Yezhov se aprovechó de ello.

Desde el principio, la conspiración derechista-trotskista era un bloque de diferentes grupos de oposición, formando facciones anti-estalinistas, con programas un tanto diferentes y direcciones diferentes. Los trotskistas no tenían confianza en las derechas, y los derechistas como Yagoda o Bujarin desconfiaban de los trotskistas o disentían de Trotski respecto de algunos puntos. Tujachevski estaba alineado con ambas facciones, pero se veía a sí mismo como jefe eventual del Estado. Yezhov también aspiraba a ser el futuro dirigente de la Unión Soviética. Cada facción del bloque estaba dispuesta a sacrificar a las otras para salvarse.

El derrotismo era el hilo conductor de todas las conspiraciones. Los antiguos oponentes y numerosos antiguos partidarios de Stalin no podían creer que la URSS triunfase. Las presiones de la industrialización y la colectivización tenían que provocar el derrumbe del gobierno estalinista, tal vez por una rebelión generalizada o tal vez porque una combinación de Estados capitalistas atacarían y destruirían al Ejército rojo. Estos temores, mezclados con las ambiciones personales, desencadenaron y alimentaron las conspiraciones.

 

            Objeciones

 

La objeción principal a esta interpretación es que no hace culpable a Stalin. Se pretenderá que las confesiones sobre las cuales está fundada son falsas, inventadas. El rechazo de esta prueba es esencial a la hora de negar la verdadera naturaleza de las conspiraciones anti-soviéticas.

Pero es inexacto. Hemos sometido a prueba las confesiones en el juicio de Moscú y las de Frinovski y Yezhov mediante críticas de fuentes. No hay una base legítima para rechazarlas como invenciones. La verdadera razón por la cual son rechazadas o ignoradas es que son incompatibles con el paradigma anti-Stalin.

A veces se pretende que Yezhov fue torturado. Pero no hay ninguna prueba de que Frinovski o él hayan sido torturados.

Parece que los conspiradores derechistas-trotskistas tenían una especia de código de omertá, una práctica consistente en no identificar a otros miembros del complot cuya identidad no era conocida por el NKVD, incluso si ello significaba su propia ejecución. Stalin sacó esta conclusión del comportamiento de Piatákov y lo expresó durante el pleno del Comité Central de diciembre de 1936.

[…] hemos interrogado a alrededor de 50 personas al menos. Interrogaron a Piatákov realmente a fondo. ¡Resulta que es un monstruo! Entonces, ¿por qué había aceptado ser el acusador? ¿Por qué había aceptado ejecutar él mismo a sus camaradas? Resulta que tienen una regla: si vuestro camarada trotskista es arrestado y ha empezado a denunciar a los demás, debe ser destruido. Podéis ver a qué tipo de farsa infernal esto conduce. Después de esto, ¡vayan a creer en la sinceridad de los antiguos opositores! No podemos tomarles la palabra a los antiguos opositores, incluso cuando se prestan como voluntarios para ejecutar a sus amigos con sus propias manos[3].

Parece que Stalin tenía razón. Como señala Frinovski, Bujarin, Radek, Yagoda y otros no denunciaron a Yezhov como miembro de la conspiración, aún incluso cuando iban hacia la muerte. Zinóviev y Kámenev no hablaron de Yagoda o de Yezhov. En el juicio de Moscú de enero de 1937, Karl Radek juró que Tujachevski era leal al Partido. Tenía que conocer la verdad: Bujarin la conocía y él y Radek era muy próximos.

Este código no funcionaba perfectamente. Algunos conspiradores dieron nombres. Sin duda algunos inocentes fueron falsamente inculpados, al mismo tiempo que guardaron silencio con respecto a los culpables. Los relatos de Tokaiev y de Svetlanin prestan a pensar que algunos conspiradores no fueron identificados. Nikita Jruschov fue tal vez uno de los que escaparon a la detección. Sus falsificaciones masivas con respecto a Stalin y su insistencia en la “rehabilitación” y la declaración de inocencia de un gran número de personas que, ahora lo sabemos, eran en verdad culpables podrían corroborar esta hipótesis.

 

La negación

 

Esta explicación de las represiones masivas presentada aquí es la que mejor corresponde con las pruebas de que disponemos hoy. Es del todo incompatible con la historiografía soviética tradicional que exige que Stalin sea el asesino de masas y Yezhov su “verdugo leal”. Esta es la razón por la que será rechazada por los historiadores soviéticos anticomunistas tradicionales y por los trotskistas. No se corresponde con el lecho de Procusto del paradigma anti-Stalin.

Se encuentran otros numerosos ejemplos de la historiografía soviética dominante que ignoran o rechazan la verdad sobre la historia soviética.

– El discurso secreto de Jruschov es falso en su cuasi-totalidad. Esto es conocido desde hace años, pero jamás reconocido (Furr, Jruschov mintió).

– Serguei Kirov fue asesinado por un grupo clandestino zinovievista ligado, a través del bloque de los opositores, a los derechistas, los trotskistas y otros. Teniendo en cuenta que la interpretación principal es que no hubo tales conspiraciones y que fueron todas fabricadas por Stalin y el NKVD, el asesinato de Kirov sigue siendo falsificado pese a las pruebas que demuestran lo contrario (Furr, Kirov).

– La masacre de Katyn no podría haberse producido de la manera descrita por la historiografía anticomunista tradicional. Pero esta masacre es demasiado útil como arma de propaganda contra Stalin y la Unión Soviética para ser abandonada simplemente porque su falsedad se ha demostrado. Por consiguiente, la prueba es ignorada (Furr, Katyn).

– El libro de Timothy Snyder, Tierras de sangre, no contiene ninguna acusación contra Stalin o la URSS que sea verdadera. No obstante este libro, que no es más que una falsificación, ha obtenido numerosos premios y sigue siendo ampliamente citado (Furr, Blood Lies).

– Unas pruebas sacadas de los Archivos Trotski de Harvard demuestran que un bloque político de opositores clandestinos, entre los cuales estaban los derechistas, los trotskistas, los zinovievistas y otros, existía efectivamente en la URSS (Furr, Las Amalgamas de Trotski).

– Los testimonios de los acusados en los tres juicios públicos “espectáculo” de Moscú, que tuvieron lugar en Moscú, en agosto de 1936, enero de 1937 y marzo de 1938, no fueron fabricados ni forzados bajo presión, ni por el NKVD, ni por el fiscal, ni por Stalin. Representan al contrario lo que los acusados eligieron decir. Las conspiraciones alegadas en los juicios existieron realmente. Esto es negado y las pruebas en su favor son ignoradas (Furr, Las Amalgamas de Trotski).

Un ejemplo reciente de la falsificación tolerada en el terreno de los estudios soviéticos proviene de la pluma del historiador sovietólogo muy respetado Loren Graham. En la primavera de 2016, Graham escribió en Foreign Affairs:

[…] miles de biólogos fueron enviados a prisión o asesinados por haber criticado al        científico preferido de Stalin [Trofim Lysenko][4]

La verdad es que ningún biólogo soviético fue asesinado o enviado a prisión por haber criticado a Lysenko.

En su libro sobre el asunto Lysenko, el investigador anticomunista David Joravsky estudió a todos los biólogos que pudo descubrir y demuestra que muy pocas de estas personas fueron víctimas de Lysenko y que ninguna de entre ellas fue asesinada. Un especialista en biología de plantas no-lysenkista incluso llegó a ganar el premio Stalin en 1950 (Elina, Lysenko).

Las mentiras sobre Stalin no solamente son toleradas, sino que son incluso promovidas.

 

En el terreno universitario de la historia soviética durante el periodo estalinista, las falsas declaraciones son raramente criticadas o refutadas, mientras constituyan condenas de Stalin.

Por ejemplo, Arch Getty sigue subrayando que los “límites” son sistemáticamente mal interpretados como “cuotas”. Se trata de una falsificación evidente y deliberada. Pero este flagrante error de traducción sigue siendo repetido por eminentes especialistas en la materia como Oleg Khlevniuk. Este último ha falsificado sistemáticamente la historia soviética desde hace décadas. En otro campo histórico, la historia americana por ejemplo, habría sido puesto en la picota desde hace mucho tiempo y su credibilidad así como su carrera habrían sido destruidas desde hace mucho tiempo.

Sólo en el terreno de la historia soviética del período estalinista se produce una falsificación flagrante, prácticamente ignorada y de hecho recompensada siempre que sea anti-Stalin. El campo de los estudios soviéticos sigue difundiendo mentiras sobre las represiones masivas de los años 1930.

 

La objetividad y la verdad

 

El terreno de la historia soviética durante el periodo estalinista necesitaría una profunda devoción por el descubrimiento de la verdad. La objetividad sólo puede ser alcanzada por la voluntad de poner en tela de juicio las ideas preconcebidas, de tomar seriamente en consideración la posibilidad de cometer errores. Como un detective trabajando para resolver un crimen encontrando al verdadero culpable, el historiador debe ir hacia donde le lleva la prueba, no donde preferiría ir. Y si la prueba sólo puede ser satisfecha por una hipótesis que rechace los modelos históricos populares, que así sea. Durante este estudio, hemos tratado de ser objetivos. La verdad no es del gusto de los poderosos. No deja por ello de ser la verdad.

 

 

[1] Ver Stephen G. Wheatcroft, “From Team-Stalin to Degenerate Tyranny”. En E.A. Rees, The Nature of Stalin’s, Dictatorship. The Politburo, 1924-1953. Basingstoke: Palagrave Macmillan, 2004, p.79-107. Wheatcroft pretende que Stalin no fue un dictador antes del inicio de los años 1940. Wheatcroft no cita ningún elemento convincente para la afirmación en su título según el cual Stalin se convierte en un tirano o un dictador en sus últimos años.

[2] A modo de recordatorio: enemigos del pueblo, privados de derechos cívicos (Nota de la redacción)

[3] Extracto de la presentación de J.V. Stalin (diciembre de 1936, pleno del Comité Central). Voprosy Istorii 1, 1995, 9-11.

[4] Loren GRAHAM, “What the Reappraisal of soviet Russia’s Top Agricultural Mastermind Says About Putin’s Russia”, Foreign Affairs:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *