Historia Ilustrada de la Revolución. Julio de 1917: Fin de la dualidad de poderes

Debido a la agudización de la situa­ción política en Petrogrado y en el país, suscitada por la fallida ofensiva en el frente, los intentos del Gobierno Provi­sional de sacar de la capital a los regi­mientos revolucionarios y “descargar la ciudad” de obreros revolucionarios, el 1 de julio se convocó la II Conferencia Extraordinaria del POSD(b)R de la ciu­dad de Petrogrado, que analizó el traba­jo de organización y agitación del parti­do entre las masas, la creación de la milicia y la Guardia Roja, los proble­mas de los sindicatos, de las uniones ju­veniles y otros.

El 3 de julio se supo que en la víspera habían salido del Gobierno los minis­tros demócratas constitucionalistas Shingariov, Shajovskói y Manúilov (primero presentó su dimisión también Nekrásov, ministro de Transporte, pero después solicitó al Comité Central del partido de los demócratas constitucio­nalistas, autorización para retirarse del partido). El pretexto formal para la di­misión de los ministros demócratas constitucionalistas fueron las divergen­cias con la mayoría del Gobierno res­pecto a la cuestión ucraniana. En su de­claración a la Rada Central Ucraniana, el Gobierno Provisional prometió designar, por consenso mutuo, el Secre­tariado General, órgano administrativo de Ucrania, pero los demócratas consti­tucionalistas consideraban que esa cues­tión debía solucionarla sólo la Asam­blea Constituyente. Sin embargo, la causa real era la tendencia de los demó­cratas constitucionalistas a provocar una crisis gubernamental con el fin de intimidar a los partidos conciliadores y concentrar el poder en manos de la con­trarrevolución burguesa-terrateniente.

A. Moravov. “Lenin pronuncia un discurso en el balcón del Palacio de Ksheninskaia en las jornadas de julio de 1917”. Óleo sobre lienzo de los años 30.

En el artículo ¿Con qué contaron los demócratas constitucionalistas al retirar­se del Ministerio?, Lenin escribió:

“La retirada de los demócratas cons­titucionalistas sólo puede interpretarse como el resultado de un cálculo. ¿En qué consiste este cálculo?

…Los demócratas constitucionalistas, desde el punto de vista de su clase, de la clase de los imperialistas explotadores, han calculado bien: al marcharnos pre­sentamos un ultimátum. Sabemos que los Tsereteli y los Chernov no confían en la clase verdaderamente revoluciona­ria, no quieren seguir ahora una politica verdaderamente revolucionaria. Los asustaremos un poco. Sin los demócra­tas constitucionalistas significa sin la “ayuda” del capital anglo-norteamericano, poderoso en todo el mundo, signi­fica hacer la revolución también contra él. ¡No lo afrontarán los Tsereteli y los Chernov; no se atreverán! ¡Cederán an­te nosotros!”

Pero las masas revolucionarias refle­xionaron de otro modo. Consideraban que si los demócratas constitucionalis­tas se habían retirado del Gobierno, el cual había demostrado una vez más su incapacidad, el poder debía pasar por completo a manos de los Soviets. Ma­duraba la tercera crisis política que tenía —incluso según el periódico del partido de los eseristas, Dielo Naroda (“La Causa del Pueblo”), del 6 de julio—profundas raíces económicas y políticas.

Soldados y obreros de Petrogrado en la manifestación de julio. Entre las consignas, “¡La solidaridad de los trabajadores significa el fin de la guerra!”, “¡Abajo los diez ministros capitalistas!”, “¡Todo el poder a los soviets de Diputados Obreros, Soldados y Campesinos!” y otras.

Los obreros y soldados trataban de estimular al Soviet a realizar acciones diligentes. La iniciativa pertenecía al 1º Regimiento de Ametralladoras. En la mañana del 3 de julio se hicieron pre­sentes dos representantes de dicha uni­ dad en la sesión de la Conferencia de los bolcheviques de la ciudad de Petrogra­do y declararon que el Regimiento se había alzado.

Un día antes se habían mantenido acaloradas discusiones en el club de sol­dados de dicho Regimiento. Los anar­quistas exhortaban a los soldados a la insurrección inmediata; los bolchevi­ques consideraban que la acción era inoportuna y que no se debía comenzar sin ser aprobada por la Organización Militar del partido. Pero los soldados gritaban : “¡No hay nada que esperar!”, “¡Abajo!” Como resultado de los deba­tes, se decidió comenzar la acción a las cinco de la mañana del 3 de julio, elegir un comité revolucionario provisional (2-3 personas de cada compañía) para sustituir el comité del regimiento y en­viar representantes a otras unidades de la guarnición y a las fábricas de la capital.

Los participantes en la conferencia escucharon a los delegados del Regi­miento y les explicaron que la acción era inconveniente, por ser prematura. Pero ellos declararon que preferían abando­nar el partido antes que ir contra la dis­posición del regimiento.

El Comité Central del POSD(b)R, reunido a las cuatro de la tarde, acordó abstenerse de participar en la acción. A las cinco de la tarde, la conferencia dis­puso disuadir de la acción a las masas de obreros y soldados. Con ese fin, el CC del POSD(b)R propuso lanzar un lla­mamiento y enviar un mensaje al Comi­té Ejecutivo Central, exhortándolo a to­mar el poder en sus manos. Acto seguido, los delegados a la conferencia se dirigieron a los distritos y empresas para contener a los trabajadores y sol­dados revolucionarios. La Conferencia de los bolcheviques de la ciudad de Petrogrado suspendió sus labores y sólo las reanudó el 16 de julio.

P. Shillingovski. Las jornadas de julio en Petrogrado. “Los ametralladoristas exhortan a los obreros de la fábrica Putilov a apoyar la acción contra el Gobierno Provisional”. Aguafuerte de mediados de los años 30.

Los delegados del 1º Regimiento de Ametralladoras ya habían estado en la fábrica Putílov y en otras empresas de la ciudad. Los obreros de las fábricas “Russki Renault” y “Novi Lessner” se unieron a los soldados después de escu­char sus intervenciones.

A los cuarteles del Batallón de Reser­va del Regimiento de Granaderos llega­ron dos automóviles con ametrallado­ras. Los bolcheviques miembros del comité del batallón no lograron oponer­se a ellos. Por la noche (a eso de las nue­ve), cerca de 1.500 granaderos se dirigie­ron al Palacio de Kshesínskaya, para encaminarse luego al Palacio de Táuri­da. Sus consignas eran: “¡Abajo los diez ministros capitalistas!”, “¡Todo el poder a los Soviets de Diputados Obre­ros, Soldados y Campesinos!” Por el camino hacia el Campo de Marte se unieron a ellos el Regimiento de Páv­lovski, el 3º Regimiento de Fusileros de Reserva y el 180 Regimiento de Infan­tería de Reserva. Cerca de la calle Sadó­vaia se abrió fuego contra los granade­ros.

Frente al Palacio de Kshesínskaya se conglomeraron más de 5.000 personas. Había ametralladoristas y granaderos, representantes de casi todas las fábricas y unidades del distrito de Viborg. Desde el balcón del palacio, los miembros del Comité Central aconsejaron, reiteradas veces, a los manifestantes regresar a los cuarteles y a las fábricas, no dar pretex­to para acciones provocadoras de la burguesía. Pero era imposible contener a las masas.

Teniendo en cuenta el estado de áni­mo de los trabajadores, los bolchevi­ques acordaron orientar el movimiento hacia una manifestación pacífica orga­nizada. Con tal fin, la sesión extraordinaria de la Sección Obrera del Soviet de Petrogrado aceptó la resolución bolche­vique, y eligió un comité organizador provisional, integrado por 15 personas. Los eseristas y mencheviques, que que­daron en minoría, abandonaron la sesión.

Llamamiento a los obreros y soldados de Petrogrado para celebrar una manifesta­ción pacífica organizada el 4 de julio de 1917

Camaradas obreros y soldados de Petrogrado:

Después de que la burguesía contra­rrevolucionaria ha actuado claramente contra la revolución, el Soviet de Diputados Obreros, Soldados y Campesinos de toda Rusia debe tomar el poder en sus manos. Tal es la voluntad de la población revolucionaria de Petrogrado, la cual tiene derecho a demostrar su voluntad —a través de la manifestación pacífica y organizada— a los comités eje­cutivos de los Soviets de Diputados Obreros, Soldados y Campesinos de to­da Rusia que ahora sesionan.

¡Viva la voluntad de los obreros y sol­dados revolucionarios!

¡Viva el poder de los Soviets!

El Gobierno de coalición se quebró se desintegró, por no estar en condiciones de cumplir las tareas en aras de las cuales fue formado. Ante la revolución se plantean tareas grandiosas y muy difíciles. Se requiere un poder nuevo que, en unión con el proletariado, el ejército y el campesinado revoluciona­rios, se dedique resueltamente a consoli­dar y ampliar las conquistas del pueblo. Ese sólo puede ser el poder de los So­viets de Diputados Obreros, Soldados y Campesinos. Ayer, la guarnición revolucionaria de Petrogrado y los obreros se pronunciaron para proclamar esta consigna: ¡Todo el poder al Soviet! Ex­hortamos a convertir este movimiento, que estalló en los regimientos y en las fábricas, en una revelación pacífica y or­ganizada de la voluntad de todo el Pe­trogrado obrero, soldado y campesino.

Comité Central del Partido Obrero So­cialdemócrata de Rusia

Comité petrogradense del POSDR

Comité interdistrital del POSDR

Organización Militar del Comité Cen­tral del POSDR

Comisión de la Sección Obrera del So­viet de Diputados Obreros y Soldados

Primera página del periódico Pravda, del 4 de julio, con una mancha blanca donde debería haberse insertado el llamamiento a las masas a abstenerse de la acción.

El llamamiento a abstenerse de reali­zar la acción prematura, enviado durante el día al Pravda por indicación del Comité Central, fue retirado del perió­dico durante la noche. Se quería susti­tuir por consignas nuevas de la manifes­tación pacífica. Pero como ya era muy tarde, se logró hacer el trabajo a me­dias: se retiró el llamamiento, pero no se pudieron incluir las consignas. Por este motivo el Pravda del 4 de julio salió con un trozo en blanco allí donde se preveía publicar la advertencia de que era inoportuno el movimiento.

Los periódicos progubernamentales publicaron el comunicado sobre la pro­hibición de toda manifestación armada. El ministro de Guerra y Marina ordenó al jefe de la Región Militar de Petrogra­do patrullar las calles y desarmar a to­das las unidades y regimientos manifes­tantes.

Aviso del Gobierno Provisional sobre la prohibición de la manifestación del 4 de julio de 1917

En virtud de las acciones de algunas unidades militares, que tuvieron lugar el 3 y en la noche del 4 de julio, como re­sultado de las cuales hubo heridos, se prohibe terminantemente toda manifes­tación armada.

Orden de A. F. Kerenski, ministro de Guerra y Marina, al general mayor P. A. Pólovtsev, jefe de la Región Mili­tar de Petrogrado

4 de julio de 1917

Le ordeno poner fin, de inmediato, a la aparición de bandas armadas de sol­dados en las calles de Petrogrado, utili­zando para ello patrullas a caballo y a pie. En caso de nuevos intentos, desarmar en el acto a las unidades, desposeer­las de las ametralladoras y enviarlas al frente. Transmita al primer fiscal militar mi orden de comenzar ahora mismo la investigación de los acontecimientos su­cedidos el 3 de julio, para enjuiciar a to­dos los culpables. Usted debe recordar que en la retaguardia es intolerable toda vacilación cuando en el frente se logra el avance de las tropas con tantos esfuer­zos. Le propongo emplear de aquí en adelante clave telegráfica en sus infor­mes sobre los acontecimientos que se re­flejen de manera extremadamente noci­va en el frente.

Kerenski

 

Obreros de la fábrica de armas de Petrogrado en la manifestación del 4 de julio.

La grandiosa manifestación realizada en Petrogrado el 4 de julio al mediodía, en la que participaron medio millón de obreros, soldados y marineros, tenía un carácter indudablemente pacífico, aun­que habían salido a las calles regimien­tos de la guarnición, algunas unidades de Petrogrado, Oranienbaum, Krons­tadt, Krásnoie Seló. Esta manifestación transcurrió bajo consignas bolchevi­ques.

Por la mañana, Lenin se dirigió direc­tamente desde la estación del ferrocarril al Palacio de Kshesinskaya (estaba muy agotado y, con su hermana María, desde el 19 de junio descansó en la aldea de Neivol, cerca de la estación de Musta­miaka). Lamentó que no se hubiese lo­grado detener la acción pero, al mismo tiempo, aprobó la decisión del CC y el Comité petrogradense de participar en el movimiento, para convertirlo en una “revelación pacífica y organizada de la voluntad de todo el Petrogrado obrero, soldado y campesino”.

La manifestación del 4 de julio en la Avenida Nevski.

Recibido con clamorosos aplausos, Lenin intervino ante los revolucionarios de Kronstadt, exhortándolos a domi­narse, mantenerse firmes y estar alerta. Al apreciar el papel del Partido Bolche­vique en los acontecimientos de julio, escribió más tarde: “Nuestro partido cumplió su deber incuestionable, al marchar el 4 de julio con las masas legí­timamente indignadas y al tratar de ím­primir a su movimiento, a su manifesta­ción el carácter más pacífico y organiza­do posible. Pues el 4 de julio, aún era posible el paso pacífico del poder a los Soviets, aún era posible un desarrollo pacífico de la revolución rusa”. Pero los contrarrevolucionarios abrieron fuego contra los manifestantes. Las calles de la capital se tiñeron con la sangre de obreros y soldados.

En la reunión de los miembros del Comité Central y el Comité petrogra­dense del partido, convocada en la tarde del 4 de julio y presidida por Lenin, se acordó cesar organizadamente la mani­festación. Gracias a este paso oportuno, el partido logró preservar de la derrota a las principales fuerzas de la revolu­ción.

Del Llamamiento del CC del POSD( b)R exhortando a poner fin a la manifestación

5 de julio de 1917

Camaradas:

El lunes ustedes salieron a la calle; el martes decidieron continuar la manifes­tación. Ayer los invitamos a participar en una manifestación pacífica. Nuestro propósito era mostrar a todas las masas de trabajadores y explotados la fuerza de nuestras consignas, su peso, su signi­ficado, su necesidad para liberar a los pueblos de la guerra, del hambre, de la muerte.

El objetivo de la manifestación se ha alcanzado. Las consignas del destaca­mento avanzado de la clase obrera y el ejército se han mostrado de manera im­ponente y con dignidad. Algunos dispa­ros de los contrarrevolucionarios contra los manifestantes no pudieron quebran­tar el carácter general de la manifestación.

Camaradas:

En el curso de la presente crisis políti­ca se alcanzó nuestro objetivo. Por eso hemos acordado terminar la manifesta­ción. Que todos y cada uno terminen pacífica y organizadamente la huelga y la manifestación.

Esperemos el desarrollo ulterior de la crisis. Continuemos preparando nues­tras fuerzas. La realidad está a favor nuestro, el desarrollo de los aconteci­mientos demuestra la validez de nues­tras consignas.

Momento cuando se abrió fuego contra los manifestantes en la esquina de las avenidas Nevski y Liteini de Petrogrado el 4 de julio de 1917.

El 4 de julio se celebró una reunión conjunta del Comité Ejecutivo Central de los Soviets de Diputados Obreros y Soldados y del Comité Ejecutivo del So­viet de Diputados Campesinos, a la que asistieron representantes de las fábricas de Petrogrado y de las organizaciones de soldados. En sus intervenciones exi­gían la entrega del poder a los Soviets, la dimisión de los ministros capitalistas, la entrega de la tierra al pueblo, la implan­tación del control sobre la industria y la anulación de las órdenes dirigidas con­tra el ejército revolucionario.

Esta vez, incluso los izquierdistas de los partidos conciliadores apoyaron abiertamente la idea de formar un Go­bierno sin representantes de la burgue­sía. El “defensista revolucionario” Y. Steklov constataba : “Nueve décimas partes de la población acogerá con entusiasmo el Gobierno socialista, tal vez con más entusiasmo que el derrocamiento de la casa de los Románov”. Mártov señala­ba: “Aquí se ha dicho que los partici­pantes en la acción son minoría en el país, pero esa minoría manifiesta gran actividad y nos apoya, mientras que la mayoría es pasiva… La historia exige que ostentemos el poder”. Los represen­tantes de los eseristas de izquierda B. Kamkov y M. Spiridónova se expre­saron también a favor de establecer el poder absoluto de los Soviets. Todos ellos apoyaron la resolución dada a co­nocer por A. Lunacharski: “Debido a que la experiencia de dos meses del Go­bierno coalicionista manifestó la total impotencia del bloque de representantes del Soviet con los representantes de la burguesía, no concedió ninguna refor­ma seria, condujo a la agudización del desbarajuste económico y situó a la re­volución al borde de la muerte, la reu­nión dispone: La única salida de la nue­va crisis del poder, originada por el paso de los demócratas constitucionalistas al campo de la contrarrevolución, es la en­trega de todo el poder al Gobierno Pro­visional integrado por delegados del ór­gano central de los Soviets de Diputa­dos Obreros, Soldados y Campesinos de toda Rusia”.

Anatoli Lunacharski, quien en el futuro sería el primer Comisario del Pueblo de Instrucción en el primer gobierno soviético, participante en el movimiento revolucionario desde 1885. Grabado de Y. Annenkov, 1918.

Pero los eseristas de derecha y sus líderes se obstinaban en que la burgue­sía mantuviera el poder. Tsereteli se ex­presó con gran franqueza sobre el parti­cular. Al señalar que se trataba no simplemente de cambiar la composición del Gobierno, sino también de modifi­car el curso político, dijo: “Si nosotros, la mayoría en el Soviet, tomáramos el poder en nuestras manos, ¿acaso uste­des, desde Mártov hasta Lenin, no nos exigirían acciones que condujesen no “a la ofensiva, sino al armisticio”? Pero nosotros no aceptamos esa política”.

En la noche del 5 de julio, la mayoría eserista-menchevique en los comités eje­cutivos de los Soviets aprobó una reso­lución que condenaba las acciones de los obreros, subrayaba que en lo sucesivo, hasta la aparición de una nueva re­solución (la cuestión se aplazó por dos semanas, hasta que supuestamente, se reuniera, la “composición total” de los Comités ejecutivos), “todo el poder de­berá permanecer en manos del Gobier­no actual.”

En el informe del Comité Central al VI Congreso se señalaba que el “punto de viraje” en la manifestación fue cuan­do se publicaron los documentos que originaron una desenfrenada campaña difamatoria contra los bolcheviques. El 5 de julio, el periodicucho burgués ul­trarreaccionario Zhivoie Slovo (“La Pa­labra Viva”) publicó un documento fal­so sobre los vínculos de Lenin con el Estado Mayor General alemán, con la finalidad no sólo de denigrar al guía de los bolcheviques, sino también de deslu­cir a todo el partido, hacerle responsa­ble de las víctimas y el fracaso de la ofensiva mal preparada y absurda de junio y, al mismo tiempo, provocar una nueva ola de “ultrapatriotismo” que tanto necesitaba el Gobierno Provisional…

Por entonces se supo que el ejército alemán había roto el frente ruso. “Este hecho —señalaba Stalin— produjo en los líderes (del Soviet. —A. N.) confusión… Personas que antes nos hablaban como camaradas, de pronto llamaron tropas para proteger el Palacio de Táurida, decían que habíamos provocado la insurrección armada y nos declararon trai­dores de la revolución. Se produjo un viraje brusco en los acontecimientos; a pesar de nuestra decisión de cesar al día siguiente la manifestación, pues consi­derábamos que los manifestantes habían revelado suficientemente su volun­tad”.

El 5 de julio, en la reunión conjunta. del Comité Ejecutivo Central de los So­viets de Diputados Obreros y Soldados y el Comité Ejecutivo del Soviet de Di­putados Campesinos de toda Rusia se aceptaron las medidas del Gobierno Provisional contra los obreros y soldados de Petrogrado y se decidió formar una comisión especial integrada por Skóbelev y Lébedev, representantes del Gobierno Provisional, y Avxéntiev y Gots, del Comité Ejecutivo Central de los Soviets, para adoptar “medidas resueltas”.

De la resolución adoptada por el Buró del Comité Ejecutivo Central de los Soviets de Diputados Obreros y Soldados y del Comité Ejecutivo del Soviet de Diputados Campesinos de toda Rusia sobre el apoyo a las medidas del Gobierno Provisional en la lucha contra el movimiento revolu­cionario

5 de julio de 1917

… Aprobando la decisión del Gobier­no Provisional respecto a la unificación de todas las acciones para restablecer y mantener el orden revolucionario en la Región Militar de Petrogrado, el Buró del Comité Ejecutivo Central del Soviet de Diputados Obreros y Soldados y el Comité Ejecutivo del Soviet de Di­putados Campesinos de toda Rusia dis­pusieron facultar a los camaradas A. R. Gots y N. D. Avxéntiev para establecer las relaciones más estrechas posibles con los delegados del Gobierno Provisional y adoptar todas las medidas pertinentes, manteniéndose pleno con­tacto con la Comisión Militar, adjunta a ambos comités ejecutivos.

En otra reunión conjunta de los dos comités, celebrada el 9 de julio, se apro­bó una resolución declarando que el país y la revolución estaban en peligro. La nueva composición del Gobierno Provisional, reorganizado el 8 de julio, se consideraba Gobierno de “salvación de la revolución”. En lugar del príncipe Lvov, que había dimitido, el cargo de Primer Ministro lo ocupó Kerenski, quien conservó la cartera de ministro de Guerra y Marina. Los ministros socia­listas Skóbelev, Chernov y Peshejónov permanecieron en sus cargos. Tsereteli, quien continuó desempeñando el cargo de ministro de Correos y Telégrafos, en­cabezó también el Ministerio del Inte­rior. La resolución de los comités ejecutivos de los Soviets reconocía poderes ilimitados a este Gobier­no.

Los cadetes asolan la redacción del periódico Soldátskaia Pravda.

Terminó la dualidad de poderes. La contrarrevolución pasaba a la ofensiva. La tercera crisis política, desencadenada por la traición de los líderes eseristas y mencheviques en los Soviets, confirió el poder unipersonal a la burguesía. Como declaró oficialmente Dan, miembro del presidium del Comité Ejecutivo Cen­tral, el 11 de julio, “no sólo estamos dis­puestos a apoyar al Gobierno Provisio­nal, no sólo le hemos delegado toda la plenitud de poder, sino que exigimos que el Gobierno utilice ese poder”.

En estas palabras se reflejó con preci­sión toda la profundidad de la decaden­cia de los líderes de los partidos conci­liadores. No obstante, este hecho es poco para comprender la esencia de sus posiciones. El 21 de julio, el periódico Novoe Vremia publicó el artículo Hay que distanciarse, con la exigencia de “distanciarse, con ayuda de medidas re­sueltas, del bolchevismo transgresor y ponernos fuera de sospechas en el apoyo camaraderil a Lenin”. Y el 24 de julio, los mencheviques escribieron en el llamamiento a todos los miembros del partido, en nombre del Comité Organi­zativo, que desempeñaba el papel de su CC:

— La aventura delincuente, proyecta­da por el Estado Mayor leninista, po­dría adquirir dimensiones y ser peligrosa para la causa de la revolución, sólo de­bido a que tras ese Estado Mayor fueron considerables sectores de los obre­ros y a que la socialdemocracia resultó demasiado débil para paralizar la dema­gogia con su injerencia organizada… Ya es hora de decir en voz alta y con clari­dad que el “bolchevismo”, cuyo porta­voz y guía es Lenin, se alejó tanto de la socialdemocracia, se saturó tanto de ideas anarcosindicalistas, que sólo por incomprensión, por cierta fuerza de inercia, se oculta aún con la bandera del POSDR…

Con estas apresuradas declaraciones, los mencheviques y eseristas hacían el resumen de todo el ciclo de su propio desarrollo: desde la conciliación con el capital hasta la entrega total del poder a sus manos.

Unidades gubernamentales que ocuparon el edificio donde se encontraban los organismos dirigentes centrales del Partido Bolchevique en el patio del Palacio de Kshesínskaia.

El Gobierno Provisional comenzó las represiones contra los bolcheviques. Se cerraron los periódicos Pravda, Soldats­kaia Pravda y otros. La imprenta del Trud, adquirida con recursos de los obreros, fue destruida. Se reformaron las unidades militares que —en opinión del Gobierno— estaban “contagiadas con el bacilo del bolchevismo”. Se desarmaban los destacamentos obreros; comenzaron los registros y las detencio­nes.

El jefe de la Región Militar ordenó desalojar el Palacio de Kshesínskaia. Las conversaciones sobre esta cuestión, entre el Comité Ejecutivo Central y los militares, corrieron a cargo de Stalin. “Me da la impresión — señalaba— que es­tos señores quieren realizar a toda costa una sangría”.

Llamamiento del Comité Central y el Co­mité petrogradense del POSD(b)R, la Organización Militar adjunta al CC del POSD(b)R y el Comité Interdistrital de los Socialdemócratas Internacionalistas Unificados, exhortando a los obreros y soldados a mantener serenidad y firmeza

6 de julio de 1917

Serenidad y firmeza

¡Obreros! ¡Soldados!

La manifestación del 3 y 4 de julio ha terminado. Ustedes han dicho a los círculos gobernantes cuáles son sus objetivos.

Fuerzas tenebrosas y delictivas han ensombrecido la acción, provocando el derramamiento de sangre. Junto con us­tedes y con toda la Rusia revoluciona­ria, lamentamos los caídos en estas jornadas.

… La responsabilidad por las víctimas recae sobre los enemigos ocultos de la revolución. Pero ellos no han logrado ni lograrán tergiversar el sentido de su ma­nifestación. Ahora es preciso esperar qué repercusión encontrará en todo el país su llamado “¡Todo el poder a los Soviets!” La manifestación ha termina­do; comienzan de nuevo los días de agi­tación tenaz, de educación de las masas atrasadas, de la atracción de las provin­cias a nuestro lado.

Camaradas obreros y soldados:

Les exhortamos. a la serenidad y la firmeza! No conceder a la reacción frené­tica ningún motivo para que les acusen de violencia, no se entreguen a las provoca­ciones. Ninguna acción en la calle, ningún enfrentamiento.

Camaradas obreros:

¡Retornen pacíficamente al trabajo!

Camaradas soldados:

¡Permanezcan pacíficamente en sus unidades!

La realidad está a favor nuestro. La victoria será nuestra. Ninguna acción improvisada.

Tenacidad, firmeza y serenidad: ¡Ésta es nuestra consigna!

Desarme del 1º Regimiento de Ametralladoras.

La contrarrevolución trataba de re­primir, ante todo, a los guías del partido leninista. Por insistencia del Comité Central, Lenin pasaba a escondidas de un domicilio a otro.

Después de que el periódico Zhivoie Slovo publicara infundios contra Lenin, el Comité Ejecutivo Central de los So­viets de Diputados Obreros y Soldados formó —por exigencia del grupo bolche­vique— una comisión para investigar las falsas acusaciones.

El 28 de julio, el periódico Proletars­koie Dielo publicó el texto de la carta de Lenin a la redacción. Estaba firmada también por G. Zinóviev, uno de los di­rigentes de la organización de los bolcheviques de Petrogrado, a quien se le acusaba asimismo de “es­pionaje”.

“Hemos modificado —escribían, diri­giéndose a los lectores— nuestro propósi­to de acatar la orden de detención dicta­da contra nosotros por el Gobierno Pro­visional… En el momento actual no hay garantía alguna de justicia en Rusia… Entregarse ahora a las autoridades sig­nificaría ponerse en manos de… los con­trarrevolucionarios enfurecidos, para quienes todas las acusaciones que se nos hacen son un simple episodio de la gue­rra civil”.

El 7 de julio, cuando el Gobierno Provisional acordó arrestar a Lenin y a otras personalidades del Partido Bol­chevique inculpándoseles La organiza­ción de la acción armada en la ciudad de Petrogrado, el 3-5 de julio de 1917, con­tra el poder estatal, la comisión renunció a sus facultades. Esto demostraba otra vez la capitulación total de los líderes del Soviet. El último punto de este acto fue la resolución adoptada en la sesión conjunta del Comité Ejecutivo Central de los Soviets de Diputados Obreros y Soldados y el Comité Ejecutivo del So­viet de Diputados Campesinos de toda Rusia, del 13 de julio, en la que los men­cheviques y eseristas declararon que consideraban totalmente intolerable que Lenin no compareciera ante el tribunal.

Lenin, profundamente indignado por las calumnias, al principio se inclinaba a comparecer ante el tribunal del Gobier­no Provisional, pero cuando se supo que el Comité Ejecutivo Central y el So­viet de Petrogrado no garantizaban su seguridad en caso de ser detenido, se decidió que no debía compa­recer.

Mientras tanto, la contrarrevolución realizaba acciones cada vez más abier­tas. El día 14 de julio lo convirtió en una manifestación solemne y, bajo el toque de las campanas de todas las iglesias de Petrogrado, enterraba no a los manifes­tantes víctimas de la contrarrevolución, sino a siete cosacos que murieron cuan­do intentaban dispersar a soldados ar­mados. Los líderes eseristas y menchevi­ques del Soviet marchaban tras los féretros junto con los ultrarreacciona­rios y monárquicos. Para el obrero re­volucionario había desaparecido por completo toda diferencia entre el ata­mán cosaco Dútov y el menchevique Tsereteli, que caminaban uno al lado del otro.

Esta unidad “conmovedora” confir­maba precisamente con evidencia que el Soviet se había convertido en un apéndice, sin poder alguno, del Gobierno Provisional. La derecha ya no se afana­ba en seleccionar las expresiones. Des­pués de enterrar a los cosacos, el perió­dico Den (“El Día”) se atrevió a llamar a los obreros petrogradenses: “esclavos amotinados, idiotas, sedimento tene­broso, infección extranjera feroz, aluci­namiento diabólico”. En la reunión pri­vada de la Duma (18-19 de julio), para el Soviet de Diputados Obreros y Solda­dos menchevique-eserista no se encon­tró otra designación que: “puñado de fantaseadores locos, granujas y traido­res”. Aquí declararon traidor también al propio Gobierno Provisional. De los soldados rusos que no deseaban morir por intereses ajenos, se hablaba solo co­mo de una banda de cobardes que traicionaba a la patria. La ofensiva de la reacción se ampliaba.

El 18 de julio se promulgó el Mani­fiesto sobre la disolución de la Dieta fin­landesa. Al general Kornílov se le desi­gnó comandante en jefe, aunque era bien conocido por su actitud antidemo­crática. Ese mismo día se envió una no­ta especial a los aliados, en la que se de­claraba que la manifestación de julio había sido una “insurrección organiza­da por agentes adversarios”, que el ejér­cito se había “olvidado de su deber ante la patria” y que la decisión de continuar la guerra era “inflexible”.

Lenin con peluca y maquillaje.

En las calles de Petrogrado, los con­trarrevolucionarios envalentonados lla­maban a apalear a los bolcheviques. Una turba enfurecida asesinó al obrero bolchevique I. Vóinov que divulgaba el Listok Pravdi (“La Hoja de la Ver­dad”), sin que después se hubiese hecho alguna investigación ni recurrido al tribunal. Lenin constataba:

“Lo que el poder necesita no es un proceso judicial, sino acosar a los inter­nacionalistas. Encerrarlos y tenerlos presos: eso es lo que precisan los seño­res Kerenski y Cía. Asi fue (en Ingla­terra y Francia) y así será (en Rusia).

¡Que los internacionalistas trabajen ilegalmente en la medida de sus fuerzas, pero que no cometan la tontería de una comparecencia voluntaria!”

Los bolcheviques pasaron a la clan­destinidad. Lenin, perseguido por el Gobierno Provisional, se fue en la noche del 10 de julio a un pueblo cerca de Razliv, lugar de veraneo cerca de Petro­grado, y se instaló en casa del obrero N. Emeliánov. Allí residió cierto tiem­po en el desván de la leñera y, más tarde, como si fuera un segador, se trasladó a una choza en la otra orilla del lago. Jun­to con Lenin, en Razliv se ocultaba tam­bién Zinóviev.

Grigori Ordzhonikidze, miembro del Partido Bolchevique desde 1903; desde 1912, miembro del Comité Central y de su Buró Ruso. En julio participó activamente en el paso de Lenin a la clandestinidad, al igual que Sergéi Alliluev, Alexandr Shotman, Viacheslav Zof, Nikolai Emelianov, Alexandra Tókareva, entre otros.

Lenin mantenía contacto permanente con el Comité Central. Por encargo de éste, A. Shotman iba casi todos los días a visitarlo y le comunicaba las decisio­nes y los asuntos del partido. Le visitaban también G. Ordzhonikidze, J. Sta­lin, V. Zof y E. Rajiá.

Lenin realizaba un trabajo grande, in­tenso, para preparar el VI Congreso del partido de los bolcheviques, que defini­ría cuestiones relativas al desarrollo de la revolución, incluida la nueva tácti­ca según la situación que había cambia­do. Sin contar las cartas y notas, escri­bió en Razliv 11 artículos. Aquí trabajó con las tesis La situación política, el fo­lleto A propósito de las consignas, los artículos Una respuesta, Acerca de las ilusiones constitucionalistas, El comienzo del bonapartismo, Las enseñanzas de la revolución, etc. Después de analizar pro­fundamente el desarrollo de los aconte­cimientos y la situación política en Ru­sia, Lenin determinó la nueva táctica del Partido Bolchevique para esa etapa de la revolución, que excluía la posibilidad de su desarrollo pacífico.

De las tesis La situación política, escritas por Lenin el 10 (23) de julio de 1917

… La consigna de “¡Todo el poder a los Soviets!” era la consigna de desarro­llo pacífico de la revolución, posible en abril, en mayo, en junio y hasta el 5-9 de julio, es decir, antes de que el poder efectivo pasara a manos de la dictadura militar. Ahora, esta consigna ya no es justa, pues no tiene en cuenta ese paso, ya operado, ni la traición total y eviden­te de los eseristas y mencheviques a la revolución. No son las aventuras ni los motines, no son las resistencias parcia­les ni los intentos desesperados de opo­nerse aisladamente a la reacción los que pueden ayudar en este asunto. Sólo pue­den ayudar la clara conciencia de la si­tuación, la firmeza y la tenacidad de la vanguardia obrera, la preparación de las fuerzas con vistas a una insurrección armada, cuyas condiciones para la vic­toria son ahora terriblemente difíciles, pero, pese a todo, posibles si coinciden los hechos y las tendencias señaladas en el texto de la tesis. Nada de ilusiones constitucionalistas y republicanas, nada de ilusiones acerca de un camino pacífi­co, nada de acciones dispersas; no hay que dejarse llevar ahora por las provo­caciones de las centurias negras ni de los cosacos; hay que reunir las fuerzas, reorganizarlas y prepararlas con firme­za para una insurrección armada, siem­pre que la evolución de la crisis permita hacerlo a verdadera escala de masas, de todo el pueblo. El paso de la tierra a los campesinos es imposible ahora sin una insurrección armada, pues la contrarre­volución, al adueñarse del poder, se ha unido por entero con los terratenientes como clase.

El objetivo de la insurrección armada sólo puede ser el paso del poder al pro­letariado, apoyado por los campesinos pobres, para realizar el programa de nuestro partido.

Primera página del manuscrito de Lenin “Tres crisis”, escrito el 7 de julio. Debido a que la redacción de Pravda había sido desarticulada, este artículo apareció en la revista femenina Robbtnitsa, que editaban los bolcheviques por iniciativa de Lenin.

La crisis gubernamental se dilataba. Los demócratas constitucionalistas se negaban a entrar en el Gobierno y Ke­renski, en acto demostrativo presentó su dimisión.

Por decisión oficial, el Comité Ejecu­tivo Central de los Soviets le concedió a Kerenski el derecho a formar el nuevo Gobierno.

El 24 de julio, el Comité Central del partido de los demócratas constitucio­nalistas permitió a sus miembros (con el beneplácito de Kerenski) entrar en el Gobierno. Ese mismo día, el nuevo Go­bierno Provisional se formó definitiva­mente. Kerenski continuó en el cargo de Primer Ministro.

El estado vacilante del poder —señala­ba Lenin— ha terminado y el poder pasó a manos de la contrarrevolución. Carac­terizaba, además, esta etapa de desarro­llo de la revolución como el fin de la etapa pacífica y orientaba al partido hacia formas nuevas, no pacíficas de lucha. Proponiendo retirar temporalmente la consigna de “¡Todo el poder a los So­viets !”, pues los líderes de los Soviets cometieron una traición sin precedentes a la revolución, subrayaba al mismo tiempo la necesidad de realizar una la­bor política activa para conquistar la mayoría en los Soviets. Argumentando la inevitabilidad y la necesidad de la in­surrección armada ante la nueva situa­ción, Lenin exigía la preparación minu­ciosa y multilateral para llevarla a cabo.

Instrucción de la Guardia Roja obrera después de los acontecimientos de Julio.

Sus preceptos tácticos, precisos y claros, fueron la base de las resoluciones del VI Congreso del POSD(b)R.

El Congreso, que representaba al mayor partido político del país, tuvo que sesionar en la semiclandestinidad. En la prensa apareció sólo un anuncio sobre su convocatoria, pero sin indicar­se el lugar de reunión. Se inauguró el 26 de julio en el distrito de Víborg, en la se­de de la antigua cofradía de Sampsoni. Aquí, en uno de los distritos de Petro­grado más proletarios se instalaron —después de las jornadas de julio— el Comité Central y el Comité petrogra­dense del Partido Bolchevique.

En la prensa burguesa aparecieron muchos artículos contra los bolchevi­ques y su Congreso, que falsificaban los objetivos de su convocatoria y exigían la detención de los delegados. Con la par­ticipación de los ministros socialistas —tal vez por iniciativa de ellos—, el 28 de julio el Gobierno Provisional decidió conceder a los ministros de Guerra y del Interior el derecho de clausurar los con­gresos y reuniones que pudieran “repre­sentar un peligro en el sentido militar o para la seguridad estatal…”

El periódico Utro Rossii (“El Amane­cer de Rusia”) comunicó que, según al­gunos miembros del Gobierno Provisio­nal, “el Congreso de los bolcheviques que sesiona en Petrogrado, ha expresa­do en varias de sus resoluciones propó­sitos absolutamente determinados, que, en caso de materializarse, podrían des­organizar la defensa del país. Por eso… se considera imprescindible adoptar re­presiones contra dicho Congreso, tanto más por cuanto sus asistentes mantie­nen contactos permanentes con perso­nas que deben comparecer ante el tribu­nal, acusadas de alta traición”.

Edificio de la Avenida Bolsháia Sampsónievskaia de Petrogrado (hoy no existe). A finales de julio de 1917 aquí se celebró el VI Congreso del partido, que emprendió el curso hacia la insurrección armada.

Al VI Congreso del POSD(b)R asis­tieron representantes de las zonas más importantes de Rusia. 157 delegados tenían derecho a voz y voto y 110, a vo­to consultivo.

Sin esperar la terminación del congre­so, Lenin abandonó el refugio inseguro en Razliv, al anochecer del 29 de julio, llegó a la estación de Udélnaya, cerca de Petrogrado, y, en las primeras horas de la madrugada del 31 de julio, atravesó sin impedimentos la frontera aduanera con Finlandia en la locomotora del ma­quinista Jalava, la cual le llevó a la aldea de Jalkala (hoy Ilichiovo), cerca de Te­rioki (hoy Zelenogorsk). Después de va­rias mudanzas peligrosas, el 9 de agosto se estableció en Helsingfors (hoy Hel­sinki) desde donde continuó comuni­cándose regularmente con el Comité Central y dirigiendo toda la actividad política del Partido.

 

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