¡Viva el leninismo!

Ofrecemos a nuestros lectores una traducción del artículo de Harpal Brar “¡Viva el leninismo!” editado en la página web del Partido Comunista de Gran Bretaña / Marxista-Leninista (https://thecommunists.org/2020/04/26/news/history/harpal-brar-long-live-leninism-lenin150/) y en el número de mayo-junio de 2020 del periódico LALKAR (http://www.lalkar.org/article/3440/long-live-leninism).

 

El 22 de abril de este año marcó el 150 aniversario del nacimiento de VI Lenin, el inspirador de la gran revolución socialista proletaria en Rusia, el líder del proletariado ruso y mundial. A modo de homenaje a su trascendental contribución a la causa de la revolución proletaria mundial y la lucha por el derrocamiento del imperialismo mundial, publicamos este artículo.

Lenin luchó toda su vida contra el oportunismo en el movimiento obrero, tanto en Rusia como en Occidente. Expuso y luchó contra la degeneración kautskiana en oportunismo, haciendo un análisis concreto de las cuestiones en liza, trazando líneas claras y definidas de demarcación entre marxismo y kautskismo, entre la posición marxista y las tendencias conciliadoras con el oportunismo, incluido el kautskismo. Profundizó en las causas fundamentales del surgimiento del kautskismo y su degeneración, sacándolas a la luz del día, sin permitir que ninguna consideración de diplomacia, táctica o conveniencia inhibiera su exposición completa del kautskismo, porque sabía muy bien que cualquier ganancia obtenida mediante maniobras “tácticas” no vale ni un centavo si el trato acarrea pérdidas estratégicas e incluso la negación de principios básicos.

Si no hubiera sido por la exposición del oportunismo de Lenin, la gigantesca oposición proletaria a la socialdemocracia unos años más tarde habría estado fuera de discusión. El resultado habría sido una confusión generalizada en el movimiento obrero con el acompañamiento del estancamiento organizativo.

Después de la muerte de Lenin, Stalin sostuvo que debido a los servicios de Lenin en la defensa del marxismo contra el oportunismo socialdemócrata, debido a su desarrollo del marxismo en cuestiones tales como la revolución proletaria, la dictadura del proletariado, la organización del partido, etc., la ciencia del marxismo debería llamarse marxismo-leninismo; y en esto Stalin tenía toda la razón, porque tal era la contribución de Lenin al marxismo, a su tesoro general. El leninismo, lejos de ser un mero fenómeno ruso, se convirtió en un fenómeno internacional arraigado en todo el desarrollo internacional.

Lenin aplicó el marxismo a las condiciones rusas de manera magistral. Ayudó a restaurar el contenido revolucionario del marxismo, que durante mucho tiempo había sido reprimido por los oportunistas de la Segunda Internacional. Sobre todo, dio un gran paso adelante, desarrollando aún más el marxismo bajo las nuevas condiciones del capitalismo y la lucha de clases proletaria.

Así definió Stalin al leninismo: “El leninismo es el marxismo de la era del imperialismo y la revolución proletaria. Para ser más exactos, el leninismo es una teoría de la revolución proletaria en general, la teoría y táctica de la dictadura del proletariado en particular” (Fundamentos del leninismo).

El leninismo se caracteriza por su espíritu excepcionalmente militante y revolucionario, que puede explicarse por dos causas: primero, porque el leninismo nació de la revolución proletaria, cuya impronta no pudo dejar de llevar; segundo, porque creció y cobró fuerza en la lucha contra el oportunismo de la Segunda Internacional.

La Segunda Internacional siguió la línea del oportunismo en la práctica, mientras defendía al marxismo de boquilla. Como dijo Stalin: ” Los oportunistas se adaptaron a la burguesía debido a su naturaleza adaptativa, pequeñoburguesa; los “ortodoxos”, a su vez, se adaptaron a los oportunistas para “preservar” la unidad con ellos, en aras de la “paz dentro del Partido”. Así se cerró el vínculo entre la política de la burguesía y la política de los ‘ortodoxos’ y, como resultado, reinó supremo el oportunismo” (ibid.).

En lugar de una teoría revolucionaria integral, prevalecieron proposiciones eclécticas, contradictorias y fragmentos de teoría; en lugar de una política revolucionaria, un filisteísmo flácido y una diplomacia y una intriga parlamentaria despreciable; en lugar de una corrección de errores y corrección de tácticas sobre la base de los propios errores del Partido, continuos intentos de evasión estudiada de cuestiones difíciles y de pasarlas por alto.

A medida que se acercaba una nueva era de guerras imperialistas y de batallas revolucionarias proletarias, los viejos métodos, parlamentarios y sindicales, eran evidentemente inútiles e impotentes “frente a la omnipotencia del capital financiero” (ibid.).

Se convirtió así en un asunto de suma importancia “revisar toda la actividad de la Segunda Internacional, todo su método de trabajo” (ibid.) Y expulsar todo filisteísmo, renegado, social-pacifismo y socialchovinismo; tirar todo lo oxidado y anticuado del arsenal de la Segunda Internacional y forjar nuevas armas. Sin el cumplimiento de esta tarea, el proletariado habría estado completamente desarmado en su lucha contra el imperialismo. Stalin agregó:

El honor de llevar a cabo esta reforma general y limpieza general de los establos de Augias de la Segunda Internacional recayó en el leninismo” (ibid.).

El leninismo insistió en restaurar la unidad rota entre teoría y práctica, poniendo a prueba los dogmas teóricos de la Segunda Internacional en el crisol de la práctica viva. Insistió en que la política de los partidos de la Segunda Internacional fuera probada, no por sus consignas y resoluciones, sino por sus acciones. E insistió en la reorganización de todo el trabajo del partido en torno a nuevas líneas revolucionarias, con el fin de formar y preparar a las masas para la lucha revolucionaria. Finalmente, insistió en la necesidad de la autocrítica dentro de los partidos proletarios, para que aprendan de sus propios errores.

En este contexto, Lenin escribió en su folleto La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo:

La actitud de un partido político hacia sus propios errores es una de las formas más importantes y seguras de juzgar cuán serio es el partido y cómo cumple en la práctica sus obligaciones hacia su clase y las masas trabajadoras. Admitir francamente un error, averiguar sus causas, analizar las circunstancias que lo originaron y discutir a fondo los medios para corregirlo: esa es la característica de un partido serio; así debe desempeñar sus funciones, así debe educar y formar a la clase, y luego a las masas“.

Según el leninismo, un partido no debe ser juzgado por sus pomposas consignas y declaraciones, sino por su práctica. En vísperas de la Primera Guerra Mundial, en su conferencia en Basilea, la Segunda Internacional, sabiendo muy bien que la guerra era inminente, aprobó una Resolución declarando la “guerra a la guerra“. Un poco más tarde, cuando comenzó la guerra, los partidos de la Segunda Internacional dieron a los trabajadores una nueva consigna: matarse unos a otros en el altar de la gloria de sus patrias imperialistas. El contraste entre la política de la Segunda Internacional y la política leninista de transformar la guerra imperialista en una guerra civil para el derrocamiento de la propia burguesía, deja en claro no solo la bajeza del oportunismo de los líderes de la Segunda Internacional, sino también la magnífica grandeza del método del leninismo.

Los bolcheviques en general, Lenin en particular, fueron acusados ​​a menudo por sus opositores oportunistas en Rusia, así como en la Segunda Internacional, de estar condicionados por sus luchas entre facciones y de poner siempre en primer plano los problemas fundamentales de la revolución rusa. Sin duda, los bolcheviques pusieron en primer plano los problemas fundamentales de la revolución rusa. Estos, sin embargo, fueron los problemas fundamentales de la revolución en todas partes, no solo en Rusia. Problemas como la cuestión de la teoría, la actitud del partido marxista hacia la revolución democrático-burguesa, la alianza entre la clase obrera y el campesinado, la hegemonía del proletariado, el significado de las luchas parlamentarias y extraparlamentarias, de la huelga general, del paso de la revolución democrático-burguesa a la revolución socialista, de la dictadura del proletariado, del imperialismo, de la autodeterminación de las naciones, de los movimientos de liberación de los pueblos coloniales y oprimidos y de la necesidad de que el proletariado apoye a estos movimientos. Los bolcheviques plantearon estos problemas como piedra de toque sobre la que juzgar la coherencia revolucionaria de los partidos de la Segunda Internacional.

Tenían razón al hacerlo. Es más, tenían el deber de hacerlo porque todos estos problemas eran también los problemas fundamentales de la revolución proletaria mundial, a la que los bolcheviques subordinaban su política. La revolución rusa no fue un asunto privado de los bolcheviques o del proletariado ruso. Lenin se había dado cuenta muy pronto de que el centro revolucionario estaba comenzando a desplazarse de Occidente a Rusia y que el resultado de la revolución rusa tendría un significado histórico mundial.

Ya en 1902, en su folleto ¿Qué hacer?, Lenin escribió:

“… La historia nos ha enfrentado ahora con una tarea inmediata que es la más revolucionaria de todas las tareas inmediatas que enfrenta el proletariado de cualquier país”, que “el cumplimiento de esta tarea, la destrucción del baluarte más poderoso de la reacción no solo europea sino también asiática convertiría al proletariado ruso en la vanguardia del proletariado internacional“.

Han pasado casi 120 años desde que se escribieron estas palabras y la historia ha confirmado elocuentemente las palabras de Lenin. Sin embargo, de esto se sigue que la revolución rusa fue “… el punto nodal de la revolución mundial; que los problemas fundamentales de la revolución rusa eran… también los problemas fundamentales de la revolución mundial” (Stalin, Sobre algunas cuestiones de la historia del bolchevismo).

Veamos ahora brevemente algunos de estos problemas fundamentales del leninismo.

Teoría

Lenin insistió constantemente en que el proletariado reconociera el papel de la teoría revolucionaria. “Sin una teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario“, escribió (¿Qué hacer?). Comprendió mejor que nadie la importancia de la teoría, porque solo la teoría puede dar al movimiento confianza, propósito y dirección. Ya en 1902 señaló:

El papel de luchador de vanguardia sólo lo puede cumplir un partido que se guíe por la teoría más avanzada” (¿Qué hacer?).

Esto no significa que la teoría deba separarse de la práctica, porque “la teoría se vuelve sin propósito si no está conectada con la práctica revolucionaria, así como la práctica anda a tientas en la oscuridad si su camino no está iluminado por la teoría revolucionaria” (Stalin, Fundamentos del leninismo).

Lenin libró una lucha despiadada contra la ‘teoría’ de la espontaneidad, la ‘teoría’ del culto a la espontaneidad del movimiento obrero, como teoría oportunista que repudiaba el papel dirigente del partido del proletariado, una ‘teoría’ que arrastraba al partido del proletariado a ponerse a la cola del movimiento obrero espontáneo.

Los principales defensores de esta “teoría”, los economistas, llegaron al extremo de negar la necesidad de un partido independiente del proletariado. El ¿Qué hacer? de Lenin demolió esta “teoría” y proporcionó las bases teóricas para un movimiento genuinamente revolucionario del proletariado ruso.

La teoría de Lenin de la revolución proletaria

Según Lenin, el imperialismo (capitalismo monopolista) intensifica todas las contradicciones al extremo. En el corazón del capitalismo, el capital financiero hace insoportable el yugo de los monopolios, sirviendo así para exacerbar el resentimiento de la clase trabajadora contra los cimientos del capitalismo y llevando a las masas a la revolución proletaria como su única salvación.

En segundo lugar, la exportación de capital, que es un rasgo tan característico del capital monopolista (capital financiero), conduce a la transformación del capitalismo en un sistema mundial de esclavitud financiera y opresión colonial de la inmensa mayoría de la población del mundo por un puñado de países “avanzados”, dividiendo así a la población mundial en dos campos: el puñado de países que explotan y oprimen a las vastas masas de países dependientes y coloniales, y la inmensa mayoría que habita estos últimos países. Todo esto conduce a la intensificación de la contradicción entre el imperialismo y los países oprimidos, resultando en el crecimiento de los movimientos de rebelión contra el imperialismo en el frente externo.

En tercer lugar, el desarrollo desigual de los países capitalistas y la resultante lucha frenética por la redivisión del mundo entre los países que ya poseen territorios y los que reclaman una ‘participación justa’, conduce a las guerras imperialistas como único medio para restaurar el perturbado ‘equilibrio’: la intensificación de la lucha en el tercer frente, el frente interimperialista. De ahí la conclusión de Lenin: que las guerras no se pueden evitar bajo el imperialismo. De ahí también la inevitabilidad de una coalición entre la revolución proletaria en los países imperialistas y los movimientos antiimperialistas en los países oprimidos en un frente revolucionario unido contra el frente mundial del imperialismo. Combinando todas estas conclusiones en una conclusión general, Lenin observa que: “El imperialismo es la víspera de la revolución socialista” (Prefacio a El imperialismo, fase superior del capitalismo ).

Según la teoría de Lenin, con el surgimiento del imperialismo, las economías nacionales individuales han dejado de ser unidades autosuficientes; se han convertido en eslabones de una sola cadena de la economía mundial; el imperialismo es un sistema global de esclavitud financiera y opresión de la gran mayoría de la población mundial por un puñado de países imperialistas. Esto crea las condiciones objetivas para que estalle la revolución en países que no están avanzados en términos de desarrollo industrial porque el sistema en su totalidad está listo para la revolución. Como resultado, la cadena del frente imperialista mundial puede romperse en un país u otro dependiendo de dónde tenga la cadena su eslabón más débil. Por tanto, la victoria de la revolución es posible en un solo país, incluso en un país atrasado (como, por ejemplo, Rusia en 1917).

Dictadura del proletariado

La cuestión fundamental de toda revolución es la cuestión del poder“, dijo Lenin. El objetivo de la dictadura del proletariado es: derrocar a la burguesía y quebrar su resistencia; organizar la construcción; y para armar la revolución, organizar el ejército contra enemigos extranjeros, para la lucha contra el imperialismo.

La dictadura del proletariado abarca toda una época histórica. No puede resultar en una democracia completa para todos: instituye la democracia para la mayoría y la dictadura sobre la minoría. La dictadura del proletariado no puede resultar del desarrollo pacífico de la sociedad burguesa y la democracia burguesa; sólo puede surgir como resultado del aplastamiento de la máquina estatal burguesa.

Con la aparición del poder soviético, la era del parlamentarismo democrático burgués llega a su fin y se inicia un nuevo capítulo en la historia mundial, la era de la dictadura proletaria.

La República de los Soviets es, pues, la forma política tan buscada y finalmente descubierta, en cuyo marco debe realizarse la emancipación económica del proletariado, la victoria total del socialismo (ver Tesis sobre la asamblea constituyente, diciembre de 1917). .

La cuestión campesina

El leninismo tiene tres consignas sobre la cuestión campesina, cada una correspondiente a la etapa de la revolución que se ha alcanzado: (a) el campesinado durante la revolución democrático-burguesa; (b) el campesinado durante la revolución proletaria; y c) el campesinado tras la consolidación del poder soviético.

Los que marchan y se preparan para asumir el poder no pueden dejar de estar interesados ​​en la cuestión de quiénes son sus verdaderos aliados. En este sentido, la cuestión campesina forma parte de la cuestión general de la dictadura del proletariado y, como tal, es uno de los problemas más importantes del leninismo. Algunas personas sostienen que lo especial del leninismo es su posición sobre el campesinado. Esto no es verdad. “La cuestión fundamental del leninismo, su punto de partida, [es] la dictadura del proletariado, las condiciones en las que se va a lograr, las condiciones en las que se puede consolidar” (Stalin, Fundamentos del leninismo).

La cuestión campesina, como cuestión de los aliados del proletariado en su lucha por el poder, es una cuestión derivada.

Durante la revolución democrático-burguesa, la lucha fue entre los cadetes (la burguesía liberal) y los bolcheviques (el proletariado) por la influencia sobre el campesinado. Los cadetes intentaban ganarse al campesinado y reconciliarlo con el zarismo. Entonces, durante esta etapa de la revolución, los bolcheviques concentraron su fuego en los cadetes.

Durante la revolución proletaria, la lucha fue entre los socialrevolucionarios (democracia pequeñoburguesa) y los bolcheviques por el campesinado, para conquistar a la mayoría mediante la liquidación de la guerra, para lo cual era necesario derrocar al Gobierno Provisional, derrocar el poder de la burguesía, para derrocar el poder de los socialrevolucionarios y mencheviques.

Después de la consolidación del poder soviético, la tarea consistía en conquistar a la mayoría del campesinado para la construcción socialista. Lenin tenía razón en la opinión de que un campesinado que había recibido la paz y la tierra de manos del proletariado podía movilizarse para construir el socialismo a través de las cooperativas.

Esto es lo que Lenin tenía que decir al respecto:

El poder estatal sobre todos los medios de producción a gran escala, el poder estatal en manos del proletariado, la alianza de este proletariado con muchos millones de pequeños y muy pequeños campesinos, la dirección asegurada del campesinado por el proletariado, etc. ¿no es esto todo lo que se necesita para la construcción de la sociedad socialista completa desde las cooperativas, solo desde las cooperativas, que antes despreciábamos como cosa de charlatanes y que desde cierto aspecto tenemos derecho a despreciar como tal ahora bajo el NEP? ¿No es esto todo lo necesario para construir una sociedad socialista? Esto todavía no es la construcción de una sociedad socialista, pero es todo lo que es necesario y suficiente para esta construcción” (Sobre la cooperación, enero de 1923).

La cuestión nacional

En el período de la Segunda Internacional, la cuestión nacional se limitó a unos pocos países, es decir, Polonia, Hungría, Irlanda, etc. La gran mayoría de los pueblos subyugados, asiáticos y africanos, quedó fuera del ámbito de la Segunda Internacional. El leninismo derribó el muro entre blancos y negros, europeos y asiáticos y africanos; entre los esclavos “civilizados” e “incivilizados” del imperialismo. Con esto, la cuestión nacional pasó de ser un problema interno del Estado a un problema internacional general, un problema de liberación de los pueblos oprimidos en los países coloniales y dependientes del yugo del imperialismo mediante la autodeterminación y la secesión completa. Con esta consigna de autodeterminación, el leninismo educó a las masas en el espíritu del internacionalismo. Llevó la cuestión nacional de las declaraciones altisonantes a la base sólida de la utilización de las potencialidades revolucionarias de los movimientos nacionales para impulsar el movimiento del proletariado para el derrocamiento del imperialismo. Así transformó los movimientos revolucionarios de liberación nacional en una reserva del proletariado revolucionario.

El carácter revolucionario de los movimientos nacionales no presupone la existencia de elementos proletarios en el movimiento o un programa republicano.

Así, según el leninismo, el mundo está dividido en dos campos: (1) el campo de un puñado de naciones imperialistas explotadoras y opresoras, que poseen capital financiero y explotan a la mayoría de la población del globo; (2) el campo de los oprimidos y explotados cientos de millones en todo el mundo.

Los intereses del movimiento proletario en los países desarrollados y el movimiento de liberación nacional exigen una unión de estas dos formas de movimiento revolucionario en un frente común contra el imperialismo, contra el enemigo común. Sin tal frente, la victoria de cualquiera de ellos es imposible. “Ninguna nación puede ser libre si oprime a otras naciones” (Engels). La unión entre el movimiento proletario revolucionario y los movimientos de liberación nacional sólo puede ser voluntaria, sobre la base de la confianza mutua y las relaciones fraternales entre los pueblos.

Si un socialdemócrata [es decir, en el momento en que Lenin estaba escribiendo, un marxista] perteneciente a una gran nación opresora y anexionista, mientras aboga por la amalgama de naciones en general, olvidara incluso por un momento que ‘su’ Nicolás II, ‘su’ Wilhelm, George, Poincaré, etc., también representan la fusión con naciones pequeñas (por medio de anexiones)… tal socialdemócrata sería un doctrinario ridículo en teoría y un cómplice del imperialismo en la práctica.

“El peso del énfasis en la educación internacionalista de los trabajadores en los países opresores debe consistir necesariamente en apoyar y defender la libertad de secesión para los países oprimidos. Sin esto no puede haber internacionalismo. Es nuestro derecho y deber tratar a cada socialdemócrata de una nación opresora que no lleve a cabo tal propaganda como un canalla imperialista” (Resumen de la discusión sobre la autodeterminación).

Las guerras de liberación nacional contra la dominación imperialista son guerras justas y es deber de todo revolucionario proletario en los países imperialistas apoyar tales guerras y trabajar por la derrota de su propia clase dominante. Cualquier otra postura sería una total traición a los principios e ideales del socialismo, pues el “… movimiento revolucionario en los países avanzados sería en realidad un puro fraude si, en su lucha contra el capital, los trabajadores de Europa y América no estuvieran a favor de y completamente unidos a cientos y cientos de millones de esclavos ‘coloniales’ oprimidos por el capital” (Lenin, Discurso en el Segundo Congreso de la Internacional Comunista).

Estrategia y táctica

El período de dominación de la Segunda Internacional se caracterizó por formas de lucha parlamentarias, cuya importancia fue sobreestimada. Sólo en el período de la revolución se pudo encontrar una estrategia integral y tácticas elaboradas para la lucha del proletariado. Fue en este período cuando Lenin sacó a la luz las brillantes ideas de Marx y Engels sobre estrategia y táctica que habían sido ocultadas por los oportunistas de la Segunda Internacional. Las desarrolló aún más y las complementó con nuevas previsiones, y las convirtió en un sistema de reglas y principios rectores para la dirección de la lucha de clases del proletariado.

Sus obras como ¿Qué hacer?, Dos tácticas, El imperialismo, El estado y la revolución, La revolución proletaria y el renegado Kautsky, La enfermedad infantil del “izquierdismo”, constituyen sin duda contribuciones inestimables al tesoro general del marxismo, a su arsenal. La estrategia y táctica del leninismo constituyen la ciencia de la dirección en la lucha revolucionaria del proletariado.

Etapas de la revolución y estrategia

La estrategia es la determinación de la dirección del golpe principal del proletariado en una etapa determinada de la revolución, la elaboración de un plan correspondiente para la disposición de las fuerzas revolucionarias. Así es como funcionaron las enseñanzas de Lenin sobre estrategia y táctica durante las diversas etapas de la revolución rusa:

Primera etapa: 1903 a febrero de 1917

El objetivo en esta etapa era el derrocamiento del zarismo y la destrucción de las supervivencias del medievalismo. La principal fuerza de la revolución en este período era el proletariado y su reserva inmediata, el campesinado. En esta etapa la dirección del golpe era el aislamiento de la burguesía liberal-monárquica que pretendía poner al campesinado bajo su ala y liquidar la revolución mediante un compromiso con el zarismo.

El proletariado debe llevar a cabo la revolución democrática, aliando consigo la masa del campesinado para aplastar por la fuerza la resistencia de la autocracia y paralizar la inestabilidad de la burguesía” (Dos tácticas).

Segunda etapa: marzo de 1917 a octubre de 1917

El objetivo durante esta etapa era derrocar al imperialismo y retirarse de la guerra imperialista. Durante este período, el proletariado era la fuerza principal de la revolución y su reserva inmediata era el campesinado pobre. La dirección del golpe en este período fue el aislamiento de los partidos pequeñoburgueses, los socialistas revolucionarios y mencheviques, que intentaban conquistar a las masas trabajadoras del campesinado y liquidar la revolución mediante un compromiso con el imperialismo.

El proletariado debe realizar la revolución socialista, aliando consigo la masa de los elementos semiproletarios de la población para aplastar por la fuerza la resistencia de la burguesía y paralizar la inestabilidad del campesinado y la pequeña burguesía” (ibíd.).

Tercera etapa: después de la Revolución de Octubre

El objetivo de la revolución durante esta etapa fue consolidar la dictadura del proletariado en un solo país, utilizándola como base para la derrota del imperialismo en todos los países. Las principales fuerzas de la revolución en este período eran la dictadura del proletariado en un país y el movimiento revolucionario del proletariado en todos los países. Las principales reservas de la revolución eran las masas semiproletarias y de pequeños campesinos de los países desarrollados y los movimientos de liberación de los países coloniales y dependientes.

La dirección del golpe principal en este período era el aislamiento de los demócratas pequeñoburgueses, el aislamiento de los partidos de la Segunda Internacional que constituyen el principal soporte del compromiso con el imperialismo. El plan de disposición de fuerzas en este período fue la alianza de la revolución proletaria con los movimientos de liberación de los pueblos oprimidos.

Las tácticas determinan la línea de conducta del proletariado durante un período relativamente corto de flujo o reflujo del movimiento. Son parte de la estrategia, subordinada a ella y sirviéndola. Los cambios en la forma de lucha van acompañados de los correspondientes cambios en la forma de organización. La cuestión es poner en primer plano precisamente aquellas formas de lucha y organización que mejor se adapten a las condiciones durante el reflujo o el flujo del movimiento, y así facilitar y asegurar la incorporación de millones al frente revolucionario y su disposición en el frente revolucionario; ubicar en cada momento el eslabón particular de la cadena de procesos que, si se capta, permitirá al proletariado retener toda la cadena y preparar las condiciones para lograr el éxito estratégico.

No basta con ser revolucionario y partidario del socialismo o comunista en general. Uno debe ser capaz en cada momento particular de encontrar el eslabón particular de la cadena que debe agarrar con todas las fuerzas para sostener toda la cadena y prepararse firmemente para la transición al siguiente eslabón” (La importancia del oro ahora y después de la victoria total del socialismo, noviembre de 1921).

El partido revolucionario del proletariado debe saber no sólo avanzar, sino también retroceder en orden cuando las circunstancias así lo requieran.

Los partidos revolucionarios“, dice Lenin, “deben completar su educación. Han aprendido a atacar. Ahora deben darse cuenta de que este conocimiento debe complementarse con el conocimiento de cómo retirarse adecuadamente. Tienen que darse cuenta -y la clase revolucionaria aprende a darse cuenta por su propia amarga experiencia- que la victoria es imposible a menos que hayan aprendido a atacar y a retirarse adecuadamente” (La enfermedad infantil del “izquierdismo”).

El propósito de tal retirada es ganar tiempo, desbaratar al enemigo y reunir fuerzas para luego asumir la ofensiva. La firma de la Paz de Brest es un modelo de esta estrategia, ya que le permitió ganar tiempo al Partido Bolchevique para aprovechar los conflictos en el campo imperialista, desarticular las fuerzas enemigas, mantener el apoyo del campesinado y reunir fuerzas suficientes para preparar la ofensiva contra Kolchak y Denikin.

“Al concluir una paz separada“, dijo Lenin en ese momento, “nos libramos tanto como sea posible en el momento presente de ambos grupos imperialistas en guerra, aprovechamos su enemistad y guerra recíprocas, que les impiden ponerse de acuerdo contra nosotros, lo que durante un tiempo nos deja las manos libres para avanzar y consolidar la revolución socialista” (Sobre la historia de la cuestión de la paz desafortunada, febrero de 1918).

Tres años después de la Paz de Brest, Lenin volvió al tema diciendo: “Ahora, incluso el más tonto [siendo Trotski el jefe de estos tontos] puede ver que la ‘Paz de Brest’ fue una concesión que nos fortaleció y quebró las fuerzas del imperialismo internacional” (Nuevos tiempos y viejos errores con un nuevo disfraz, agosto de 1921).

El Partido

Según el leninismo, un partido del proletariado es el destacamento avanzado de la clase trabajadora, que posee los mejores elementos y una teoría avanzada. Debe estar por delante de las masas, ver más allá de la clase trabajadora; debe liderar al proletariado y no arrastrarse a la cola del movimiento espontáneo. Solo un partido así puede desviar a la clase trabajadora del camino del sindicalismo.

Ningún ejército en guerra puede prescindir de un Estado Mayor experimentado si no quiere estar condenado a la derrota. El partido revolucionario del proletariado constituye precisamente ese Estado Mayor. La clase obrera sin partido revolucionario es un ejército sin Estado Mayor.

Nosotros“, dice Lenin, “somos el Partido de una clase y, por lo tanto, casi toda la clase … debe actuar bajo la dirección de nuestro Partido , debe vincularse a nuestro Partido lo más cerca posible. Sería manilovismo [complacencia engreída] y ‘jvostismo’ [seguidismo] pensar que en algún momento bajo el capitalismo casi toda la clase, o toda la clase, será capaz de elevarse al nivel de conciencia y actividad de su destacamento avanzado … Ningún socialdemócrata sensato [marxista] ha dudado jamás de que bajo el capitalismo incluso las organizaciones sindicales (que son más primitivas y más comprensibles para los estratos subdesarrollados) son incapaces de abarcar casi a la totalidad, o toda la clase obrera. Olvidar la distinción entre el destacamento avanzado y el conjunto de las masas que gravitan hacia él, olvidar el deber constante del destacamento avanzado de elevar a estratos cada vez más amplios a este nivel avanzado, significa simplemente engañarse a uno mismo, cerrar los ojos a la inmensidad de nuestras tareas, y reducir estas tareas” (Un paso adelante, dos pasos atrás).

El Partido es el destacamento organizado de la clase obrera. Debe imbuir a los millones de trabajadores no organizados en el Partido con el espíritu de disciplina en la lucha, con el espíritu de organización y perseverancia. Pero el Partido sólo puede cumplir con estas tareas si es él mismo la encarnación de la disciplina y la organización.

La formulación de Lenin del artículo primero de los estatutos del Partido Bolchevique encarna este concepto. Según él, el Partido es la suma total de sus organizaciones y el miembro del Partido es miembro de una de las organizaciones del Partido.

Se opone a la autoinscripción para evitar que el Partido se inunde de profesores, estudiantes de bachillerato y degenere así en un cuerpo vago, amorfo, desorganizado perdido en un mar de “simpatizantes“, borrando la línea divisoria entre el Partido y la clase y frustrando así la tarea del Partido de elevar a las masas desorganizadas al nivel del destacamento avanzado.

Desde el punto de vista del camarada Mártov“, dice Lenin, “la frontera del Partido sigue siendo bastante indefinida, porque ‘todo huelguista’ puede ‘proclamarse miembro del Partido’. ¿De qué sirve esta vaguedad? Para ampliar la extensión del ‘título’. Su daño es que introduce una idea desorganizadora, la confusión de clase y Partido” (Un paso adelante, dos pasos atrás).

El Partido es el sistema único de sus organizaciones, con órganos superiores e inferiores, con subordinación de la minoría a la mayoría.

Antes“, dice Lenin, “nuestro Partido no era un todo formalmente organizado, sino sólo la suma de grupos separados y, por lo tanto, no eran posibles otras relaciones, excepto las de influencia ideológica, entre estos grupos. Ahora nos hemos convertido en un Partido organizado, y esto implica el establecimiento de la autoridad, la transformación del poder de las ideas en poder de la autoridad, la subordinación de los órganos inferiores del Partido a los superiores del Partido” (Un paso adelante, dos pasos atrás).

Luchando contra los elementos vacilantes, como Mártov, que en el II Congreso del POSDR se opuso a la formulación de Lenin, dice: “Este anarquismo aristocrático es particularmente característico del nihilista ruso. Piensa en la organización del Partido como una monstruosa ‘fábrica’, considera la subordinación de la parte al todo y de la minoría a la mayoría como ‘servidumbre’ …, la división del trabajo bajo la dirección de un centro le evoca una tragedia -cómico clamor contra la gente que se transforma en ‘ruedas y engranajes’… La mención de las reglas de organización del Partido provoca en él una mueca de desprecio y la observación desdeñosa de que se podría prescindir por completo de reglas.

“Está claro, creo, que los gritos sobre esta célebre burocracia son solo una pantalla de insatisfacción con la composición personal de los órganos centrales, una hoja de parra… Eres un burócrata porque fuiste nombrado por el Congreso no por mi voluntad, sino en contra; eres formalista porque confías en las decisiones formales del Congreso y no en mi consentimiento; estás actuando de una manera tremendamente mecánica porque defiendes la mayoría “mecánica” en el Congreso del Partido y no haces caso de mi deseo de ser cooptado; eres un autócrata porque te niegas a entregar el poder a la vieja pandilla [la ‘pandilla’ mencionada estaba compuesta por Axelrod, Martov, Potresov y otros, que no se sometieron a las decisiones del Segundo Congreso y acusaron a Lenin de ser un ‘burócrata’]” (Un paso adelante, dos pasos atrás).

El Partido es la forma más alta de organización de clase del proletariado. Es el centro de concentración de los mejores elementos de la clase obrera, cuya dirección política debe extenderse a todas las demás formas de organización del proletariado. Por eso la teoría oportunista de la ‘independencia’ y la ‘neutralidad’ de las organizaciones no partidistas, que engendra parlamentarios independientes y periodistas aislados del Partido, funcionarios sindicales de mente estrecha y funcionarios cooperativos que se convierten en filisteos, es totalmente incompatible con la teoría y la práctica del leninismo.

El Partido es el instrumento de la dictadura del proletariado, un instrumento en manos del proletariado para lograr la dictadura y luego para consolidarla.

La dictadura del proletariado“, dice Lenin, “es una lucha tenaz – sangrienta y sin sangre, violenta y pacífica, militar y económica, educativa y administrativa- contra las fuerzas y tradiciones de la vieja sociedad. La fuerza del hábito de millones y decenas de millones es una fuerza terrible. Sin un Partido de hierro templado en la lucha, sin un Partido que goce de la confianza de todo lo honesto en la clase dada, sin un Partido capaz de vigilar e influir en el estado de ánimo de las masas, es imposible llevar a cabo tal lucha con éxito” (La enfermedad infantil del “izquierdismo”).

El Partido es la encarnación de la unidad de voluntad, unidad incompatible con la existencia de fracciones. De ahí la insistencia de Lenin en la “eliminación total de todo fraccionalismo” y la “disolución inmediata de todos los grupos, sin excepción, que se han formado sobre la base de diversas plataformas“, bajo pena de “expulsión incondicional e inmediata del Partido” (Resolución sobre la unidad del Partido).

También: “En la época actual de guerra civil aguda“, dice Lenin, “el Partido Comunista sólo podrá cumplir con su deber si está organizado de la manera más centralizada, si en él prevalece una disciplina férrea que bordea la disciplina militar, y si el centro del Partido es un órgano poderoso y con autoridad, que ejerce amplios poderes y goza de la confianza universal de los miembros del Partido” (Las condiciones de admisión a la Internacional Comunista).

Y además: “Quien“, dice Lenin, “debilita en lo más mínimo la disciplina del Partido del proletariado (especialmente durante la época de su dictadura) realmente ayuda a la burguesía contra el proletariado” (La enfermedad infantil del “izquierdismo”).

El Partido se fortalece depurándose de elementos de oposición. Una fuente de fraccionalismo son sus elementos oportunistas: “… [el] estrato de trabajadores aburguesados o la ‘aristocracia obrera’ que son bastante filisteos en su modo de vida, en el tamaño de sus retribuciones y en toda su perspectiva, es… el principal puntal social (no militar) de la burguesía. Porque son los verdaderos agentes de la burguesía en el movimiento obrero, los lugartenientes obreros de la clase capitalista, los verdaderos canales del reformismo y el chovinismo” (‘Prefacio a las ediciones francesa y alemana de El imperialismo, fase superior del capitalismo‘ ).

Estilo de trabajo

El estilo de trabajo leninista representa un rasgo específico y peculiar en la práctica del leninismo, que crea un tipo especial de trabajador leninista. El leninismo es la escuela de teoría y práctica que forma a un tipo especial de trabajador y crea un estilo de trabajo leninista especial. Combina el ímpetu revolucionario ruso con el sentido práctico estadounidense. El ímpetu revolucionario es la fuerza vivificadora que estimula el pensamiento e impulsa las cosas hacia adelante, abriendo nuevas perspectivas. Sin el ímpetu revolucionario ruso, no es posible ningún progreso.

Sin embargo, por sí solo, el ímpetu revolucionario ruso tiene todas las posibilidades de degenerar en frases vacías si no se combina con el sentido práctico estadounidense. Por eso Lenin enfatizó: “Menos frases pomposas, trabajo más sencillo, cotidiano… menos fuegos artificiales políticos y más atención a los hechos más simples pero vitales de la construcción comunista” (‘Un gran comienzo’, junio de 1919).

Por otro lado, el sentido práctico estadounidense puede muy bien degenerar en un practicismo estrecho y sin principios si no se combina con el ímpetu revolucionario ruso.

La combinación del ímpetu revolucionario ruso con el sentido práctico estadounidense es la esencia del leninismo en el trabajo del Partido y del Estado” (Stalin, Fundamentos del leninismo).

La lucha de Lenin contra el oportunismo

El leninismo nació, creció y se hizo fuerte en su lucha implacable contra el oportunismo en todas sus variantes. Ya en 1903-4, cuando el grupo bolchevique tomó forma en Rusia, Lenin siguió la línea dirigida a una ruptura, una escisión, con los oportunistas tanto en Rusia como en la Segunda Internacional. No es de extrañar, entonces, que los oportunistas acusen abusivamente a los bolcheviques como “escisionistas” y “rupturistas”.

Los bolcheviques siguieron esta línea mucho antes de la guerra imperialista (1904-12). En 1903, las izquierdas del Partido Socialdemócrata Alemán, Luxemburgo y Parvus, se manifestaron contra los bolcheviques en la cuestión de las reglas del partido, acusándolos de incurrir en tendencias ultracentralistas y blanquistas. En 1905, sobre la cuestión del carácter de la revolución rusa, Luxemburgo y Parvus inventaron el esquema semi-menchevique de la revolución permanente (una versión distorsionada del esquema marxista de la revolución), caracterizado por el repudio menchevique de una alianza entre la clase obrera y el campesinado, oponiéndose al esquema bolchevique de la dictadura revolucionaria del proletariado y el campesinado. Posteriormente, este esquema semi-menchevique fue recogido por Trotski y convertido en un arma de lucha contra el leninismo.

El apoyo bolchevique al movimiento de liberación de las naciones oprimidas y colonizadas sobre la base de la autodeterminación, y la creación de un frente único entre la revolución proletaria en los países avanzados y el movimiento revolucionario de liberación de los pueblos de las colonias y países oprimidos, fue objeto de injurias por parte de los oportunistas de la Segunda Internacional. Por esta línea suya, los bolcheviques fueron tratados como perros rabiosos. Incluso las izquierdas alemanas se opusieron a los bolcheviques en esto. Naturalmente, los bolcheviques, dirigidos por Lenin, criticaron duramente a las izquierdas alemanas por su enfoque; cualquier otro curso de acción habría sido una traición a la clase obrera, una traición a los intereses de la revolución, una traición al comunismo.

El internacionalismo consecuente y plenamente revolucionario de los bolcheviques es un modelo de internacionalismo proletario para los trabajadores de todos los países. La alianza entre el proletariado de los países avanzados y los pueblos oprimidos de los países esclavizados es un requisito para emancipar a los pueblos oprimidos, un requisito para emancipar a las masas trabajadoras de las clases no proletarias de la opresión y explotación del capital financiero.

Así, el bolchevismo no es solo un fenómeno ruso; es “un modelo de táctica para todos” (Lenin).

La importancia internacional de la Revolución de Octubre

En este contexto, cabe destacar los siguientes puntos:

(1) La Revolución de Octubre, a diferencia de todas las revoluciones anteriores (excepto la efímera Comuna de París) no reemplazó simplemente un tipo de explotación por otro. Puso fin a toda explotación;

(2) Causó una brecha en el frente del imperialismo y marcó el comienzo de una nueva era de revoluciones proletarias en los países del imperialismo;

(3) Marcó el comienzo de la era de la democracia soviética y puso fin al parlamentarismo burgués; mostró al mundo que el proletariado no solo puede destruir lo viejo, sino también construir una nueva sociedad, dando así un ejemplo contagioso;

(4) Sacudió la retaguardia del imperialismo al romper las cadenas de la opresión nacional y colonial bajo la bandera del internacionalismo, desatando así una era de revoluciones coloniales;

(5) Antes de la Revolución de Octubre, se suponía que el mundo estaba dividido entre razas inferiores y superiores, entre negros y blancos, según lo cual solo las razas blancas superiores eran las portadoras de la civilización y los gobernantes naturales del mundo. La Revolución de Octubre hizo añicos esta leyenda para siempre.

(6) La Revolución de Octubre hizo peligrar la existencia misma del imperialismo mundial y creó una base poderosa para el movimiento revolucionario mundial. El resultado de la Revolución de Octubre ha sido que el capitalismo nunca recuperará el “equilibrio” y la “estabilidad” que poseía antes de la Revolución de Octubre. La Revolución de Octubre creó un faro que desde entonces ha iluminado el camino de las masas trabajadoras en todas partes.

(7) La Revolución de Octubre fue también una revolución en las mentes, una revolución en la ideología de la clase trabajadora; representó la victoria del marxismo sobre el reformismo, del leninismo sobre el socialdemocratismo. Desde entonces, el único vehículo y baluarte del marxismo ha sido el leninismo.

Así pues, éstos fueron los logros del leninismo y de la Revolución de Octubre, que fueron gravemente dañados por el triunfo del revisionismo jruschovista en el XX Congreso del Partido del PCUS, el cual finalmente condujo al colapso de la otrora grande y gloriosa Unión Soviética, y condujo, aunque sea temporalmente, a la destrucción de la base de la revolución mundial y ha arrojado sobre la vida social y política del proletariado y de los pueblos oprimidos el pesimismo de la reacción desenfrenada.

Al conmemorar el 150 aniversario del nacimiento del gran Lenin, este gigante del pensamiento y la acción revolucionarios, debemos recordar el mandato de Lenin sobre la inevitabilidad y necesidad de romper con el oportunismo y llevar a cabo una lucha despiadada contra él, porque “Los más peligrosos son los que no quieren entender que la lucha contra el imperialismo es una farsa y una patraña a menos que esté inseparablemente ligada a la lucha contra el oportunismo” (‘Prefacio a las ediciones francesa y alemana de El imperialismo, fase superior del capitalismo).

Finalmente, saludamos a los cientos y cientos de millones de masas proletarias y trabajadoras de todo el mundo en el cumpleaños de Lenin, nos unimos a ellas en sus celebraciones de esta gran ocasión y nos comprometemos a reanimar la teoría y la práctica del leninismo y a entregarnos a la causa de derrocar al imperialismo y de acabar con toda explotación mediante la revolución proletaria. Llegará nuestro día y habrá celebraciones en nuestras calles.

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